El Centro Cultural B.O.D. presenta los últimos trabajos de Julio Pacheco Rivas, bajo el título El color del cristal; la muestra resume las búsquedas que, en torno a la representación del espacio, ha llevado a cabo el artista durante años de investigación continua. Un total de veinticinco piezas, de diferentes formatos, disciplina y técnicas, conforman esta selección, que trasciende los límites formales para integrarse al área circundante. Y es que, a excepción de dos obras, estas creaciones, realizadas entre enero y marzo del año en curso, fueron concebidas especialmente para esta sala expositiva. De ahí que la lectura fluya de manera natural, tanto por la coherencia temática de las obras como por su disposición museográfica. Todo el conjunto parece formar una gran retícula, un tejido de tramas y urdimbres que dinamiza el entorno. El recorrido se inicia con la instalación Neoglifos, de 2012, comparables a ciertas formas isométricas que generan enigmáticas asociaciones. El visitante intenta completar la imagen al bosquejar, mentalmente, las líneas direccionadas sobre la pared, una suerte de acertijo geométrico que admite múltiples relaciones. Gótico es un lienzo de 2013 que evidencia, desde un ángulo específico, la expresión gráfica de la perspectiva sobre el plano, cuyos elementos son desglosados a lo largo de la exposición a través de distintos planteamientos plásticos. Nos referimos aquí al desplazamiento del horizonte, a los puntos de fuga, a la proyección de las sombras, a la simetría, la dicotomía, las degradaciones y los contrastes de color y de relieves, ampliamente estudiados por el autor para la formulación de su propuesta.

Pacheco Rivas desdibuja las fronteras entre lo óptico y lo ilusorio, lo palpable y lo sugerido, lo verdadero y lo engañoso, con el fin de dirigir la atención hacia esa zona intermedia que discurre entre el mundo objetual y el fenómeno sensorial. A pesar de la exactitud constructiva con la cual elabora su lenguaje, él explora otros aspectos que enriquecen la experiencia estética; de ahí que la ambigüedad, la transparencia, la transitoriedad y la virtualidad le otorgan ese rasgo ficticio tan característico de las artes visuales. En A través logra conjugar plano y volumen, dado no sólo por el cuadrante que sobresale de la base sino por el enlace de tonalidades claras y oscuras que propician una sensación de lejanía y acercamiento, una especie de movilidad óptica que obliga a enfocar la mirada. Dentro de la dialéctica visual-virtual el espectador intenta establecer parámetros entre lo material y lo perceptivo, entre los llenos y los vacíos, un juego de contradicciones que alerta los sentidos e inquieta al observador. Este es el caso del díptico El color del cristal, una pieza monumental, no por sus dimensiones, sino por la elocuencia de su discurso, un compendio de encuadres iluminados u opacados que denotan yuxtaposiciones especulares, ámbitos que se reflejan y espacios que se multiplican sobre el soporte, lo que coloca al individuo ante la disyuntiva de no saber si está frente a un espejo, una ventana o una superficie acuosa. “Precisamente –señala Susana Benko, curadora de la muestra– por la lectura ambivalente y reversible de las imágenes es que persiste –y se acentúa– en las obras recientes cierto grado de inestabilidad. La realidad, incluso la creada racionalmente, pierde objetividad desde el momento en que un mismo objeto se lee y se interpreta de distintas maneras. La percepción visual de las formas se vuelve incierta, lo que confirma la condición relativa de muchas de estas imágenes [...]”.
Lo que está a la vista es otra composición protagónica, una instalación pictórica que abarca el paredón central, con 4,45 metros de alto por 5,80 de ancho. Visto a la distancia, este mural se mimetiza con el perímetro arquitectónico y adquiere la connotación de una revelación que simula la estructura interna de la edificación. En Tallada I y II se pone de manifiesto la indeterminación entre lo bidimensional y lo tridimensional. El entramado se extiende sobre el piso semejante a una sombra, que, según el artista, es “como un desdoblamiento de la forma, una proyección, una simetría lanzada por la luz”. Mediante la superposición de rectas construye una especie de andamios negros que destacan sobre la claridad del fondo que las sostiene. Así se advierte en En detalle I, II y en In extenso. Caso contrario es Positivo/Negativo, de la serie Con el agua al cuello, donde la silueta de un cubo blanco se repite consecutivamente sobre la pared del mismo tono, lo que origina sutiles choques lumínicos que pasan de lo oculto a lo visible. Pero la idea de transitoriedad adquiere mayor presencia en los videos titulados Discursos paralelos y Boing!, cuya animación hace referencia al tiempo en que transcurre la alteración de la imagen, donde lo cambiante y lo permanente aluden a un principio generador que da impulso tanto a la vida como al arte.
GLADYS YUNES YUNES
