La temporada estival comienza en Madrid, y con ella, el Festival PhotoEspaña, cita ineludible con la fotografía contemporánea en distintos espacios de la ciudad. La Casa de América mostró la exposición del cubano José. A Figueroa Und Jetzt? (Y ahora, ¿qué?), una muestra comisariada por Cristina Vives que retrata los meses en los que el Muro de Berlín caía físicamente y se unificaban las dos Alemanias. Por su lugar de origen, la visión del fotógrafo cubano y su esposa, la propia Cristina Vives, conectaba de manera especial con todo lo que estaba sucediendo.

Jose. A Figueroa (La Habana, 1946) es una figura fundamental de la fotografía documental producida en Cuba desde los años sesenta. En esos años inicia su ensayo “Exilio” (1967-1994), en el que retrata la inmigración cubana a Estados Unidos. Además de colaborar con la revista Internacional –publicación sobre fotografía documental– ha cubierto otros temas a través de su práctica artística, como las transformaciones agrarias en Cuba, la guerra en Angola o la repercusión de la caída del socialismo soviético en Cuba.
El proyecto de Und Jetzt nace a raíz de una colaboración con Cristina Vives que recordaba cómo vivieron los días de la caída del Muro en Berlín Oriental. La exposición intercala las fotografías de Figueroa con los textos de Vives, en los que se refleja en primera persona su vivencia de las transformaciones socioeconómicas del país.
Las fotografías recuerdan, por ejemplo, que en mayo de 1990 Figueroa y Vives regresaron a Berlín Oriental para inaugurar una exposición del fotógrafo. Curiosamente, la muestra fue la última organizada entre Cuba y la entonces República Democrática Alemana. El enfoque fotográfico es documental, siempre en blanco y negro y buscando una mirada sociológica más que individual en las tomas. La arquitectura –testigo, confidente y escenario de las transformaciones– se retrata de manera geométrica, a través de composiciones limpias, nítidas, herederas del fotoperiodismo que se desarrolló en los años cincuenta. En este sentido, y con las aportaciones necesarias que han dado al respecto los estudios críticos poscoloniales, feministas y posmodernos, cabe pensar en si la mirada de Figueroa desarrolla su fotografía desde una supuesta objetividad. En este sentido, los textos insertos en el montaje expositivo de la comisaria despejan las dudas: la narración en primera persona convierte la propuesta en una mirada autobiográfica situada políticamente.
El contraste entre esa supuesta “objetividad” y la narración a través de la voz escrita de Cristina Vives es uno de los aciertos de la exposición. La mirada documental del fotógrafo se completa a través de los textos, que van configurando un relato en el que los ciudadanos alemanes anónimos transitan y habitan un nuevo espacio. Un territorio marcado por la separación, pero también por los vínculos –en las fotografías se insiste en los recovecos, brechas y filtraciones en el propio muro–, en el que coexistían dos sistemas opuestos. Los ciudadanos retratados no aparecen desde sus particularidades, sino más bien desde un análisis sociológico. De esta forma, vemos una niña, una anciana, algunos trabajadores, todos ellos transitando el terreno colindante a un muro en proceso de desaparición y representantes de la sociedad alemana.
Figueroa se interesa también por las tiendas, los nuevos espacios comerciales, representativos de ese mundo que se terminaba por imponer. La intención del fotógrafo era acercarse de la manera más respetuosa a lo que estaba retratando, utilizando para ello una cámara Point&Shoot para turistas, en vez de su cámara profesional. En este sentido, hay cierta insistencia desde los textos de Vives en la “heroicidad” del fotógrafo cubano, lo que no deja de ser paradójico, dado el enfoque casi periodístico del proyecto. No obstante, ese contraste tan directo entre autobiografía, colectividad, subjetividad y política es interesante porque precisamente alude a cuestiones de manera directa que no juegan a ambigüedades. Quizá llama la atención porque estamos acostumbrados a determinada asepsia en los montajes expositivos. En este caso, si bien a veces los textos pueden resultar algo ingenuos, no dejan de ser una voz que expresa claramente un punto de vista, sin ambages.
En un gesto más que simbólico, uno de los textos nos cuenta que el 30 de junio gastaron junto a unos amigos los últimos marcos de la República Democrática Alemana. En ese gesto se mueven algunos de los temas que atraviesan toda la exposición: las ruinas de un sistema en pleno proceso de desaparición, los lazos afectivos que siempre sobreviven a cualquier acontecimiento histórico, y la apertura hacia una nueva etapa en la sociedad alemana, con algunas concomitancias respecto a la sociedad cubana. Nos referimos a una pregunta, lanzada desde la propuesta curatorial de la exposición: Y, ahora, ¿qué?
ANA FOLGUERA
