Túlio Pinto presenta en la Galería Baró, en São Paulo, la muestra Azul y Unicornio, con una selección de trabajos de su producción más reciente, algunos especialmente creados para esa exposición. La característica de Pinto es la de hacer armónicas sus esculturas a partir del desafío entre equilibrio y tensión con materiales que aparentemente reflejan grandes diferencias de peso, resistencia, volumen y hasta origen. El artista actúa como un mago, desafía la ley de la gravedad y coloca en primer plano la atracción entre cuerpos diferentes, en situaciones, aparentemente, improbables. A partir de bolas de vidrio, acero oxidado, una cuerda azul y las líneas de sus fronteras, el artista refleja la delicadeza de la convivencia entre los distintos elementos.

Una videoinstalación, Unicornio, dialoga con las esculturas ambientadas. Ese video fue hecho por el artista durante un período de siete semanas de su residencia artística en la gran metrópolis del desierto, Phoenix (Arizona), durante los meses de noviembre y diciembre del 2015. El video fue concebido antes de que el artista viajara para su residencia. En su equipaje Pinto llevó bombas inflables y ropa de color anaranjado. En Phoenix complementó la producción, adquiriendo una máscara de unicornio, y acordó con artistas locales su colaboración en el video. La filmación se hizo en el desierto de las Superstition Mountains, al este de Phoenix; con el unicornio anclado a los balones, ofrece una yuxtaposición visual casi absurda, surrealista. La videoinstalación activa la misma operación sensorial perseguida por el artista (tensión y armonía). Lo carnavalesco lleva al espectador a un paseo por la cuarta dimensión, donde la mitología conduce la percepción de otro estado de cosas, donde lo irreal se torna real, los encuentros imposibles se establecen en una especie de intervalo, un puente hacia el espacio imaginario de la inmanencia. Pinto materializa otra realidad a partir del personaje enmascarado como unicornio, en un ambiente inhóspito armonizado por los colores fuertes y contrastantes del naranja y el azul.
La apropiación y carnavalización operada a partir del mitológico unicornio demuestran una zambullida del artista en la esfera de la suspensión de reglas, de las inversiones. Para Mikhail Baktin, la carnavalización es el espectáculo sin escenario, elemento que separa público y actores; un modo nuevo de las relaciones humanas, opuesto a las relaciones sociojerárquicas. En el carnaval, el hombre se libera de la conducta regulada y se mueve hacia la liberación. El personaje elegido por el artista, el unicornio, es símbolo de pureza, amor, majestad, honestidad, libertad; al mismo tiempo, conserva el sentido de salvaje, de indomable. El color azul encierra en sí el significado de pureza, de protección, de lo etéreo, y es con ese sentido que el artista crea un diálogo sensorial que armoniza con lo diferente, rompe jerarquías, subvierte las reglas y propone un espacio mágico, donde las fuerzas más profundas y emocionales se imponen sobre la naturaleza y las relaciones sociales.
La inversión del artista –que desafía la realidad, la naturaleza, y hasta la ley de la gravedad que atrae los cuerpos hacia el centro de la Tierra– va más allá de la subversión, busca una instancia de levitación, del movimiento que vence las fuerzas naturales, que supera lo inexorable, que se proyecta, que vuela, que trasciende. Junta los opuestos, dialoga con los contrarios.
La exposición está conformada por seis esculturas estructuradas por los fundamentos minimalistas de mediados del siglo XX: usar materiales prefabricados que no estén marcados por la mano del artista y producir trabajos que interactúen con el espacio. Pinto potencia las propiedades físicas de los materiales. Libre del pedestal tradicional, su trabajo se proyecta hacia el espacio del espectador y crea con él una relación interactiva, permitiendo que camine libremente alrededor del objeto, creando con frecuencia una tensión y un malestar por su potencial colapso, por la combinación de materiales, con la dureza del acero y la delicadeza del vidrio soplado. Y, a diferencia de los minimalistas y posminimalistas, Pinto aborda asuntos del arte contemporáneo de tensión y armonía, el poder de la mente humana y sus escogencias y desplazamientos, ya sean ellos físicos, mentales o emocionales. El constructo de Túlio Pinto está en el orden de que todo es posible, no hay barreras para el diálogo y la convivencia. Un trabajo muy potente para vencer la intolerancia, para encontrar la utopía.
HÉLCIO MAGALHÃES
