Fiel a su voluntad de promover la labor de artistas que discursen sobre temas sensibles de la actualidad latinoamericana, el Art Museum of the Americas (AMA), con el apoyo de Nassau County Museum of Art (NCMA) y de State University of New York-New Paltz, acaba de presentar en Washington, D.C., una exposición retrospectiva del artista uruguayo Rimer Cardillo, curada por Karl E. Willers.
A Journey to Ombú Bellaumbra remite inicialmente al vocablo guaraní con el que se denomina un árbol fuerte, resistente, de amplia sombra, con la que protege a animales y personas. Este primer acercamiento, básicamente semántico, traza uno de los caminos por los que ha transitado Rimer Cardillo: el de un llamado de atención sobre la preservación del medioambiente y los recursos naturales. Pero hacer un análisis que centre los objetivos de sus reflexiones en temas solamente ecológicos sería acercarse a su trabajo de manera epidérmica y periférica. La naturaleza se convierte en una excusa para hacer un discurso profundo sobre la trascendencia de los pequeños detalles, llenos de vida, que pasan a veces desapercibidos ante nuestros ojos. Toda la exposición es una gran metáfora de la vida, su capacidad de generarse en segundos, transcurrir y acabar. Es un llamado de atención sobre las maneras en que agredimos lo que nos rodea, imponiendo nuestra fuerza y voluntad, y lacerando un espacio común que todos deberíamos proteger.

Cardillo, que nació en Montevideo (Uruguay) en 1944 y vive en Estados Unidos desde 1979, es ampliamente reconocido por su trabajo dentro de las artes gráficas latinoamericanas, donde ha destacado desde que inició su trabajo a principios de la década del setenta. En esta muestra, la huella del grabado puede percibirse en cada una de las obras, pero no solo como parte del proceso de producción, sino como un elemento conceptual imprescindible para entender y definir su propuesta. La característica más importante, que unifica a la mayoría de las piezas en esta exposición es la “creación” de matrices que no son intervenidas ni elaboradas por el artista con técnicas gráficas tradicionales, sino que son “encontradas” en un proceso de selectividad aparentemente azaroso. De este modo, un viaje, un paseo corto, los alrededores de su estudio, se convierten en fuentes de materia prima para la elaboración de las obras. Animales que mueren en las carreteras o son víctimas de depredadores o del propio hombre, plantas que caen abatidas por las inclemencias naturales, son tomados por el artista e inmortalizados en especies de monotipias, metáforas de la intensidad del dolor y la pérdida. La técnica gráfica es usada como un espacio para perpetuar un momento único, irrepetible y no apto para ser multiplicado.
Una de las piezas centrales de la exposición es Cupí, instalación que impone su presencia en el medio de un salón, rodeada por Birds of Clay, Oil and Ashes. Cupí fue exhibida en el 2005 en la 26 Bienal de Artes Gráficas de Liubliana y es una figura que recuerda a los conos que realizan las hormigas, o las estructuras con las que los indígenas suramericanos celebran ceremonias rituales. Realizada con miles de hojas de papel hecho a mano, en donde se imprimieron pájaros muertos, su apariencia es de una ligereza, delicadeza y fragilidad que se contraponen a la idea esencial de poder que transmite. En Birds of Clay, Oil and Ashes, una galería de pájaros muertos al chocar con las paredes de vidrio del estudio del artista es reproducida utilizando diferentes técnicas de impresión y elementos como petróleo, cenizas, aceite, arcilla; materiales con los que el artista identifica nuestra época. Las dos piezas se exhiben en un diálogo marcado por la fragilidad del poder, en un mundo contemporáneo en donde el espectador se convierte en juez, y a la vez actor, en medio de realidades creadas por las circunstancias sobre las que Cardillo llama la atención.
Barred Owls, realizada entre el 2007 y 2008, utiliza nuevamente la poderosa y recurrente imagen de aves que llegan al entorno del artista y mueren. Un registro fotográfico minucioso del tiempo en que el ave está agonizando, después de infructuosos intentos por devolverla a la vida, es colocado en una caja de luz que acentúa el dramatismo del acto de morir y la belleza que puede traer consigo. La naturaleza vuelve a protagonizar el discurso sobre el carácter volátil de la existencia.
En esta retrospectiva destacan también las piezas de la serie Sublime Jewelry (1977-1981) y Reliquary with Ten Boxes (1974-1975 y 1978-1979). En los años de la dictadura militar en Uruguay, el artista se refugió en el dibujo y el desarrollo de técnicas de grabado en metal. El resultado: una serie de obras íntimas de una belleza poética y visceral; un viaje silencioso, un recorrido por el espacio de su “inventario privado” de mariposas, insectos de todo tipo, relicarios personales que lo ayudaron a sobrevivir, como antídoto perfecto en medio de momentos de terror y muerte.
VALIA GARZÓN DÍAZ
