Exposición Individualsept 2016 - nov 2016· Por Ricardo Arcos Palma

Mario Opazo y Ramón Uribe

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Se inauguró en Bogotá una importante muestra, con la participación de dos artistas que decidieron exponer unas obras surgidas del diálogo establecido entre ambos, a partir del taller que implementaron en la Universidad Nacional de Colombia, donde son docentes. En la exposición hay un trabajo conjunto en el que ambos deciden superponer una serie de conceptos y formas que van del trabajo personal hasta el colaborativo: dibujo y escultura construyen una gran instalación donde la reflexión es el nudo de la creación.

Exposición Individual: Mario Opazo y Ramón Uribe — imagen 1
Ramon Uribe. Detalle Condición Natural, 1992. Instalación: madera y cemento. 3 x 0.97 x 3.45 mts. (118 7⁄64 x 38 3/16 x 135 53/64 pulgadas). Cortesía: Mario Opazo y Ramon Uribe.

Existen varios puntos en común entre estos dos artistas: uno de ellos es el hecho de que surgieron en la década de los noventa con mucha fuerza dentro del campo de la escultura expandida e instalada, explorando materiales que por sí mismos eran significativos. Si bien Mario Opazo ha seguido un trabajo ininterrumpido desde entonces, que lo ha llevado a un reconocimiento internacional incuestionable, Ramón Uribe, de una manera casi duchampiana, se silenció del medio del arte, sin dejar de trabajar arduamente. Y es ahora que nos sorprende en este diálogo, donde ambos lograron poner de nuevo en el terreno de la representación y la presentación lo mejor, a mi juicio, del arte contemporáneo; pues entre tanta obra pésima, pantallera (de los nuevos medios, que ya no son tan nuevos), y ese giro inusitado del arte de corte ecológico, donde vemos maticas por todos lados, hacía falta en el medio local una obra como esta, que vuelve a problematizar el uso acertado de los materiales con significación y fuerza conceptual.

Como decía al inicio, esta exposición debe conectarse con procesos colaborativos de creación y pedagogía, y al respecto Ramón Uribe nos dice: “Nos gusta ‘construir’ desde otra perspectiva, con un ánimo pedagógico; se trata de una experimentación que nos permite incorporar dinámicas innovadoras en las prácticas de los procesos de creación”. En este sentido, la muestra es una obra en construcción permanente, que por cierto se destruye; es el caso de una de las piezas elaboradas por Opazo, que fue deshecha al final de la exposición. Obras en proceso donde el resultado final está lejos de preverse.

Maderas, cera, cemento, mármol, crean formas donde letras y signos configuran ese lenguaje particular en principio difícil de asir porque nos remite a la idea de que las obras se forman constantemente. Y sí, son las formas lo que es más relevante en este terreno de creación: existe un juego formal para nada banal que agudiza la experiencia estética.

De manera que Opazo y Uribe intercambiaron materiales que se iban reconfigurando a partir del imaginario personal, respetando lo introducido por el otro. De tiempo en tiempo, cada uno se llevaba el material propuesto por el otro, de manera que podían intercambiar cada uno de los momentos de creación y contribuir así a uno más complejo.

El espacio parece haberse compuesto como una melodía, donde las piezas en su mayoría de madera creaban un recorrido en el que nosotros, espectadores, no podíamos sino tratar de entender tal melodía. El resultado no podía ser mejor, sobre todo en circunstancias que son cada vez más complejas frente a la percepción de la obra. ¿Cómo hacer para ver las cosas de manera diferente?, parece ser una de las preguntas que surgen de esta experiencia estética. Nada más alentador que abordar una obra realizada a cuatro manos y dos cabezas, en momentos en los que la individualidad parece prevalecer en el espacio de la creación contemporánea.

Resta seguir el resultado de esta experiencia, que se renovará en próximos meses en un nuevo espacio, donde la obra seguirá su curso; y desde aquí se plantea el reto de ver una exposición que por el momento se modifica, se transforma y sigue su ritmo evolutivo o quizá involutivo sin parar. Creo, sin temor a equivocarme, que esta experiencia creativa pone en cuestión los modelos de producción y de exhibición; hecho muy relacionado con la idea que Nicolas Bourriaud ya había enunciado sobre la posproducción, que afecta, como dijimos, los modelos canónicos de la visibilización y exhibición, y, por supuesto, circulación de la obra.

Mario Opazo y Ramón Uribe crean entonces un escenario donde incluso la idea que tenemos de la obra de arte, acabada, terminada, es cuestionada en esencia. Lo inacabado como una característica fundamental de la existencia humana es aquí valorizado y exaltado, insistiendo sin duda en que, más que una carencia, es una virtud. Hay algo de margen y marginal en esta aventura poética, y como nos recuerda Derrida, en el margen es donde sucede lo insospechado, lo inesperado, lo que aún nos sorprende. Y ahí radica o debería radicar la fuerza de toda obra de arte: en la capacidad de sorprendernos y conmovernos; este es el caso de Translapo(e).

RICARDO ARCOS-PALMA

Mario Opazo y Ramón Uribe, por Ricardo Arcos Palma | artnexus