La exposición de Sandra Cinto en la galería Casa Triângulo se llamó Acaso e necessidade y reunió obras que incentivaron mucho al público visitante. En el marco de los veinticinco años de trayectoria de la artista y de la inauguración de la nueva sede de la galería en la calle Estados Unidos 1324, en São Paulo, la muestra presentó una instalación y un conjunto de seis obras sobre papel.
La instalación, en diálogo con el espacio arquitectónico, ocupaba la gran sala de la galería y constaba de dos telas de 300 x 750 cm, colocadas frente a frente, cada una de ellas en una de las paredes principales de la sala. También formaba parte una pieza tridimensional, en madera blanca, dispuesta como un divisor entre las dos telas, pero directamente conectado con ellas en la formación del significado de la obra. La pieza tridimensional era un puente que, en una de las extremidades, presentaba un caballito de juguete, y en la otra, una silla mecedora, tal vez en alusión al recorrido de la infancia a la vejez.

Con gran sensibilidad y cuidada ejecución técnica, las dos telas ejercían un impacto en el espectador, con sus tonos azules y blancos, sugiriendo paisajes, pendientes de montañas por las que escurre agua en abundancia. La elaboración de las telas se hizo con un trabajo de aplicación de yeso sobre el tejido blanco, que después se lija para crear la textura porosa de la superficie, donde entonces se salpica agua teñida con pigmento azul. Por entre las formas generadas, la artista dibuja, inscribe el trazo delicado y minucioso con un bolígrafo especial que ella llama “bolígrafo permanente”. La obra es una pintura-dibujo o un dibujo-pintura. Los dos medios de expresión artística se funden, constituyendo un lenguaje estético peculiar, y envuelven al espectador por su belleza y sensibilidad. De inmediato se nota que hay casi un ritual en el proceso de elaboración de cada tela: la artista salpica el agua sobre su superficie, desde un andamio. Al arrojar el líquido se producen los efectos del azar, manchas que recuerdan las caídas de agua en medio de la geografía de las montañas. Sólo después de salpicar el agua y fijar la mancha, Sandra Cinto trabaja dibujando. La necesidad es interior, una fuerza motivadora, gestual, pulsión creadora.
De la imagen de las grandes telas nacen la sensación de inmensidad y un sentido de pujanza de la naturaleza. El agua, uno de sus elementos vitales, es la fuerza del “paisaje”, de este lugar imaginado, territorio de devaneos. El paisaje, aquí, más que nunca, tiene su sentido más general: lugar constituido por elementos naturales observados a partir de un punto determinado. Es una elegía de la artista a la naturaleza, a la vida, es puro lirismo.
El sentido de la obra se completa con la pieza tridimensional que representa un puente de unión o una referencia de separación del fluir de las aguas, construyendo una metáfora del flujo temporal de la vida.
El conjunto de seis obras (dibujos-pintura sobre papel washi), expuesto en la sala contigua a la de la instalación, presenta la misma búsqueda: tenemos el azar de la mancha creada con la aspersión del agua teñida de azul. Pero ahora el soporte es el papel japonés, un papel denso. Entre las manchas creadas, la artista inscribe igualmente el dibujo. Frente a estos trabajos sentimos el límite entre la abstracción y la figuración, nos vemos envueltos en un juego de identificación de formas, como se hace cuando se observan las nubes en su movimiento en el cielo. Sólo que la percepción nos remite, aquí, a montañas muy altas. También aquí, el agua es la materia principal en el proceso creativo.
Hay un cierto japonesismo en la obra de Sandra Cinto, hecho ya señalado por la crítica a lo largo del tiempo. En estos trabajos expuestos en Casa Triângulo, este tema se presenta con gran fuerza, por la circunstancia especial de que esta fase nació después de que la artista pasara algunos meses en Japón, donde vivenció el fuerte impacto de la cultura oriental. Allá, ella pudo investigar cómo se procesa la tintura de los tejidos y conocer los significados actuales de esa técnica milenaria.
El título de la muestra –Acaso y necesidad– viene, por cierto, de un pensamiento zen budista. La exposición revela un sentimiento zen experimentado por Sandra Cinto; indica, igualmente, la gran madurez de su obra en este momento de su trayectoria. Hace ver lo intensa que es la reflexión estética que provoca en el espectador, impulsando su potencial de elaboraciones. Esta riqueza que viene de su trabajo remite a otros momentos de su obra, y esta dialéctica constituye un rasgo destacado en el trayecto estético de la artista.
El agua, como las nubes en una fase anterior, o las olas del mar revuelto, en otro momento de su recorrido, tiene una función metafórica: significa el flujo vital de renovación, el trayecto del tiempo; tiene una ontología, es imagen poética. Hay una cosmogonía intuitiva en el trabajo de Sandra Cinto. El agua, como el aire –elementos de la materia–, hace nacer fantasías, mensajes de orden metafísico, imaginación creadora de resonancias sentimentales.
LISBETH REBOLLO GONÇALVES
