Entrar a la exposición Otra manera de ver, que presentaba la obra de Francisco Matto, generaba un remanso de paz y la sensación de estar en una exposición de arte. Si esto suena a tradicional, no lo es de manera alguna porque mantiene propuestas que, si bien no son nuevas, son inquietantes, aun para hoy en día. Quien estas líneas escribe recorre todo lo nuevo y distingue entre sostenible y artificioso. Salir del mundo actual para entrar a la exposición de Francisco Matto es pasar por un túnel que mediatiza las pulsiones. Indiscutiblemente que había problemas en aquella época (Francisco Matto Uruguay, 1911-1995), cambios y desorden, que el presente ha superado infinitamente. ¿Cómo planteaban su mundo estos artistas?

Francisco Matto, pintor y escultor, siempre se interesó por las formas primitivas. Manifestó gran respeto y admiración por las expresiones de arte precolombino. Estas no se desarrollaron ni en Uruguay ni en Argentina pero sí en lo que son hoy México, Perú, Colombia y América Central. Establecidas las inquietudes de este artista uruguayo (1911-1995), se registra que además él pintaba con un cierto ascendente surrealista. Conoció al maestro Torres en 1939 y se hizo asiduo de sus conferencias. Fue miembro fundador del Taller Joaquín Torres García y siguió a cargo de este una vez fallecido el maestro. Matto entendió la relación entre el primitivismo y la modernidad desde la visión del maestro y desde sus propias emociones e ideas. La variedad de actividades que se desarrollaban en el Taller lo motivó a modificar lo que hacía. Se alejó de lo surrealista incorporando la ortogonalidad en sus composiciones bi- y tridimensionales. En coherencia con lo primitivo, utilizaba materiales rescatados (maderas), humildes (cartón). Pero la sencillez de los soportes no inhibe los resultados, lo que se advierte con admirable claridad en esta exposición.
Cuatro ejemplos de esta afirmación conciertan por sí mismos una exposición. White Form, de 1970; Construcción en blanco y celeste, de 1975; la instalación Tótems, compuesta por obras de diversos años, y Serpiente, de 1960, año en que comienza a realizar los Tótems. Los dos últimos títulos pertenecen a esculturas en madera pintadas al óleo. Se caracterizan por ser totémicas, delgadas y con partes del soporte a la vista. Las formas son simples, semifigurativas, o hasta llegan a ser solo formas orgánicas sin representación directa de algo. La aplicación del óleo es tanto cuidado como libre. Hay ciertos esgrafiados en las propias esculturas de delgado perfil tabla. Sus alturas totales oscilan entre un metro ochenta y tres centímetros y dos metros treinta y seis. Están ubicadas en pedestales de madera que tienen diversos toques pictóricos integradores de ambas partes. Mientras que Construcción en blanco y celeste y White Forms, siendo también óleos sobre madera, manifiestan diferencias al ser pinturas de misteriosa sacralidad compuestas con elementos ortogonales y leves relieves. Son constructivas pinturas que revelan casi en silencio historias e historias, las de antes de Matto y las que el artista les aportó.
El manejo de la materia es diverso. Tanto en los relieves como en las pinturas hay una presencia no ostentosa del material. En las pinturas sobre tela y sobre cartón, Francisco Matto también revela el movimiento de la mano del artista; la pincelada es legible y no busca cubrir todo el soporte. Para quien no ha visto la exposición, se podría describir su uso del óleo como una economía simplificadora del medio. Bajo ninguna razón Matto busca ensordecer al espectador, por el contrario, en general sus obras transmiten paz y una armónica profundidad visual. Tal es el caso de Constructivo rosa con caracol, de 1967. A diferencia de obras citadas en el párrafo anterior, también se encuentran otras más torresgarcianas, muy compartimentadas ortogonalmente y con elementos dentro de cada una de las zonas. Entre ellas, Paloma destaca por estar cada motivo dividido en rojo y azul. Francisco Matto realizó numerosos dibujos. En ellos planteaba proyectos, como en Drawing for Monument, de 1967. En Otra manera de ver hay obras a lápiz, con crayón, y a tinta, lápiz y acuarela sobre papel.
La reciente exposición abarcaba desde obras sumamente saturadas hasta las más despojadas. En ciertos momentos se podía evocar un levísimo ronroneo de las olas de donde Matto encontraba sus maderas. A lo largo de los años, Francisco Matto adquirió una significativa colección primitiva que denominó Amerindia, y a la que el público de Uruguay tuvo acceso. Sin tener la difusión alcanzada por los escritos –enseñanzas y conferencias– de Joaquín Torres García, Francisco Matto aportó pensamientos sólidos que no se han publicado o que se conocen muy poco, acerca de temas de su venerado primitivismo en relación con el arte moderno y contemporáneo. De sus palabras cabe recordar: “Si tenemos éxito en crear formas elementales, alcanzaremos la comprensión del misterio”.
GRACIELA KARTOFEL
