ConTexto. De centauro a Proteo

Ivan Capote. HIDE (Oculto). La sombra es una luz que se esconde, 2006. Acero. 22.5 x 15.8 x 1.2 cm (10 3/64 x 6 7/32 x 0 15/32 pulgadas).

Exposiciónsept 2016 - nov 2016· Por Efrén Giraldo

ConTexto. De centauro a Proteo

Palabra, escritura y narración

U. de Antioquia / U. Nacional de Medellín 

La frase del crítico norteamericano Harold Rosenberg según la cual el arte contemporáneo es “una especie de centauro, mitad materiales artísticos y mitad palabras” pasa por ser una de las más importantes del siglo XX. Y esa relevancia reside en el hecho de que con ella, quizás, se dirimía una pugna característica del arte moderno: la que enfrentaba palabra e imagen, en el entendido de que esta última pierde algo de su autonomía cuando lo verbal se acerca. Pero esa anexión dejó de ser problemática. Ya no tenemos obras escindidas entre lo verbal y lo visual, y ahora domina la fluctuación.

Ya en 1969, año de la publicación del texto de Rosenberg1, resultaba obvio que el lenguaje era importante, no como instancia o tribunal, sino como medio. Era el momento en que las formas de arte procesual llegaban al apogeo, y un inusitado interés en el documento y el trabajo de campo abría posibilidades a los más variados tipos de registro verbal: diarios, declaraciones e inscripciones empezaron a poblar salas de exposiciones y museos, o a ser la exposición misma, como hizo Seth Siegelaub. Los dos fenómenos –el lenguaje como sistema “externo” y el lenguaje como medio “interno”– se complementaban, ya para ese entonces, con una hipótesis confirmada por las segundas vanguardias y el arte conceptual, este último el directo responsable de la entronización del texto: que lo artístico se entiende mejor si se usan metáforas lingüísticas y comunicativas.

Exposición: ConTexto. De centauro a Proteo — imagen 1
Oscar Santillán. Blockout (Apagón), 1942– 2012. Libro cuya tinta ha sido extraída químicamente y una miniatura creada con David Perez McCollum. 17.78 x 10.16 cm (7 x 4 pulgadas).

Cuatro décadas después de que el interés por el lenguaje hubiera introducido una verdadera revolución, el texto, la palabra, la edición, el libro y el mundo de la comunicación empezaron a aparecer de muchas maneras. Ha sido de tal magnitud esa presencia que es lícito ver en el conceptualismo y sus derivados librescos la lingua franca del arte contemporáneo. La posmodernidad, el multiculturalismo o la estética relacional son impensables sin la textualidad, y probablemente se puede ver en esta última uno de los paradigmas vigentes.

Un recorrido por las últimas décadas muestra que, bajo el uso artístico de las palabras, sus articulaciones, sus sentidos y soportes, pueden convivir soluciones del más diverso tipo: esteticismo y política, mapas, piezas relacionales, situaciones, etnografías, activismo, pueden recurrir a las posibilidades de simbolización ofrecidas por el lenguaje. La pintura, la escultura, la fotografía, el performance, el video, el site, nada parece haber escapado a esta omnipresencia de los signos verbales, las escrituras y las lecturas en el espacio, el objeto, el tiempo y la imagen. El cruce de indisciplinas, medios y formas, al que por comodidad llamamos “pluralismo”, parece haber tenido en el sistema lingüístico su principal animador.

Por ello, no es gratuito que la presencia del texto se haya vuelto tema de curadurías y colecciones. Ya no bajo la premisa, más o menos implícita, de que todo arte tiene una parte hecha de palabras e ideas, sino bajo la materialización de algunas de las promesas nunca cumplidas por la literatura: la de un mundo autónomo visual y objetual donde las palabras son el agente primario. Estamos, entonces, frente a un paso fundamental, que explicaría las rupturas y reacomodaciones de los modos artísticos y “lenguajes” de nuestros días. De hecho, la pugna con lo literario, que estuvo en la agenda del programa modernista, con su deseo de independencia radical de los géneros, se sigue manteniendo, pero a través de préstamos y usurpaciones.

Exposición: ConTexto. De centauro a Proteo — imagen 2
Glenda León. Objeto mágico encontrado #3, 2003. Máquina de escribir con flores secas sobre papel alba. 28 x 24 x 5 cm (11 1/32 x 9 29/64 x 1 31/32 pulgadas).

En Medellín tuvo lugar una exposición dominada justamente por esta presencia proteica del texto, el libro y la palabra. Se trata de ConTexto: palabra, escritura y narración en el arte contemporáneo, curada por Francine Birbragher Rozencwaig y Óscar Roldán-Alzate. La muestra, acogida por las salas de exposición del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia y la Sala U de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional, ha permitido ver en la ciudad obras de arte de las últimas décadas animadas por intereses verbales. Proveniente de colecciones que usan premisas lingüísticas, editoriales y comunicativas, la exposición, organizada bajo tres ejes –Poética, Retórica y Pragmática–, reúne respuestas artísticas ante el lenguaje de más de cuatro décadas.

El arte pop, el arte conceptual, la neovanguardia, la escultura social y los desarrollos más recientes se ven representados en piezas de artistas como Andy Warhol, Joseph Beuys y Damien Hirst. Tal variedad histórica y geográfica se acompaña de despliegues temáticos de gran vigor, que logran exponer el carácter transversal de la palabra con respecto a técnicas y recursos plásticos en el arte colombiano y latinoamericano.

Exposición: ConTexto. De centauro a Proteo — imagen 3
Adrián Villar Rojas. Diario Intimo 3D (De la serie Diario Intimo 3D), 2007. 1 de 43 libros intervenidos con collage, dibujos y pinturas. Cortesía del artista.

Por un lado aparecen representadas respuestas mediales, es decir, que profundizan en algún aspecto de las palabras y que las problematizan al disponerlas en el espacio o en soportes. El logotipo de Columbia, con una luz deslumbrante, puede ser en un momento determinado el nombre de un país sudamericano (Gonzalo Fuenmayor). En unos casos se trata de piezas que obligan al espectador a hacerse consciente de la dimensión material del lenguaje, y, en otros, de apelaciones que acentúan la conciencia del contexto (a esto, acaso, se refiere el eje denominado Pragmática). Mientras que una obra como TUYO (Sandra Valenzuela) logra mostrar, con el artificio de la proyección, la extrañeza que producen palabras a las que pocas veces se pone atención, Hide, de Iván Capote, revela el misterio de los signos dispuestos de manera eficaz en el espacio. Ni siquiera el ilusionismo escapa a la incidencia de la abstracción de los símbolos del lenguaje.

Por el otro tenemos propuestas vinculadas con respuestas hermenéuticas. En este caso, estamos ante obras de gran densidad semántica y eficacia simbólica, que logran decir algo sobre asuntos tan inasibles como la interpretación y la comprensión. Una de las piezas más contundentes y hondas de toda la muestra pertenece a este grupo. Se trata de Blackout (Apagón), en la que el artista ecuatoriano Óscar Santillán, con un procedimiento que no deja de ser asombroso (la extracción casi milagrosa de la tinta de un libro de san Agustín), logra literalizar el problema del significado, la síntesis de sentido, con una operación conmovedora de ver. Como si se tratara de una alusión a la extracción de la piedra de la locura o una referencia a la búsqueda filosofal, la obra marca un antes y un después de la contemplación. No escapan a ella, acaso, la ironía a los manuales de autoayuda y la crítica a los valores de la metafísica, pero tampoco la poesía. Que veamos en una pequeña esfera sólida toda la tinta del libro, y que este último se presente “en blanco”, liberado de la pesada letra del clásico filosófico, es más que una ilustración.

Exposición: ConTexto. De centauro a Proteo — imagen 4
Jorge Julián Aristizábal. Falsos positivos, 2015. Técnica Mixta sobre papel. 175 x 204 cm (68 57/64 x 80 5/16 pulgadas).

Lugar importante tienen también las referencias al lenguaje como elemento político. Se trata de piezas que instauran una pregunta por las palabras como instrumentos de lucha y lugares de la consignación activista, pero también como medio de extrañamiento social y cultural. E identitario, si se piensa en las banderas y los símbolos patrios que abundan. A veces recuperando la estética del cartel o aludiendo directamente a textos icónicos de la discusión política, estas obras logran comunicar el lugar esencialmente histórico que han tenido los debates y las confrontaciones. La presencia de artistas latinoamericanos como Cildo Meireles, León Ferrari o Luis Camnitzer se entiende bien en este sentido, un poco para probar lo que este último expone en su libro Didácticas de la liberación: que en América Latina la acción política del conceptualismo pactó siempre una alianza con la poesía.

Quizás, uno de los segmentos más significativos de la muestra es el que constituyen obras que apelan a la narración y al libro, es decir, a un artefacto de fuerte dimensión antropológica y a un mecanismo de fijación de poderosas resonancias emocionales. Aproximaciones que estetizan los aspectos físicos de los libros (Miller Lagos), que denotan un proceso editorial o de escritura (como en Glenda León) y que, en últimas, cuentan una historia y logran denotar una de las manifestaciones más importantes de esta poética. El libro y su capacidad de contener lo narrado emergen con potencia en disposiciones que pueden evocar una colección bibliográfica (Adrián Villar), un taller de impresión o la simple elaboración de un diario (Marta Ramírez). O, de hecho, pueden ser obras que son un libro. A veces un libro de artista, es verdad, pero también un libro de literatura, como ocurre en las vidas imaginarias del libro de cuentos de La línea sin reposo, ilustradas por Jorge Marín.

Exposición: ConTexto. De centauro a Proteo — imagen 5
Gonzalo Fuenmayor. Col_ombia, 2014. Carboncillo sobre papel. 56 x 76 cm (22 3/64 x 29 59/64 pulgadas). Colección privada, Bogotá.

La memoria, el conflicto y la historia, que como sabemos tienen lugar preponderante en la colección de donde salieron las principales obras de esta muestra, ofrece también un marco aún mayor a la curaduría. De ahí que aparezcan asuntos traumáticos (o que tienen fuerte vinculación con la identidad colombiana y latinoamericana), apelando a emblemas que tienen en la tradición letrada su más claro referente. Por ejemplo, en Jorge Julián Aristizábal vemos que el oscuro episodio de las ejecuciones extrajudiciales ocurrido en Colombia hace algunos años recurre a una heráldica tenebrosa, que no fue ajena a artistas del pasado, como Débora Arango y Carlos Correa, este último también presente en la muestra con uno de sus grabados.

Una exposición como ConTexto tiene un especial interés, no sólo porque testimonia esa centralidad del lenguaje verbal en el arte contemporáneo, presente en la afirmación de Rosenberg que daba inicio a este texto. Su valor y perduración en la memoria del espectador (un espectador que, además, es aquí lector) residen en que muestra los caminos, de centauro a Proteo, que siguen las artes de la palabra y las artes del espacio. Se ha dicho que, en nuestros días, la figura del editor es la referencia obligada a la hora de comprender las profesiones de la cultura. Esto explica, acaso, por qué tanto a los artistas como a los curadores les resulta obligatorio el trabajo en un terreno donde los aspectos problemáticos del discurso hacen la mayor exigencia.

NOTA

1. Rosenberg, Harold. “Art and words”. The New Yorker, 29 de mayo de 1969.

EFRÉN GIRALDO

PhD en Literatura, Mg. en Historia del Arte. Jefe del Departamento de Humanidades de la Universidad Eafit, Medellín, Colombia.

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