Exposición Individualjun 2016 - ago 2016· Por Florencia San Martín

Silvia Gruner

Americas Society

La exposición de Silvia Gruner en el Americas Society es a todas luces una muestra ineludible para todo aquel interesado en el arte latinoamericano y su relación con el arte contemporáneo desde mediados de los 1980 hasta la actualidad. Titulada Hemispheres: A Labyrinth Sketchbook by Silvia Gruner y curada por la directora de Artes Visuales de Americas Society, Gabriela Rangel, y la curadora independiente mexicana Tatiana Cuevas, la exposición revisa la importancia histórica de la obra de Gruner tomando como punto de partida un trabajo reciente de la artista realizado en 2014, compuesto de dos videos, uno titulado Hemisferios (Jardín frente) y el otro Hemisferios (Jardin atrás), y dos ovillos titulados Hemisferio derecho e izquierdo, respectivamente.

Exposición Individual: Silvia Gruner  — imagen 1
Silvia Gruner. Hemisferios (jardin atrás), 2014. HD a SD, 120 min.

En el primer video, un hombre de mediana edad recorre el patio delantero de la casa de la artista en México deshaciendo durante 45 una grilla de hilo rojo. Caminando por entre las plantas y los arbustos, el hombre hace crecer un ovillo entre sus manos, haciendo al mismo tiempo desaparecer la lógica esquemática y ortogonal de la grilla. Lo contrario ocurre en el jardín de atrás, donde el mismo hombre camina aleatoriamente ahora deshaciendo, durante 120 minutos, una trama intuitiva y delirante compuesta por el mismo material pero carente, en pos de un relato múltiple y laberíntico, de una métrica racional. Alegorías de la parte izquierda y derecha del cerebro, ambos videos son proyectados en pantallas translúcidas enfrentadas entre sí, y a sus lados, como dibujando en el espacio los cuatro puntos de una cruz, se exhiben los ovillos que resultaron de las diferentes tramas en el jardín. Se exhibe, entonces, el tiempo; el proceso de entendimiento de la propia mente en el espacio físico, que se traduce, materialmente, en el tamaño de los ovillos. Sí: más que un tiempo cronológico, la artista, como en muchas de sus obras anteriores, alude a una temporalidad más bien psicológica que subyace a su propio cuerpo y su identidad.

Silvia Gruner nació en la ciudad de México en 1959. Luego de formarse como escultora en la Academia de Arte y Diseño de Betzalel en Jerusalén y en el MFA del Massachusetts College of Art de Boston, Gruner volvió a su ciudad natal, convirtiéndose en una figura clave del arte mexicano durante los años noventa. Desde entonces, o aún antes, si se considera que la que ella misma supone como su primera obra, Arena, fue realizada en 1986, la escultura se fue tornando en una práctica novedosamente interdisciplinaria a través del uso del video, el cine, la fotografía, la performance y la instalación. Así, una serie de narrativas visuales asociadas al feminismo, los relatos patriarcales y heroicos de la modernidad, el erotismo, pero también el humor, comenzaron a emerger de la obra de Gruner, estableciendo relaciones íntimas y cuestionadoras respecto al arte y la tradición. En el Americas Society, dichas narrativas podían ser revisadas por el espectador a partir de la obra central, instalada en la sala del centro del recinto. Así, el visitante era invitado a pensar históricamente la producción visual de Gruner a través de la selección de nueve videos y fotografías. Se invitaba entonces al espectador a pensar los mitos, las ironías y los miedos de la artista; su cuerpo femenino a veces desnudo y rodando por una enorme duna, como en Arena, o su cuerpo vestido y de espaldas, observando en silencio y en quietud una enorme pileta de la modernidad, como ocurre en Centinela (2007), un video de 10 minutos y 30 segundos filmado en Super 8 y trasferido a formato digital.

Esta segunda obra, me parece a mí, bien podría ejemplificar la prolífera obra de la artista, si se consideran las relaciones entre feminismo y modernidad en México. Proyectado en la primera sala justo al lado de How to Look at Mexican Art (1995) –un díptico fotográfico donde un molcajete mexicano sobre plástico rojo desafía la aún asumida herencia de la cultura indígena en el arte contemporáneo local–, en el video, el cuerpo de la artista se enfrenta a la gran pileta que diseñaron Isamu Noguchi, Mathias Goeritz y Ricardo Legorreta para el hotel Camino Real. Gruner está de espaldas, parada en el borde de la pileta. Observando cómo el movimiento de las aguas hace eco al diseño modernista de sus grandes arquitectos y diseñadores, celebrados sujetos masculinos del siglo XX, la artista no se mueve, aunque sí lo hace la cámara, y así, poco a poco, el espectador nota su cabeza rapada producto de la quimioterapia para tratar el cáncer. Un abismo imposible, se podría pensar, es el que confronta el cuerpo vestido y enfermo de la mujer frente a la heroica y patriarcal modernidad.

Pero las referencias de Gruner, como lúcidamente da cuenta la exposición, no se quedan en México y su modernismo. Instaladas en la tercera sala del recinto, cuando el video 500 kg de impotencia (o posibilidad), como lo notó Gabriela Rangel, bien se podría leer en relación con la famosa obra de Robert Smithson Spiral Jetty, en las fotografías de Bauhaus para monos (2011), las citas del minimalismo de Eva Hesse pero también del de Donald Judd hablan justamente del devenir de una artista que desde México y América Latina se refiere desde dentro y afuera a los discursos posestructuralistas del arte, indicando al mismo tiempo su contingencia en la actualidad. Así, como lo notó Anna C. Chave al analizar justamente la obra de Hesse en relación con la biografía y el feminismo, en el trabajo de Gruner la respuesta a la pregunta de Foucault derivada de la Samuel Beckett fue y sigue siendo: sí importa, y crucialmente, quién habla.

FLORENCIA SAN MARTÍN

Silvia Gruner, por Florencia San Martín | artnexus