Visitando Cali, en el Valle del Cauca, me topé con una exposición que llamó mi atención: Objetos de estudio para una república popular demediada, del joven artista Alex Rodríguez. En la sala de exhibición estaban dispuestas una serie de fichas y gráficas pedagógicas que el artista había rescatado de la ruina y del olvido. Fichas que mostraban gráficos y esquemas de ciencias naturales, geografía, matemáticas y otras materias que conformaban el pénsum de la enseñanza media en colegios como aquel de donde el artista recuperó ese material. Un torso humano en cerámica que muestra el interior del cuerpo humano, libros que narran una historia de las transformaciones sociales, así como otros objetos pedagógicos que configuran un mundo donde la enseñanza fue el pilar de una sociedad.

La exposición revela una cierta estética de la pedagogía, pues en efecto existe esta dimensión poética luego que La educación estética del hombre (1794) de Friedrich Schiller cobra un asidero en las propuestas de enseñanza del individuo moderno. El conocimiento es ante todo un conocimiento estético; por lo tanto, se hará énfasis en el aula de clases en la percepción de lo sensible. Todos esos materiales didácticos se convierten en verdaderos vestigios culturales que el artista, con la pasión de un arqueólogo, logra articular en el espacio de exhibición de una manera poco usual. Donde museo y escuela retoman su labor moderna y pedagógica.
El curador de la muestra, Jaime Cerón, dice al respecto: “El interés de Alex Rodríguez por encontrar trazas de la vida dentro de las convenciones que organizan la sociedad, lo ha llevado a involucrar el trabajo de campo como un método constante en su trabajo creativo. Mediante la recolección de imágenes y objetos, la revisión de distintos documentos o la conversación con diferentes actores sociales, él llega a encontrar puntos de vista que estructuran la experiencia vital. Su trabajo creativo vincula procedimientos artísticos que se apoyan en situaciones dadas, como el ensamblaje, la fotografía o el ready-made, que, al estructurarse como bricolajes, traen consigo huellas de los hechos que revisa, porque, aunque están latentes en la superficie de las cosas, no llegan a ser percibidos en ellas en primera instancia”1.
Por supuesto, no podemos dejar de mencionar a Emilio o de la educación (1762) de Jean-Jacques Rousseau, obra mayor que influenció a los utopistas modernos, entre ellos Schiller, que creían que era posible educar al individuo con la idea que el ser ciudadanos era una apuesta importante para el futuro. Esa especie de ciudadanía, tan rara y ajena hoy en los preceptos educativos, era el pilar del proyecto educativo. La obra de Alex Rodríguez muestra esta extraña tensión de un pasado que, apoyado en métodos pedagógicos algo ortodoxos, planteaba un futuro donde el conocimiento general de cada individuo estuviera marcado por la experiencia visual.
Si bien se logró comprobar, por fortuna, que la letra no necesariamente con sangre entra, no se pudo dejar de lado la idea de que todo, absolutamente todo, entra por los ojos2. Esa visualidad en los métodos pedagógicos es exaltada en esta exposición, que se convierte en una especie de reconstrucción simbólica de un monumento ruinoso de la enseñanza moderna, donde utopía y ciudanía van de la mano. Si bien Jacques Rancière, en su obra El maestro ignorante: cinco lecciones sobre la emancipación intelectual (2009), logró demostrar que no existe mejor manera de escapar al embrutecimiento explicativo que la afirmación de reconocer que se es tan ignorante como aquel que aprende, es decir, ponerse a la altura de quien en principio es considerado como un ignorante. Sí, claro, la fórmula socrática de “Solo sé que nada sé” vuelve a resonar aquí con fuerza. Y aquí comenzaría la nostalgia de esa utopía moderna que aún a algunos nos sigue trasnochando.
Resta exaltar este tipo de exposiciones que surgen del programa C como resultado de una alianza entre el Museo La Tertulia de Cali y el Museo de Arte Moderno de Medellín, donde un curador escoge una obra de un artista emergente para ponerla a circular en el exigente medio del arte contemporáneo. Programa por el que han pasado ya artistas como Laura Huertas Millán, Angélica Teuta, Víctor Garcés, Tatyana Zambrano, Román Navas. Gabriel Botero y Henry Palacio. Esta muestra compartía escenarios con la obra de artistas de la talla de Beatriz González y José Horacio Martínez. Da gusto ver que La Tertulia recobra poco a poco su protagonismo en el escenario cultural, y el MAMBO sigue, sin duda, por este camino. Ya era hora en instituciones de tanta trayectoria, luego de las crisis por las que han pasado.
NOTAS
1. Jaime Cerón. Alex Rodríguez: “Objetos de estudio para una república popular demediada”, http://museolatertulia.org/exposicion/alex-rodriguez/
2. Por supuesto, esto suena exagerado, y de ninguna manera pretende dejar de lado esa franja de la población invidente.
RICARDO ARCOS-PALMA
