Exposición Individualsept 2016 - nov 2016· Por Juan José Santos

Sonia Gomes

Mendes Wood DM

Los que parecen ser los restos de un naufragio, unas telas compuestas por retales destrozadas, papeles agujereados, una jaula con extrañas formas adheridas, son en realidad los componentes de la tercera exposición en la galería de São Paulo de la artista Sonia Gomes.

Gomes (Caetanópolis, Brasil, 1948) continúa su indagación acerca de las segundas y terceras vidas de objetos encontrados o donados. Convirtiendo despojos o hallazgos en relatos, en un acto de nigromancia artística que revaloriza lo desechado, para volver a hacerlo, o, acaso, deshacerlo de nuevo. Sus elementos inorgánicos adquieren una presencia orgánica, como las telas que cuelgan del techo, a través no solo de su situación en la sala, como apoderándose del espacio, simulando la detención de un movimiento previo, sino también mediante una narrativa oculta. 

Exposición Individual: Sonia Gomes — imagen 1
Sonia Gomes. Sin título, de la serie Torçoes (Torsiones). Costura, empaste, diferentes telas y cordones sobre alambre. 120 x 84 x 50 cm (47 1/4 x 33 5/64 x 19 11/16 pulgadas). Cortesía: Mendes Wood.

En el caso de los textiles que vuelan como espectros hay que remitirse a su anterior dueño para poder mirarlo de otra manera. Son tres pijamas, que formaban parte de un ajuar de boda, regalados por un amigo, que, tras la decisión familiar de la venta de su casa, abandonó parte de las antiguas pertenencias. Los orígenes de esa familia son humildes, pero los tejidos revelan una preocupación por el lujo en los momentos ceremoniales, una información visible (en los detalles del bordado) e invisible, ya que lo que logra Gomes es trabajar con la materia, pero también con su intrahistoria. Respetando el significado de esa donación –representa el rito religioso de una pareja–, construye, o reconstruye, una historia íntima con un vocabulario artístico.

La artista tiene ascendencia africana. Un dato biográfico que no es accesorio, así como el hecho de que la cultura indígena sea una de sus inspiraciones. Obras como las de Ernesto Neto o del recientemente fallecido Tunga no se pueden entender sin conocer sus orígenes, y la obra de Gomes se torna más accesible una vez conocemos los antecedentes y tenemos un dominio de la cultura brasileira. Solo con estos preceptos podemos dialogar con otra de las obras de esta exposición, Jaula: Gaiola (2016), costuras, amarres, bordados y tejidos que entran-salen, salen-entran, de una jaula de madera. Objetos intervenidos que se transforman en fetiches mágicos, en ritos de iniciación.

En la serie de obras sobre papel, aunque siga la misma lógica que en las anteriores obras, el bordar, tejer y anudar elementos ajenos a una materia predeterminada quedan relegados a un ejercicio más anecdótico, conformando con lo anterior este pequeño muestrario de las reelaboraciones de Sonia Gomes. En este espacio limitado y neutro pierden poder, sobre todo si las comparamos con otros lugares en los que ha expuesto instalaciones similares, como en la pasada Bienal de Venecia. En espacios inusuales, las obras de la artista se realzan, dialogando con la propia historia de la arquitectura y del edificio de forma singular. En un cubo blanco, parecen seres arrancados de sus hábitats.

Se puede alegar que los trabajos de Sonia Gomes son excesivamente dependientes de la historia previa de cada objeto, pero, con relato o sin él, la sugerencia de sus propuestas es atractiva. Sin ese conocimiento profundo son, efectivamente, lo que parecen en un inicio: restos de un naufragio.

JUAN JOSÉ SANTOS

Sonia Gomes, por Juan José Santos | artnexus