La pintura y la fotografía viven un momento de intenso noviazgo. Parece como si esta última hubiera nacido para la otra y la primera hubiera estado esperando la llegada de aquella para abrir caminos de renovación y frescura. No siempre ha sido así. En la primera mitad del siglo XX, el teórico André Bazin consideró que la fotografía había llegado para liberar la pintura de la atadura de tener que representar la realidad. En su línea de pensamiento humanista, partía de la base de que, tras siglos de intentar dominar –con cada vez mayor perfección– la técnica de la imitación de la naturaleza, la tecnología iba avanzando para poder llegar al máximo esplendor en esta dirección. Con ese ímpetu tecnológico llegó la fotografía para completar este proceso, que unas décadas más tarde daría otro “paso adelante” con la llegada del cinematógrafo. Hoy en día la pintura se nutre de la estética digital y de los medios de comunicación, implantada en la mente de todos por el video y la fotografía, para reflexionar acerca de la cultura visual y la hegemonía de la imagen en las que vivimos inmersos.

Desde sus comienzos, la obra de Carlos Salazar Arenas (Bogotá, 1973) parte de traducir esta cultura de la manipulación visual de la imagen al dibujo y la pintura. En concreto, en la exposición Filatelia y numismática, el artista rinde homenaje a sus primeras colecciones de niño y por ende a las de muchos niños de su generación que coleccionaron sellos y billetes sin saber que aquel material tangible se transformaría en unos y ceros en un futuro no muy lejano. Dentro de la cotidianeidad, el material físico pasó a un segundo plano pero las imágenes relacionadas con la política y los sucesos históricos se trasladarían a los medios de masas, a las noticias digitales que consumimos en las redes. Después de generar sus primeras colecciones, y ya como artista visual, Salazar vuelve a coleccionar, en este caso, imágenes de internet que utiliza para sustituir los íconos reconocibles en billetes y sellos. Salazar muestra en esta exposición una serie de billetes y estampillas transferidos a lápiz sobre papel o a acrílico sobre madera. El artista cambia la imaginería de las piezas originales por imágenes tomadas de internet, que se ha convertido en la fuente principal de Salazar. Hay una parte de ironía y sarcasmo en sus obras, aunque a veces sean simplemente ácidas o lúdicas. Cuando creemos que sigue una receta, nos encontramos con que a ratos prefiere experimentar, plantearnos imágenes sin respuesta que responden a juegos estéticos. Como estrategia, Salazar inserta imágenes que van en contra de la lógica de la pieza original. Por un lado, nuestro conocimiento de la fuente original puede ser clave para la lectura de obras como 2 pesos, Pola, en la que se hace referencia a la mártir política nacional Policarpa Salavarrieta, en cuya imagen aparece una mujer apuntándose a la cabeza antes de suicidarse. Otras, aunque no tan cercanas, son globalmente entendibles, como la familia occidental sobre un billete chino en Economía oriental. El guiño está en la industria de productos producidos para satisfacción y nutrición del sueño americano u occidental que alimenta toda una economía oriental, llamada emergente y que crece a costa del deseo de abaratar los costos, sin saber quién es perjudicado por este sistema. Otra excelente, directa y cercana es el billete cubano en Mercado libre, en el que aparece una mujer posando en plan de reina con el carrito y una cesta del mercado, llenos hasta arriba de los productos que todos nosotros damos por sentado al ir a comprar. La obra de Salazar habla también del estado de la imagen hoy en día. Bombardeados de imágenes que ya no comunican una verdad sino un interés por embutirnos un discurso interesado, las imágenes se han vuelto más poderosas y más desacreditadas al tiempo. La clave está en saber leerlas, interpretarlas, como quien aprende a leer de pequeño. El analfabetismo por explorar es el que se refiere a las imágenes. Salazar nos empuja a reflexionar sobre esto: nos presenta algo que reconocemos por asociación, para luego cambiar el significado. El que captemos este significado depende mucho de la información que ya tengamos y de la capacidad de interpretación y lectura. La imagen es como una trampa dulce y bella que nos captura, para luego entender lo que se esconde detrás del juego. Volviendo a Bazin, la fotografía y el cine tenían una vocación realista, no tanto objetiva, por captar la “huella” de la realidad. Las obras de Salazar ponen a la pintura y a la fotografía a trabajar de la mano para transmitir una realidad del mundo en el que vivimos hoy: el mundo donde reina la imagen digital, que nos rodea casi por los 360° de nuestra existencia y que inunda nuestra memoria colectiva cada vez más volátil y borrable.
CARIDAD BOTELLA
