La serie de fotografías que componen la más reciente exposición de Caroline Peña Bray, Semblance, hace creer percibir cosas que no son. En una primera ojeada surge la irremediable pregunta: ¿se trata de fotografía o de pintura? Al acercarnos y fijar mejor la mirada vemos que, dudando un poco y queriendo tocar, se trata de fotografía, una fotografía de ventanas a escala de alta hiperrealidad que parece abrir huecos en las paredes del espacio. Las ventanas parecen pinturas porque los vidrios están cubiertos por una veladura rugosa que les otorga una calidad textil o de materia pictórica. La superficie se convierte en táctil, tanto, que la tocamos con los ojos, sintiendo los relieves en la retina. Este engaño al ojo –cuidadosamente orquestado a base de construir la imagen digitalmente una vez captada la realidad frente a la cámara– es la primera capa de un complejo juego de percepción y construcción de significado que Peña Bray pone en marcha en esta exposición de apariencias y engaños. Es tentador quedarse en la superficie del truco, del juego visual que no nos deja creer lo que tenemos delante. La ventana de Palacio de Nariño se abre un poco, vemos la puerta casi venir hacia nosotros y queremos tocar para abrirla. No podemos avanzar. Peña Bray siempre nos deja en la posición de intuir a través del cristal lo que hay al otro lado. Los títulos nos aproximan a edificios emblemáticos de la ciudad de Bogotá, contenedores de poder y símbolos de momentos clave en la historia de Colombia. Con este conocimiento que la artista nos regala, atravesamos los vidrios con la mirada de la imaginación y la ignorancia de lo que el poder oculta entre sus muros, o con la lógica del saber lo que pasó entre las paredes que dan firmeza a esas ventanas mudas pero indiscretas.

Viendo estas obras, pensaba lo foráneas que parecen pero lo acertadas que resultan para el contexto colombiano; seguramente por la distancia que tiene una mirada extraña, se logra con más facilidad extrapolar lo esencial de una problemática que le es un poco más lejana que al resto. Quizá a ojos del extranjero, lo universal de la Historia sale a flote más nítidamente. En cualquier caso, Semblance tiene el don de hablar de las cosas sin mostrarlas de manera literal. La ventana, como gran metáfora de la mirada en la Historia del Arte, ha sido empleada recurrentemente como elemento para la autorreflexión.
Peña Bray obstruye la posibilidad de construir una realidad matemática y mesurable como la mirada renacentista, y en su lugar nos ofrece una realidad con dos filos: por un lado, intuimos el mundo por medio de formas y volúmenes; sabemos que más allá de los vidrios del Capitolio Nacional está el Palacio de Justicia o que por las ventanas del Hotel Tequendama habitamos el corazón de la urbe, desde el cual poseemos visualmente una vasta extensión y múltiples puntos de vista sobre la ciudad. Por otro lado, el jabón, aplicado a las ventanas con un pincel de brocha, frena la mirada, nos priva de los detalles morbosos para devolvernos al conocimiento de una historia violenta sin ver los detalles morbosos. Avianca Boeing 727, la obra que hace referencia a las ventanillas del avión 727-21 de Avianca que voló por los aires en 1989, es una excelente serie de piezas que nos sitúan en un lugar en el que no estuvimos pero en el que nos podemos sentir estar, o por lo menos llegar a imaginar estar en la piel del que estuvo. La falta de visión nítida y clara de estas piezas activa una experiencia sensorial, emocional y psicológica enraizada en una realidad violenta que nunca nos es desvelada pero que siempre está ahí. Después de décadas de ver la sangre salpicar las pantallas del televisor, ha llegado la hora de mirar de otra manera, de mirar a las muchas verdades pero sin lujo de detalles amarillistas, sin ruido superfluo. La proximidad de los eventos, la necesidad de asimilarlos sin que hieran demasiado, requieren que se corra un velo opaco por encima que no nos permita perdonar sin olvidar.
Las ventanas de Semblance, grandes y a la mano como si pudiéramos abrir para mirar, funcionan como aparatos de reflexión y como metáforas del momento actual en el que se encuentra Colombia: al borde de la paz pero con un largo camino por recorrer; es ese camino el que todavía no se vislumbra claramente. El proceso de enjabonado de las ventanas añade una parte de acción a la obra que quizá sería interesante convertir en pieza de video. La idea de Peña Bray tomándose el tiempo de cubrir nuestra visión contiene un pequeño ritual anterior a un proceso que se nos da completamente terminado en la obra fotográfica.
CARIDAD BOTELLA
