Los límites de la ciudad son espacios en donde lo urbano se transforma paulatinamente en campo, ya sea por su cercanía a la montaña, al río o al monte; un lugar intermedio en el que los modos rurales se agitan con los metropolitanos y cada ciudad tiene estas zonas grises de paisaje híbrido. La periferia es un espacio fluctuante y sin una delimitación exacta, es un área que no es urbana ni rural (o es ambas), en la cual sus habitantes se relacionan de manera particular con lo natural. En estos lugares constantemente todo se mueve, elementos que hablan de las transformaciones arquitectónicas y del paisaje entran y salen de la ciudad, como por ejemplo el río que la atraviesa (que en ocasiones se convierte en caño) o los escombros que son expulsados (las ruinas de edificios demolidos).

Construcciones y Deconstrucciones de Juan Pablo Romero (Bogotá, 1992), en Casa Proartes, es una serie de instalaciones en videoescultura que componen objetos heterogéneos basados en arquitecturas periféricas y paisajes devorados por lo urbano.
El día de la inauguración, Romero realizó una acción llamada Muro (escultura, video y acción, 2016), en la que con una porra destruyó unas láminas de cemento ubicadas entre la pared y la proyección de un video que mostraba el movimiento de las nubes en el cielo. La sombra producida por las láminas evocaba la silueta de una cordillera que era destruida o reconfigurada por el artista, cuya sombra también se veía agigantada contra este cielo. Al cincelar el cemento el artista puso en escena el trabajo del escultor que modela la piedra cruda para “encontrar” una estructura humanizada o artificial; sin embargo en las obras de Romero el proceso es un poco al revés, ya que parte de un armazón fabricado con el fin de intuir o evidenciar un origen natural. Así mismo, en las obras Buscando paisajes (video, 2013) y Horizontes (fotografía, 2016), los escombros, basuras y ruinas hacen las veces de colinas por las que el artista asciende con una dificultad producida por la inestabilidad del detritus. En el video de Buscando paisajes, Juan Pablo Romero atraviesa la pantalla de lado a lado, y en las fotografías de Horizonte, la silueta de los escombros subraya su condición de línea, generando una sensación de bidimensionalidad.
Romero es un artista bogotano que ha hecho sus observaciones en los barrios de ladera de Cali y de la capital, áreas fronterizas que le hicieron plantear un aspecto interesante, y es que estas urbanizaciones de montaña contienen unas vistas hermosas; desde allí se contemplan el cielo y la ciudad en su esplendor, son miradores. En este sentido, el artista está interesado en la imagen y la estructura formal de los objetos que se mezclan o que conviven en medio de sus propias paradojas: la casa que se establece y el cielo que fluye, por ejemplo. El resultado es una reflexión sobre la propiedad (establecimiento) y lo natural (las nubes que circulan), y este juego de ejes es evidente en obras como Estanque (escultura, videoproyección y audio, 2016) o Puerta (escultura, videoproyección y audio, 2016), la primera de ellas un pozo de ladrillo en el que se proyecta en su interior el fluir de un río (grabado desde el fondo del río hacia arriba, por lo que no se produce reflejo de la cámara y se ve nítidamente el paisaje), y Puerta es un marco o umbral tapizado en el que se proyectan otra vez el cielo y sus nubes. En ambas obras el artista configura unos bordes concretos para el paisaje.
Evocador de paisajes (escultura y video, 2014) es una serie de pequeñas cajas en ladrillo de maqueta, fijado con cemento, que se cierran sobre la pared y que dejan un huequito por el cual las personas se asoman para ver su interior. En el interior se ve una pantalla que hace las veces de ventana y que muestra el cielo. Cuando el espectador fisgonea se da cuenta de que la ventana le construye una vista que intenta ser sublime pero que está mediada por un mecanismo de alejamiento: en la sala de exposiciones están las cajitas, en las cajitas una ventana (falsa), y por la ventana se puede ver el firmamento. Quizá es un juego de enmarcar varias veces la mirada para disponer de una distancia.
Los señalamientos de la obra de Romero están dirigidos a los momentos “medios” de un proceso de transformación o crecimiento. Constantemente los bordes son excedidos por sus elementos y se hace necesaria una reconfiguración. El paisaje y la arquitectura mutan. No hay un estado de equilibrio para siempre y las obras del artista rompen bruscamente esta percepción de quietud o de privacidad, ya que, si bien la naturaleza se mueve, el hombre también construye y derriba, para luego volver a construir. Un detalle interesante es que desde el colegio se nos enseña la diferencia entre lo urbano y lo rural; de hecho, ese era el primer tema de “Sociales” cuando estuve en la primaria, y la obra de Romero se enfoca en las zonas grises de esta relación.
BREYNER HUERTAS
