Exposición Individualsept 2016 - nov 2016· Por Ana Folguera

Adriana Bustos

Galería Bacelos

La Galería Bacelos mostró Quién dice qué a quién, de Adriana Bustos. La exposición retoma cuestiones clave en la producción de la artista argentina, como el capitalismo y sus consecuencias en el conocimiento, el cuerpo y los dispositivos de control. En este caso, se centra en el campo de la ciencia, y cómo esta canaliza también esas estructuras reguladas por el capitalismo más salvaje.

La exposición comienza con el caso del Golden Record, un disco de oro diseñado por Carl Sagan para las misiones Voyager y que porta información sobre la civilización humana, en el supuesto de que llegara a formas de vida alienígenas. En todo relato siempre hay un componente considerable de ficción, puesto que es imposible eludir el punto de vista, la subjetividad, la selección de lo que es importante y lo que no. Incluso cuando el discurso se genera desde el ámbito científico, la posmodernidad ha prevenido contra esos supuestos neutrales, objetivos y apolíticos en la Modernidad. ¿Cómo deconstruir lo que nos han enseñado como válido desde organismos académicos u oficiales? Bustos combina el dibujo a lápiz y color con textos sobre un lienzo imprimado, revelando las estrategias de propaganda de la NASA y su relación con el poder y el control. Curiosamente, y según nos muestra la propia artista, tres grandes temas fueron obviados en ese proyecto científico: la sexualidad, la pobreza y la guerra. Tres grandes ejes que vertebran lo que es invisible y que, sin embargo, operan como engranajes del funcionamiento de la civilización.

Exposición Individual: Adriana Bustos  — imagen 1
Adriana Bustos. Libros prohibidos, 2016. Lápiz sobre papel. 24 x 16.2 / 24 x 33.7 cm cada portada (9 29/64 x 6 3/8 / 9 29/64 x 13 17/64 pulgadas).

La iconografía, además, retoma la estética de los cuadernos de viaje de los primeros viajeros a las colonias. Conceptos como taxonomía, clasificación, codificación y sistematización son claves para entender la construcción de la Ilustración y la Modernidad, y todo lo que de ahí surgió. Uno de los rasgos que caracterizan la obra de Adriana Bustos es el contraste entre la inocencia del lenguaje plástico y la profundidad de las cuestiones que trata. Este es uno de los mayores aciertos de la exposición. Los textos científicos se alternan, por ejemplo, con las intervenciones de la propia artista, en color rojo, que operan como una crítica al optimismo del discurso científico. Así, Bustos construye una enciclopedia propia en la que genera un conocimiento propio y crítico.

En otra de las obras de la exposición se presenta una estantería que reproduce libros prohibidos durante la dictadura argentina. Curiosamente, la artista dibuja solo la cubierta, aludiendo a esa arbitrariedad de la censura, que siempre deja filtrar algún texto subversivo y sin embargo prohíbe volúmenes de lo más inocente. Algunos de los títulos que leemos son Los miserables, Madame Bovary, Operación Masacre, Las venas abiertas de América Latina o La tía Julia y el escribidor, entre otros. Los libros son solo portadas, porque precisamente se juega con la condición icónica de esos libros censurados. Más que textos, son imágenes en circulación que se prohíben porque representan una ideología.

En una esquina de la galería vemos dos videos, yuxtapuestos uno al lado del otro y proyectados de tal manera que parece que los dos se inclinan hacia la arista de la pared. El video de la izquierda muestra las Olimpiadas de Argentina en 1978. El de la derecha, el famoso documental de Leni Riefenstahl sobre los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Enseguida advertimos las similitudes entre los dos: el punto de vista de la cámara, la construcción de planos, el lenguaje corporal de los deportistas desfilando con aire militar, el repertorio de gestos y códigos físicos, y el ambiente de competición, jerarquía y, por qué no, violencia contenida. Una idea subversiva, por cuanto el deporte es tradicionalmente asociado en el régimen capitalista al bienestar, la salud y la plenitud.

Las imágenes, sean en cine, fotografía o lenguaje publicitario, son siempre susceptibles de ser usadas como propaganda en circulación. Es el caso de otro de los dibujos que aparecen en la exposición, impreso sobre un lienzo. La artista plasma el dibujo de un automóvil muy extendido en el período de la dictadura argentina, cuyo lema publicitario rezaba: “Castígame. Maltrátame. Mátame de hambre. Explótame”. La relación entre objeto de consumo, publicidad y violencia es evidente. Quizá una de las similitudes es que los tres operan desde el silencio y las estrategias invisibles.

Otra de las instalaciones presenta el siguiente mensaje: “Aquellos representantes del planeta Tierra ocultan las máquinas de producción y el sexo mientras destrozan el mundo porque es rentable”. Esa es una de las ideas claves de toda la exposición y de la obra de la artista argentina: visibilizar los dispositivos de producción de conocimiento que responden a principios encubiertos, basados en el capitalismo salvaje, la violencia, la agresión al cuerpo, y la clasificación científica como arma de doble filo.

ANA FOLGUERA

Adriana Bustos, por Ana Folguera | artnexus