Entrar a la exposición de Saúl Sánchez es sentirse motivado por una mirada estética autoral reflexiva acerca de algunos movimientos que se conformaron en el siglo XX, en el orden abstracto. Esto para nada es una reiteración de los mismos ni las obras son frías, ni rigurosas. Como el título de la exposición lo indica, Uno tras otro, los trabajos de Sánchez presentan las investigaciones y reflexiones del autor en torno tanto al proceso pictórico como a las facetas que las teorías de ciertos movimientos explicitan. Saúl Sánchez no se dedica a los revivals que van teniendo vigencia a medida que corre el calendario contemporáneo, como en este momento de nuestro siglo XXI, cuando se ha vuelto a atender al arte cinético y al op-art, entre otros. Él es un artista incitado por la investigación de orientación personal-conceptual estructurada en el constructivismo y sus derivados, concentrados en dos factores: forma y superficie. El lector se preguntará si no hay confusión en el entretejido de dos o más movimientos; la respuesta es que no hay confusión alguna. Las obras son límpidos individuos que se recortan sobre las paredes de la galería.

En torno a esta exposición –el artista nació en Colombia y se radicó en Nueva York, donde está terminando su máster–, enfoca las teorías y plasmados visuales del suprematismo. Se concentra en el cuadrado y el rectángulo, en los trazados en vertical y en horizontal, y desarrolla inclinaciones diagonales, simetrías y asimetrías. Una mirada general aparenta una repetición de estos elementos de trabajo y de las obras. Una mirada en detalle va revelando las delicadas variantes entre cada uno de ellos. Un ejemplo que concentra todas las buenas especulaciones de Sánchez se encuentra en la serie Cuadrado con pintura azul ultramarino, de ochenta por cincuenta y siete centímetros, y de un metro por un metro. La riqueza natural del lino (por más procesados que estén en la actualidad casi todos los materiales) brinda un territorio un tanto neutral al acento intelectual que propone Saúl Sánchez. La presencia o ausencia de marco confirma las reflexiones del autor. Las comparaciones de las posiciones factoriales, así como una dinámica de diferentes dimensiones totales de cada pintura y de sus núcleos, explican el análisis caso por caso –“uno después de otro”–, como si uno hubiera estado en el taller del artista a lo largo de los tiempos en que realizó estas pinturas y pudiera ver qué plantea en una, cómo la termina y con cuáles resultantes enfoca la siguiente con variantes sutiles que no abandonan el discurso de desmontaje que lo ocupa. Por ende, el proceso de realización de la obra, el hecho de pintar y cómo lo desarrolla son aspectos que Saúl Sánchez exterioriza.
Los muros sostienen pinturas dentro de cuyas aristas –que se cruzan en ángulos rectos– se desarrollan escenas analíticas. La percepción del pincel o la espátula no está presente; por el contrario, es la aplicación de spray que deja su huella. El espectador recibe un envolvente abrazo de linos sobre los cuales el artista ejerció óleos y acrílicos, todos en la misma gama de colores: azul, blanco. Uno de los factores de alteración está jugado en un tono azul claro (también llamado celeste) que no es parejo y que surge de la aplicación gesticulante y desvaneciente del material en el envase de metal. El blanco ocupa una función y una zona: hace de cinta para delimitar el cuadrado esencial ya citado y alude al tape que forma parte de los materiales y recursos utilizados en el arte conceptual y en los otros movimientos aquí involucrados. Esa delimitación-pintura blanca-tape se posiciona cuadrada, centrada, descentrada, inclinada, de las mismas dimensiones o de lados irregulares. Sus cuatro esquinas son diferentes en cada pintura. La cinta –jugada con pintura– se muestra como si estuviera trozada a mano. En el lenguaje de la crítica de arte se suele decir “los colores están sucios”. Aquí, por el contrario, la intención es mostrar una desprolijidad buscada, provocada, que alcanza un aspecto etéreo, antiperfeccionista y postmovimientos impecables, aunque utilizando buena parte de aquellos recursos a la manera de dichas estéticas. Hay quienes insisten en que sólo el tiempo dirá en definitiva cuáles son aquellas obras de arte que han marcado la historia. En esta exposición Saúl Sánchez se apega a revelarnos cuáles son los movimientos que para él han marcado la historia.
GRACIELA KARTOFEL
