Las imágenes de Esteban Pastorino Díaz (Buenos Aires, 1972) amplían la visión y estiran los límites de lo verosímil. Gracias a los efectos ópticos derivados de las técnicas que utiliza, mayormente, sus formidables vistas aparecen como ilusorias. El artista, que exhibe extensamente incluso internacionalmente, logró establecer su propia destreza y estilo, reconocible y respetado. Se hizo acreedor de un certificado del Guinness Book of World Records por el “negativo fotográfico más largo del mundo”. Con 39,54 metros, es la foto más larga y fue captada un día de junio de 2010, durante 15 minutos, en un recorrido por el centro porteño de 3 kilómetros y varias piruetas de rotación y traslación de la cámara. Para lograrlo, siguiendo una tradición familiar, él mismo fabricó un dispositivo fotográfico fuera de lo común para poder cargar un carretel de 305 metros de película de cine de 35 mm. En la toma se mueve la película, que generó un fondo movido y figuras estáticas, sin retoques digitales ni Photoshop.

Luego, durante la maratón de Nueva York de 2011 tomó una panorámica todavía más larga. La imagen de 305 metros fue obtenida logrando, nuevamente, mover la película en el interior de la cámara mientras el obturador permanecía abierto. Exhibió la impactante foto del Guinness en 2013 en la Kir Royal Gallery de Valencia. Fue durante su estadía de varios años en España que sumó su segundo apellido; la aclaración vale porque su nombre aparece publicado de ambas maneras.
Una decena de prodigiosas imágenes alteradas de París integraron la muestra de fotografías en galería Praxis. Al revés de otras variantes de su continua experimentación técnica, las vistas exhibidas aparecen compuestas por un fondo estático y con figuras movidas, especialmente aquellas que tienen mayor cercanía a la cámara que registra las imágenes.
Pastorino –que trabaja desde hace años con la arquitectura, espacios urbanos y rurales, y también con el azar– presentó paisajes del Barrio Latino, Torre Eiffel, Place de la Concorde, La Défense, Arco de Triunfo, entrada del Metro estilo Art Decó, y más. Se sabe que, tras los atentados terroristas de Estado Islámico en 2015, la vibración en la capital francesa –cuyos ciudadanos resisten tratando de vivir su cotidianeidad– se modificó para siempre, y ya nunca será percibida de manera habitual. Así, las asombrosas vistas de Pastorino incluso pueden asociarse con una sensación de dislocación perceptiva fruto del convulsionado contexto real.
A Pastorino no le interesa utilizar la fotografía para “detener y retener el presente, antes de que desaparezca en el pasado” (Annie Leibovitz) ni tampoco desea captar el “momento decisivo” (Henri Cartier-Bresson). Al artista le atraen tanto los métodos y procesos constructivos como la posibilidad de ofrecer otra perspectiva de la realidad. Para tal fin, y sin transformar los escenarios encontrados, desarrolla técnicas y aparatos inusuales y crea sus extrañas imágenes.
En los paisajes parisinos, de Praxis, sigue trabajando con la percepción, aproximándose a la fotografía con la intención de registrar tiempo y espacio. El innovador artista produjo las imágenes mediante la manipulación de los dispositivos fotográficos. Distorsionadas por el movimiento, las fotos transmiten una atmósfera surrealista. Aun cuando no se graduó de ingeniero, sus estudios en el campo de la ingeniería mecánica le permiten realizar modificaciones ópticas, crear sus propios artefactos. “De esta manera, Pastorino define los resultados estéticos mediante un proceso de producción que es técnicamente preciso pero que a su vez incorpora las variables incontrolables del entorno urbano fotografiado”, señala la curadora Cecilia Molina.
El catálogo de sus ensayos suma fotografías aéreas, que parecen maquetas. Acude a técnicas de otros tiempos para investigar todo el potencial que tiene la fotografia. Utiliza la estereoscopía –para reunir información visual tridimensional–, y con una cámara montada en un barrilete –como siglos atrás–, y también desde un avión, registra escenas de la ciudad y del campo, logrando la ilusión de profundidad con algunas imágenes nítidas y otras fuera de foco.
La crítica local tomó nota de su tarea cuando en 2002 mostró Música ficta en Buenos Aires. Era una serie de magníficas fotografías sobre la arquitectura de Francisco Salamone, una rareza de la pampa argentina. Entre 1936 y 1940, este arquitecto emigrado de Italia construyó edificios municipales, mataderos y cementerios en la provincia de Buenos Aires, con un estilo monumental difícil de encuadrar: ¿tintes Art Decó, acentos mussolinianos?
“Los primeros viajes a los pueblos y ciudades donde está su obra los hice con mi amigo y colega, Nacho Iasparra. Y los empecé a fotografiar de noche: la luz del alumbrado público o del flash que utilizaba generaba sombras hacia arriba, lo que incrementaba la sensación de escala; al mismo tiempo que los cielos oscuros ayudaban a aislar los edificios del fondo y a aumentar el contraste de la imagen”, cuenta Pastorino. La técnica de goma bicromatada empleada para la impresión artesanal aumentaba el carácter fantasmal de los edificios erguidos en medio de la nada, subrayando su asombrosa singularidad.
VICTORIA VERLICHAK
