Ochenta años del Grupo Santa Helena en Pro Arte

Alfredo Volpi. Rua deltanhaém (Calle de Itanhaém), início de la década de 1940. Óleo sobre tela. 45.7 x 64.5 cm (17 63/64 x 25 25/64 pulgadas).

Colectivasept 2016 - nov 2016· Por Lisbeth Rebollo

Ochenta años del Grupo Santa Helena en Pro Arte

Galería Pro Arte

En los meses de mayo y junio pasados, la Galería Pro Arte presentó al público una exposición conmemorativa de los ochenta años del Grupo Santa Helena, con curaduría de Enock Sacramento, crítico de arte y periodista. Fue exhibido un conjunto de siete trabajos de cada uno de los artistas componentes del grupo, que ofreció al público un perfil de su producción de la época y posterior. El Grupo Santa Helena se formó en 1935 en São Paulo, con ocho artistas plásticos que iniciaban sus trayectorias rechazando la enseñanza académica, apoyados en la creencia de que era necesario pintar con libertad de investigación y apertura hacia el arte moderno. Habían adquirido formación en pintura en escuelas profesionalizantes o incluso en la Escuela de Bellas Artes, y sentían la necesidad de avanzar en la investigación del lenguaje plástico.

La designación del grupo vino del edificio en donde tenían sus talleres, el edificio Santa Helena –en la Praça da Sé (Plaza de la Catedral), en el centro de la ciudad de São Paulo, una de las obras más bellas y mayores de la ciudad de entonces–, construido en 1925 por el empresario Manoel Joaquim de Albuquerque Lins y demolido al inicio de los años 1970 para la construcción del metro.

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Aldo Bonadei. Paisagem (Paisaje), 1946. Óleo sobre tela. 50 x 65 cm (19 11/16 x 25 19/32 pulgadas).

En las dos salas arrendadas (la 231 y la 233), el trabajo motivaba a estos artistas al trueque de información y técnica de pintura. Eran ellos: Aldo Bonadei, Clovis Graciano, Francisco Rebolo Gonsales, Fúlvio Pennacchi, Humberto Rosa, Manoel Martins, Alfredo Rullo Rizzotti y Alfredo Volpi. La solidaridad fortaleció las amistades y el sentido de compañerismo entre ellos, y, con el tiempo, los dos talleres se tornaron punto de referencia de artistas e intelectuales. 

La producción de esos artistas refleja aspectos de lo cotidiano, que se dedica tanto a las escenas urbanas y paisajes como a personajes, naturalezas muertas, retratos, marinas, desnudos y composiciones.

Casi todos vivían de profesiones artesanales, generalmente ligadas al uso del color y al diseño. Eran pintores de pared, decoradores de interiores, especialistas en la ejecución de frisos; calígrafos; uno de ellos era orfebre.

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Clovis Graciano. Vaco com flores (Vaso con flores), década de 1940. Óleo sobre tela. 72 x 90 cm (28 11/32 x 35 7/16 pulgadas).

Sin duda, realizaron conscientemente una pintura con énfasis en la investigación plástica, en la observación de la técnica pictórica, siempre fuera de los patrones académicos entonces dominantes. Al empeñarse en el dominio del dibujo libre rechazaban la orientación de los profesores y preferían organizar sus propias sesiones de trabajo con modelos vivos, cuya remuneración se dividían. La búsqueda de la seguridad técnica se reveló, claramente, con la pintura al aire libre, cuando iban a zonas suburbanas de São Paulo, a otras ciudades del interior de este estado brasilero y al litoral para realizar su trabajo. Con esa práctica de investigación, y libres de los patrones que predominaban en la academia, fueron conocidos como los creadores de una pintura paulista.

Se trataba de un grupo de artistas descendientes de inmigrantes italianos o españoles, o nacidos en Italia y emigrados a Brasil.

Esos jóvenes artistas –Rebolo, Zanini, Volpi, Graciano, Bonadei, Pennacchi, Rizzotti, Martins y Rosa–, a diferencia de los primeros modernistas brasileros, introductores de la modernidad artística en la escena cultural, a partir de la Semana de Arte Moderno de 1922, no pertenecían a la clase media alta de la sociedad brasilera. Esos artistas, al contrario, eran obreros o pertenecían a la clase media baja, sin oportunidad para la mayoría de estudiar arte en Europa, como los modernistas surgidos en el decenio de 1920. Tal vez esa fuera una razón que los motivaba tanto en la búsqueda del dominio de la técnica en la pintura.

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Manoel Martíns. Parque de diversões (Parque de diversiones), 1943. Óleo sobre tela. 78.5 x 111 cm (30 29/32 x 43 45/64 pulgadas).

Pronto, su obra llamó la atención de los intelectuales importantes de la época. Mario de Andrade trató sobre ellos en el texto Esta paulista familia y en el Ensayo sobre Clovis Graciano. En los años cuarenta fueron estudiados por Sérgio Milliet y otros críticos, pasando a figurar en forma significativa en el escenario artístico, vistos como un nuevo dato de identidad brasilera.

Importante crítico del grupo Santa Helena fue también Paulo Mendes de Almeida, quien escribió sobre ellos en la gran prensa brasilera y los estudió en su libro De Anita al Museo, publicado en el decenio de 1960, y los acompañó a lo largo del tiempo con críticas y ensayos.

Las preocupaciones estéticas asumieron diferentes direcciones en cada uno de esos pintores, después de la disolución del grupo al final de los años cuarenta. Pero todos conservaron las marcas de la experiencia y la convivencia en el Santa Helena. Sin embargo, durante los casi quince años en los que estuvieron juntos, nunca realizaron exposiciones como un grupo aislado, con la totalidad de sus miembros; se presentaron en muchas ocasiones en exposiciones colectivas y Salones que abrían sus puertas al arte moderno, oportunidades en las que se revisaba la contribución del grupo al arte brasilero.

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Flavio Pennacchi. Soltando balão (Elevando el globo), 1947. Óleo sobre cartón. 38 x 46 cm (14 61/64 x 18 7/64 pulgadas).

El Grupo Santa Helena ha venido siendo objeto de atención y relevancia histórica desde hace varias décadas. Los artistas que lo integraban han sido tema de tesis académicas y muestras retrospectivas. Después de su disolución se realizaron muchas exposiciones a lo largo del tiempo, con la publicación de importantes catálogos.

La exposición de registro de los ochenta años de su surgimiento, en la Galería Pro Arte, evidencia una vez más el papel que esos artistas desempeñaron en la historia del arte brasilero, al que legaron una producción inestimable, hoy plenamente consolidada en importantes colecciones públicas y privadas.

Vale observar, brevemente, algunos datos fundamentales que marcaron la trayectoria de cada uno de los artistas:

Aldo Bonadei desarrolló una ininterrumpida trayectoria artística por más de medio siglo, marcada por la investigación de materiales, soportes y lenguaje plástico. Cuando joven, viajó a Italia y se radicó en Florencia, en donde estudió Arte. Tuvo una importante fase abstracta, y produjo después en sus composiciones un intenso diálogo entre la figuración y la abstracción.

Alfredo Rizzotti realizó parte de su formación en Italia, en su juventud. Además de la pintura produjo murales y se dedicó al dibujo. Interrumpió por largo tiempo su producción pictórica, debido a problemas de salud.

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Francisco Rebola. Lenhadores (Leñadores), 1950. Óleo sobre tela. 61 x 50 cm (24 1/64 x 19 11/16 pulgadas).

Alfredo Volpi era italiano de nacimiento. Se desempeñó como pintor desde la década de 1910, absorbiendo, inicialmente, aspectos de la estética impresionista. Después de la época del Grupo, al final de los años cuarenta se aproximó a los artistas y poetas concretistas, desarrollando una pintura que absorbió la impronta constructiva. Fue reconocido por sus fases de “fachadas” y de “banderitas”. Se dedicó a la pintura por más de siete décadas.

Clóvis Graciano se destacó como pintor, dibujante y muralista. Privilegió la figura humana en su trabajo, al lado de la naturaleza muerta y de las flores. Realizó innumerables paneles en edificios públicos y particulares. Además de ilustrar periódicos y libros, fue escenógrafo y figurinista. Vivió durante dos años en Francia, gracias al Premio de Viaje al Exterior del Salón Nacional de Arte Moderno.

Fúlvio Pennacchi era italiano de nacimiento; inició en su país de origen su formación como pintor. Se radicó en Brasil en 1929. Una parte de su obra revela su interés por la pintura renacentista. Desarrolló temática religiosa, pero se dedicó mucho al registro del paisaje y de las fiestas y escenas populares brasileras. Además de pintor fue dibujante, realizó paneles y se dedicó igualmente a la cerámica.

Francisco Rebolo, descendiente de españoles, es reconocido como el aglutinador del Grupo (fue en su atelier en donde se inició la formación del Grupo). Fue también jugador de futbol y creador del emblema del Corinthians, equipo de fútbol de gran popularidad en Brasil. Desarrolló su carrera por 45 años como pintor, siendo considerado como uno de los más expresivos paisajistas de su época. Se dedicó también al dibujo, al grabado, y realizó paneles. Con el Premio de Viaje al Exterior vivió durante dos años en Europa, donde produjo pintura y estudió arte, incluso en el Vaticano.

Humberto Rosa fue profesor de Dibujo en la escuela pública, además de dibujante y pintor. El paisaje y la figura humana fueron los temas de su predilección, pero buena parte de su obra se perdió, infelizmente, después de su temprano fallecimiento.

Manoel Martins se dedicó al grabado y fue ilustrador, además de dedicarse a la pintura. Su obra se aproximó al expresionismo y fue marcada por un definido cuño social en la temática.

Mário Zanini fue pintor, dibujante y artista de azulejos, y se dedicó también a la cerámica y al grabado. Realizó murales en edificios y se destacó como paisajista, y desarrolló una importante fase abstracta en su obra.

Para finalizar, un hecho interesante puede ser destacado: el papel que, últimamente, vienen cumpliendo las galerías de arte en Brasil, dedicándose a la organización de eventos que rescatan la contribución histórica de artistas y grupos, en exposiciones de perfil retrospectivo, con fuerte acento museológico.

LISBETH REBOLLO GONÇALVES

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