El trabajo de Leyla Cárdenas investiga sobre la memoria de los lugares y su (re)construcción. La exposición Indagaciones cronotópicas –que se mostró en la Galería Max Estrella– revela a través de su título el interés por la huella, el tiempo y el espacio.
La exposición comienza con la obra Indagación ilustrada, una tela bordada que reza: "La Ilustración española y americana”, sobre unos edificios que remiten al siglo XVIII, el neoclasicismo y la construcción de la Modernidad tanto en Occidente como en las colonias. El lenguaje del bordado imita la estructura de la portada de un periódico o de un documento oficial. En la parte inferior, los edificios se deshilan, se destejen y caen revelando el material y la técnica de la pieza. Esa es una de las ideas claves de la exposición: la íntima relación entre materia, técnica e imagen; las estrategias para subvertir el orden establecido entre primacía de la imagen y una técnica (escondida) que la haga posible. En las piezas de Cárdenas, el proceso constructivo, el ícono y la materia están en el mismo plano. No hay jerarquías, ni políticas ni artísticas.

Aunque la propuesta estética va más allá, resulta inevitable no hacer una lectura poscolonial de la muestra. Las referencias a los mapas, cierta arquitectura oficial y la investigación sobre la arqueología de los espacios nos llevan a una reflexión sobre la Historia con mayúsculas y sus mecanismos de difusión. El lenguaje aparentemente universal de la arquitectura clásica es uno de ellos. La cartografía, con un determinado punto de vista y un afán de “control” sobre un territorio por explorar, otro.
La hermosa serie Indagaciones reproduce formas cartográficas encapsuladas en resina. El material, aparentemente de desecho, dibuja entrantes y salientes que recuerdan los límites de un mapa y, por qué no, sus formas caprichosas, como si correspondieran realmente a una realidad objetiva y tangible. Las fronteras son confusas, porque los mapas están congelados en vitrinas de resina que los descontextualizan. Sabemos que cualquier representación cartográfica está definida por relaciones y por contextos. Al aislarla del “otro”, se pierde la referencia, con lo que las líneas dibujan trazos puramente estéticos.
La obra Desenvolvimiento está formada por una serie de piezas restantes de un objeto encontrado. Con una disposición espacial casi minimalista, la instalación sin embargo alude, más que a la producción en serie, a los desechos que de ella surgen. Una suerte de arqueología formal que investiga a partir de las propias capas de materia. A través de la fragilidad, el material se hace resistente, precisamente por la disposición en red.
Una operación similar se despliega en la obra Extractos de permutación. A través de fotografías montadas sobre papel, distintos fragmentos de edificios se yuxtaponen de manera alborotada, consiguiendo, curiosamente, cierta armonía en ese desorden. Hay un análisis muy interesante sobre las ruinas y cómo estas construyen finalmente el espacio, la memoria y la arquitectura. También una reflexión sobre la imagen como superficie, y que en conjunto construye un volumen. Las distintas capas, los arcos, las fotografías de capiteles clásicos, todo ello se presenta a modo de excavación que va revelando la superficie.
En la magnífica Permutaciones vemos una propuesta parecida. A partir de distintos fragmentos de escombros a los que se ha adherido un trozo de fotografía, se dispone esta vez de manera horizontal toda una línea que se desarrolla a lo largo. Es como si estuviéramos viendo el friso de un edificio clásico –en el que vemos volutas, ménsulas, roleos, rejas, ladrillos, columnas, motivos vegetales y geométricos– pero desde sus distintas capas y desde la propia memoria constructiva.
Con otra técnica distinta, la instalación Indagación consta de tres capas de malla en las que se ha impreso la imagen de un edificio. A través de las distintas superposiciones, obtenemos la imagen completa de la estructura, que se compone una vez más de visiones desplegadas en el espacio, buscando una materialidad física. En el dibujo aparecen también las ruinas invisibles del edificio; aquellos restos que permanecen subterráneos y que sin embargo conservan toda la memoria de lo que ha sucedido. Un palimpsesto para explicar que las ruinas son también una forma de resistencia.
Todo ello se sintetiza en Contained entropy, dos piezas que combinan fotografías sobre escombros y acero. Las imágenes se derriten, y, sin embargo, lo que permanece es la estructura, la ruina y el material de desecho.
Al fondo de la galería, en un espacio que se suele dedicar a proyectos site-specific cuando el montaje así lo requiere, nos espera Dibujo removido (Madrid), una composición trazada sobre el muro y de la que caen de manera intencionada trozos de yeso por el suelo. La arquitectura es lo que vemos, pero también, lo que ha sido, y lo que no volverá a ser.
ANA FOLGUERA
