Siempre que veo a Elio Rodríguez en Madrid o Elche, en Miami o Nueva York, no puedo evitar reírme de todo y de todos con inusual desparpajo. Incluso cuando de lo que estemos hablando sea algo serio y preocupante, sale de sus gestos y voz un tono de broma que se infiltra en las palabras, en los ánimos de una manera tan natural que acaba uno riendo, por más filo que tuviera la situación. A reírse invitan también el humor, las imposturas paródicas, el jolgorio que rodea y ha distinguido una parte importante de su obra.

Un ejemplo de ello es la exposición On Guard, 2016 (Con la guardia en alto), inaugurada recientemente en Rudestine Gallery, Hutchins Institute, Harvard University, Cambridge. La muestra, curada por Alejandro de La Fuente, es la primera en que el artista incursiona en la fotografía. Son fotos en color y gran formato, en clave de pastiche, donde se han fagocitado tanto la emblemática del cartel político como el mundo en venta de la publicidad, pero donde también se interpretan la lascivia, el pícaro choteo y la imagen corrosiva implícita en la vida y el habla popular. En esta dislocada y calenturienta cascada de imágenes no falta nada. En ellas se entremezcla todo tipo de imágenes en una suerte de resaca permanente. Frente al espectador desfilan lo mismo carteles en alfabeto eslavo, iconografías de la Guerra de las Galaxias, que el busto de José Martí en la Plaza de la Revolución en La Habana, o referencias a la tauromaquia y la pintura de Goya. Hay un coctel, un batiburrillo de citas gráficas y pictóricas, de ambientes y situaciones socioculturales que tienen siempre como protagonista el alter ego del artista: Macho Enterprise. Entre todas forman una suerte de atribulado rosario de aquellas culturas que han marcado la sensibilidad artística de Elio Rodríguez. Hay, desde luego, de Cuba y España, pero también de lo que fueran la ex-Unión Soviética y Estados Unidos.
Cuando vemos en perspectiva la trayectoria de Elio Rodríguez resalta, a primera vista, una de las estrategias discursivas de legitimación más socorrida por los humoristas: enfatizar la seriedad del humor. Lo cual es un contrasentido en sí mismo, pero de eso va el humor. Conectando a este, de algún modo, lo transcendente, que, en esta oportunidad, es representado por el arte. La manifestación subjetiva más potente en que el hombre ha podido ejercer y afirmar su libertad. Pero contrapunteado esta visión, el autor reconoce, a la vez, el carácter circunscrito y circunstancial del humor, visto esto como una limitación inevitable de este. El humor termina de alguna manera esclavizado por las referencias de las que se sirve. Por eso, Elio Rodríguez, aunque ha hecho del humor su producción discursiva fundamental, alcanza en su obra diferentes acentos a lo largo de la trayectoria. Unas veces es más explícito, marcado por una poética neofigurativa, con énfasis en lo narrativo. En otras, sin embargo, tiende más a lo reflexivo, en clave poética abstracta expresionista, acentuando el distanciamiento. La muestra On Guard, 2016, se podría contar en la primera postura; en cambio, una exposición como Puzzled, del mismo año, en Thomas Jaeckel Gallery, se sitúa de lleno en la segunda. En cualquier caso, ambas posturas frente al humor, mediado por recursos expresivos satíricos paródicos, vienen a ser una consecuencia de la madurez poética y discursiva que viene articulando la obra de Elio Rodríguez en los últimos cinco años.
On Guard y Puzzled, como en general toda la obra de Elio Rodríguez, nos transmiten un discurso de tinte crítico y sociocultural. El humor ha de subvertir el orden de las cosas reinantes, ya sea en el ámbito de la lógica, la estética, la moral o la política. El humor impugna el orden existente, y en su lugar no afirma nada, y, por lo tanto, se le da un carácter esencialmente negativo. Ello nos hace pensar que se distingue entonces entre dos formas de ejercer la libertad: una forma sublimada que se emparenta con lo artístico, y la otra, libertaria e iconoclasta, que se asocia con el humor. Precisamente entre estas dos formas avanza la obra actual de Elio Rodríguez, con lo que la risa estará asegurada, eso sí, como expresión de un humor subversivo frente a lo institucionalizado y las estrategias de dominación.
DENNYS MATOS
