Exposición Individualsept 2016 - nov 2016· Por Hélcio Magalhães

Franz Krajcberg

Marcia Barrozo do Amaral Galeria de Arte

La Galería Marcia Barrozo do Amaral, en Río de Janeiro, presentó Otra naturaleza, un libro-obra sobre el arte de Franz Krajcberg, lanzado en SP-Arte entre el 7 y el 10 de abril de 2016. La edición estaba compuesta por 72 ejemplares únicos que pueden ser vistos y adquiridos en dicha galería.

Editada por Leonel Katz, la pieza conserva una fotografía original de Krajcberg, con su firma grabada a fuego, una marca del artista. Está compuesta por doce imágenes diferentes en tiraje de seis cada una, habiendo sido impresas las 72 unidades en Fine Art (giclée) en papel fotográfico de algodón, con fotografía enmarcada en un álbum artesanal hecho de bambú.

Completan ese álbum textos de Leonel Katz y João Meirelles, más dieciséis fotografías de Krajcberg en la década de 1980, de autoría de Walter Carvalho. Las fotos, cada una con apenas seis copias, fueron impresas en Fine Art con papel Velvet de 300 gramos. La realización es de Lucia Bertazzo de UQ! Editions, en coedición con la Galería Marcia Barrozo do Amaral.

Exposición Individual: Franz Krajcberg — imagen 1
Franz Krajcberg. Libro objeto Otra Naturaleza, 2016. Realización de UQ! Editions (www.uqeditions.com). Diseño: Lucia Bertazzo. Textos: Leonel Kats y João Meirelles. Caja y libro en bambú: Artes y Oficios. Encuadernación: Palmarium. Galería Marcia Barrozo do Amaral.

El proyecto se remonta a un experimento que el editor Leonel Katz y su socio, Salvador Monteiro, realizaron con Krajcberg en 1975, cuando con él produjeron un libro-escultura de sesenta ejemplares, con cada escultura diferente a las demás. Cuarenta años después, Leonel Katz y Krajcberg se alían nuevamente en ese ambicioso proyecto.

El libro-escultura de 1975 marcó mucho tanto al editor como al artista. El poeta Carlos Drummond de Andrade escribió en 1975, en una crónica sobre aquella obra: “[Krajcberg] infunde nueva categoría a lo que era arte en estado de naturaleza, y lo vegetal gana la magia de la abstracción”. Leonel Katz comenta esa cita de Drummond: “Esta magia de la abstracción se da cuando los objetos que nos rodean destellan por al acaso de nuestra mirada”. Es el acaso el que hace al verdadero artista percibir, en la miríada de formas de la floresta, aquel aparte al que dará un nuevo sentido. Es lo que muestran las imágenes: catador de mundos, Krajcberg resuelve dar el contorno de su imaginario a lo que la naturaleza crea.

Krajcberg es un artista singular, desde que ganó tanto la Bienal de São Paulo como el Premio Ciudad de Venecia, en la Bienal del mismo nombre, en la década de 1960. Se convirtió en el pregonero de la defensa del verde, cuando no era tan clara –y angustiante– la realidad de una naturaleza destrozada por el hombre.

Nacido en 1921, en Kozienice (Polonia), el escultor, pintor, fotógrafo y grabador perdió toda su familia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Al final de la guerra ingresó en la Academia de Bellas Artes de Stuttgart, en Alemania.

Habiendo llegado a Brasil en 1948, se instaló inicialmente en São Paulo, donde en 1951 trabajó como montador en la Primera Bienal. Participó como artista en las bienales 2ª, 3ª, 4ª, 6ª, 7ª, 8ª, 14ª y 20ª. Vivió en el Paraná, y después en Río de Janeiro. Su experiencia en Brasil lo conectó con la naturaleza, y en 1957 se naturalizó como brasilero. Él mismo se considera como un ciudadano del mundo: “Nací en el mundo y tengo el derecho de vivir en él”, afirma el artista, que, después de haber vivido en varias ciudades de Europa y Brasil, escogió a Nova Viçosa, en Bahía, como su lugar de residencia.

Cuando llegó a Brasil, a los 27 años, después de la terrible experiencia de la guerra, estaba solo y evitaba el contacto con los seres humanos. En Brasil redescubrió la vida, la libertad y la naturaleza. La naturaleza es la materia prima de su poética.

El artista vive en una casa construida sobre un árbol, a siete metros del suelo. Hubo un tiempo, en los años sesenta, en que vivió escondido en las montañas, en el interior de Minas Gerais, en una caverna del pico de Cata Branca, región de actividad minera en Itabirito; se ganó el apodo de Barbudo de las Piedras.

En esa casa, la sencillez es una metáfora de su vida. El mobiliario, apenas algunas sillas, una cama estrecha, poca ropa y cinco maletas. El único lujo es una colección de conchas, piedras, ramas secas y semillas, en buena parte recogidas en Sitio Natura, a donde llegó en 1972, por invitación del amigo arquitecto Zanine Caldas, quien lo ayudó a concebir la casa del árbol: “Él soñaba con transformar Nova Viçosa en una capital cultural”. La utopía de Zanine Caldas llegó a reunir nombres como Chico Buarque, Oscar Niemeyer y Dorival Caymmi. Solo Krajcberg se quedó.

La búsqueda de la armonía en el encuentro con la naturaleza es para Krajcberg una metáfora de la vida, de la resistencia. Un hombre como él, que sufrió todas las amarguras de la guerra, presenció el fin de sus familiares y amigos y vivió la muerte, al llegar a Brasil se encontró con la naturaleza, la vida, la libertad. Joven, en Hungría, avistó un monte de basura en un campo de concentración. Al aproximarse, constató estupefacto que se trataba de cuerpos humanos. Fue la naturaleza la que curó las heridas de su alma dejadas por la guerra.

Luchando por la vida, edifica sus obras a partir de troncos y ramas de árboles provenientes de las quemas, con el fin de concientizar al hombre sobre la devastación ambiental. Más que artista, es un activista ecológico.

Las imágenes fotografiadas por Krajcberg para este libro son flores, una verdadera poesía de la naturaleza. Imágenes que revelan un artista incansable, a los 95 años de edad, en búsqueda del color, de la estética, de la armonía, y con la esperanza de vivir.

HÉLCIO MAGALHÃES

Franz Krajcberg, por Hélcio Magalhães | artnexus