El artista uruguayo José Gurvich (Lituania, 1927-Nueva York, 1974) fue un asiduo participante del Taller Torres García (TTG) de Montevideo desde 1944, e intervino en exposiciones, publicaciones, actividades colectivas y realizó un peculiar aporte a la docencia de dicho Taller hasta su disolución, en 1964. Viajó a Israel y Europa entre 1954 y 1956, y se radicó más tarde en el Cerro de Montevideo, donde instaló su taller, que pasó a ser una fuente de vivencias y de fantasías que marcaron una época tanto de su pintura como de su producción de piezas de cerámica. A partir de 1969 vuelve a viajar a Israel finalizando su periplo en Nueva York, donde fallece. La calidad y diversidad de la abundante obra que logró realizar en un lapso de treinta años permiten considerarlo entre los principales artistas uruguayos del siglo XX y como uno de los más conspicuos representantes de la Escuela del Sur.

La inauguración del Museo Gurvich de Montevideo tuvo lugar en octubre de 2005 sobre la base del acervo familiar del artista, previa constitución de la Fundación José Gurvich, mediante el singular esfuerzo de su mujer, Julia Añorga (“Totó” Gurvich), y de su hijo Martín. En Uruguay, aparte del que estamos considerando, hay solamente tres museos monográficos de artistas relevantes del siglo XX: el Museo Luis A. Solari, fundado en 1989; el Museo Torres García, refundado en 1990 después de veinticinco años de clausura, y el Museo Pedro Figari, inaugurado en 2010. De ellos, el primero y el último son estatales. La gestión no estatal de un museo de autor, como es el caso del Museo Gurvich, se dificulta en un país con escasa presencia de sectores empresariales privados comprometidos con iniciativas culturales. De ahí que el logro de una sede propia abierta al público en noviembre de 2015 haya sido un excepcional acontecimiento que otorgó a la imagen del Museo Gurvich una renovada y promisoria proyección nacional e internacional.
Esta sede se encuentra ubicada en un predio sobre Peatonal Sarandí, calle que en el Novecientos fue lugar de encuentro de los sectores sociales protagonistas de la Belle Époque montevideana. Hoy es un paseo peatonal de alta concurrencia sobre el que se han instalado servicios de bar y restaurantes, instituciones culturales, locales comerciales y centros financieros, con una notable presencia de edificios antiguos y patrimoniales, presididos por la Catedral Metropolitana de Montevideo (construida hacia 1800, con posteriores reformas en el siglo XIX), cuya fachada lateral se extiende a los frentes del Museo Gurvich.

La construcción existente en el predio de este museo data de 1850, con estructura de madera, parcialmente reformada en 1940. En 2012 la propiedad fue adquirida por Martín Gurvich y comenzó el proyecto arquitectónico del museo, a cargo de los arquitectos Rafael Lorente y Fernando Giordano. Lorente posee una larga y destacada trayectoria como arquitecto y artista plástico y es autor de importantes trabajos relativamente recientes como el Liceo Francés, el Centro Cultural de España y el Centro Cultural de México. La obra del Museo Gurvich deja a la vista la historia constructiva del lugar, con partes donde se advierte la presencia de maderas de la construcción original; otras donde se mantiene visible el hormigón utilizado en 1940, y otras donde resalta la textura de los primitivos paramentos de ladrillo, todos fragmentos de una historia puesta a dialogar con el nuevo contexto de vidrio y metal dominante en escaleras, barandas, elevador y demás dispositivos que otorgan un hálito de actualidad a esa atmósfera respetuosa del tiempo guardado en la entraña de los antiguos materiales.
La arquitectura del museo es doblemente tributaria del TTG. En primer lugar, por el principio de verdad que gobierna la articulación de los espacios y la manera como los materiales utilizados en elementos estructurales se hacen deliberadamente visibles, un asunto de índole ética muy propio de la doctrina torresgarciana. En segundo lugar, por el hecho de que el arquitecto Lorente fue discípulo directo de José Gurvich y proyectó el acondicionamiento de la casa-taller de este artista en el Cerro de Montevideo hacia 1960. Tales coincidencias solo podían dar lugar a una profunda compatibilidad de sensibilidades entre la obra exhibida en el museo y el continente arquitectónico en el que ella se inscribe, concebido para un tránsito introvertido, atento a las piezas expuestas y a sus diálogos con el espacio interior y con las distintas superficies de apoyo, pero brindando al mismo tiempo la posibilidad de sorpresivas aperturas hacia el espacio exterior, hacia referentes urbanos como la cúpula catedralicia, cuya monumentalidad ingresa amablemente por el ventanal superior que remata el volumen edilicio.

Originalmente esta construcción consistía en una planta a nivel de calle y tres plantas altas, estructura que constituye actualmente la parte nuclear del museo, donde se aloja su guión principal, con una superficie total de 490 metros cuadrados. A ella se agregaron sobre la antigua azotea una nueva planta con su propio entrepiso (210 metros cuadrados), y también un entrepiso sobre el nivel de calle. La nueva planta superior, con dos niveles, está destinada a exposiciones temporales; en el entrepiso sobre nivel de calle funciona parte de la tienda, y en la planta baja se disponen la recepción y la tienda, que dan luego paso a un amplio espacio dominado por el gran mural que Gurvich realizó para la Caja de Compensaciones de la Industria Frigorífica (2,90 x 19 metros). El guión museográfico guarda un orden relativamente lineal de carácter cronológico, dentro del cual, a su vez, se disponen series temáticas1.
La primera sala del tercer nivel contiene óleos alusivos a la familia de origen (1952) y cuadros de su primera época, principalmente retratos, naturalezas muertas y paisajes de ciudad datados, aproximadamente, de 1940 a 1950. Gurvich ingresó al TTG hacia 1944, de modo que en la mayoría de esas obras se observan las características temáticas, constructivas y cromáticas de la pintura practicada en ese ámbito, aunque también dejan ver la personalidad del artista a través del uso peculiar que hace de los instrumentos que allí se le brindaron. La siguiente sala contiene obras realizadas por Gurvich en el TTG entre 1950 y 1960, aproximadamente (aunque se incluyen piezas de cerámica y madera de años posteriores), es decir, después del fallecimiento del maestro, que mantienen la impronta de sus enseñanzas, y siendo ya docente el propio Gurvich, desde 1957. Merece señalarse una pequeña sala en este nivel, donde se exponen dibujos y bocetos de exquisita factura que avalan su obra mayor desde una perspectiva interiorista, plena de espontaneidad, pero también a veces imbuida de un sentido cosmológico-religioso caro a su maestro, como queda explícito en el dibujo La Creación.

Es necesario recordar que desde fines de la década de 1950 Gurvich pasa a residir en el Cerro de Montevideo, una zona obrero-fabril de afincamiento inmigratorio con características paisajísticas y culturales muy peculiares. Este hecho, sumado a su estadía en el kibutz Ramot Menashe de Israel poco tiempo antes, en un viaje que incluyó parte de Europa y el encuentro con la pintura de El Bosco y de Brueghel, crean las condiciones para el desarrollo de una obra en la cual lo fantástico, lo bíblico, lo cósmico y lo cotidiano se combinan en una estética muy personal, aunque convergente, en lo que atañe a la visión universalista y humanista, con la obra y el pensamiento de Torres García. Esta compleja etapa de la producción pictórica de Gurvich (en su mayoría posterior a 1960) se halla expuesta en la segunda planta del museo, dividida en tres partes. Una dedicada a pinturas tributarias de la vida en el Cerro de Montevideo, lugar donde pintó desde escenas cotidianas del inmigrante pobre (Almuerzo en el Cerro, 1959) hasta fantasías deudoras de su admiración por El Bosco (Pecados capitales, 1967). Una segunda dedicada al tema del judaísmo, de profunda raíz bíblica, entronca con cierta herencia pictórica europea (habría que mencionar especialmente a Brueghel y a Chagall) a la que se agrega la herencia omnipresente de la cosmología torresgarciana. La tercera sección agrupa obras bajo el común denominador de “lo fantástico”, en las que Gurvich explora la figura del Hombre Abstracto y universal cultivada en el TTG, al tiempo que ese sentido humanista de la práctica artística abarca obras que van desde el juego abstracto hasta la alegoría escatológica (Carta al Hombre, 1967). En secciones aparte se expone un grupo de piezas pequeñas dedicadas a su mujer, “Totó” Gurvich, así como un “rincón” ocupado por varios objetos que le pertenecieron, fotografía en gran formato, cuadros y autorretrato del artista, en una aproximación afectiva a su persona y a la intimidad de su taller.

El primer nivel contiene básicamente obra de la última etapa, una vez radicado en Nueva York (1970). Estos años brindan la oportunidad de cotejar importantes piezas de cerámica con pinturas cuyo diálogo alude a proyectos monumentales para la ciudad, una aspiración profesada por el Universalismo Constructivo y explícita en la obra de un compañero de ruta también con residencia en Nueva York: Gonzalo Fonseca. Los pequeños dibujos y acuarelas con temas urbanos realizados en este período recuerdan los que Torres García llevó a cabo en esa misma ciudad entre 1920 y 1921; pero Gurvich destaca por el tono lírico y lúdico de su mirada, que lo lleva a incorporar a esos paisajes aparentemente caóticos, personajes de historietas conocidas, así como seres trashumantes que parecen salidos de sus cuadros del Cerro.
Este primer piso del museo posee la atmósfera intimista, replegada sobre sí misma, que las condiciones arquitectónicas imponen legítimamente a las salas en todos los niveles, pero aquí está quizás algo acentuada por la discreta presencia de objetos cerámicos y por la profusa distribución de dibujos y pinturas en pequeño formato. Una de las secciones ha sido dedicada a las finísimas esculturas cerámicas de Gurvich, que asumen un lugar enigmático, incierto, entre el arte, la arqueología y la etnografía. También en este nivel se ubica una sala educativa con biblioteca y mesas de trabajo destinadas a los niños, así como las oficinas y el archivo personal de Gurvich. Este archivo, que se forma a partir de los materiales cedidos en usufructo por la familia del artista, consiste en cartas, manuscritos, catálogos, invitaciones a inauguraciones, recortes de prensa, fotografías sobre papel y material gráfico en formato digital, que constituyen un acervo testimonial valiosísimo como fuente primaria para historiadores e investigadores.
Por su parte, los proyectos expositivos temporales se orientan no solo a propiciar diálogos de la obra de Gurvich con la de artistas de su tiempo (especialmente con la de compañeros del TTG de la que ya se han realizado varias muestras), sino a exhibir obra de artistas vivos que trabajan con un lenguaje visual contemporáneo. Esta decisión estuvo signada por una política de apertura, a efectos de estrechar vínculos con la comunidad artística local, generando propuestas atractivas para diversos tipos de público. Además de difundir la obra del artista al que está dedicado, el museo pretende realizar un aporte a las políticas de inclusión social mediante sus talleres destinados a escuelas de contexto crítico2 y a través del esfuerzo continuo por integrar estudiantes de diversas localidades del país a las actividades de este centro cultural, generando un punto de encuentro no solo para la creación y recreación, sino también para la reflexión y el intercambio de ideas3. Procura, además, mantener una agenda comprometida con los derechos humanos incluyendo actividades compatibles con el carácter museístico de la institución, pero asociadas a una problemática social y cultural de amplio espectro.
NOTAS
1. El criterio para guión museográfico utilizado entre 2005 y 2011 fue dividir la obra por técnicas y soportes, ordenándolas a su vez cronológicamente en cada sección.
En el año 2011 se realiza un replanteo de este criterio, exhibiendo la colección a partir
de series temáticas, a modo de muestra didáctica: naturalezas muertas,
constructivismo, el Cerro, el mundo fantástico, los universos judíos, N. York, entre otras. En este planteo, la contextualización de la obra estuvo dada a partir de dos niveles de lectura: uno con textos referidos a cada serie; y otro, más específico, con textos realizados por personalidades provenientes de distintas áreas del conocimiento que eligieron una obra y escribieron acerca de la misma. A partir de entonces se realizaron varias exposiciones itinerantes por el interior del país, modalidad que continuó y constituye parte de la política institucional.
2. El Museo Gurvich pretende ser una herramienta significativa en la transferencia de información oportuna y relevante a los distintos actores y referentes del quehacer educativo, cumpliendo con dos funciones importantes: democratizar el acceso a la información y colaborar con el proceso de formación artística. A partir del año 2012, por ejemplo, se inició con escuelas del país el programa Pintando con Gurvich, que unió la valija didáctica, las visitas guiadas y el taller de plástica como una sola propuesta.
3. En el 2010 se implementó el Taller de Comunicación Visual, utilizando la fotografía como herramienta, por medio de las XO (ceibalitas) que cada niño posee como cámara fotográfica. Los ejes temáticos giraron en torno a dos conceptos: ciudadanía e identidad, a través de tres unidades temáticas: barrio, escuela y familia. El concepto de identidad fue abordado desde el material de registro, y el de ciudadanía a través del ejercicio del derecho de expresión. Este programa buscó la participación de los niños en la vida cultural de la ciudad.
Por otra parte, con una programación variada, se busca generar espacios de discusión y reflexión -a través de mesas redondas, seminarios, conferencias- abiertos a todo público con especial énfasis en colegas y agentes culturales que aporten y enriquezcan el trabajo colectivo.
GABRIEL PELUFFO LINARI
Investigador Historia del Arte y Arte Contemporáneo.

