La antología Buenos Aires-París-Buenos Aires de Roberto Plate (Buenos Aires, 1940) en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) recorrió cincuenta años de fecunda trayectoria del artista, residente en Francia desde 1970. La exposición, con curaduría de Raúl Santana, desplegó más de cien pinturas de diversos tamaños y piezas relacionadas con su tarea de escenógrafo, así como la recreación de varias emblemáticas instalaciones conceptuales de los años sesenta.
El artista pertenece a la generación que surgió al reconocimiento público a través del Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella (1963-1970), y que luego se fue del país por el creciente clima represivo. Pero, a pesar del golpe militar de Juan C. Onganía (1966) y la intervención de la Universidad, la década del sesenta fue una etapa de notable trabajo artístico, intelectual y político. Esta muestra “tiene algo de reparación histórica. Plate, como tantos artistas, tuvo que abandonar la Argentina en los años sesenta, expulsado por las diferencias políticas que había entonces. Hoy, el mismo Estado que lo invitó a irse, lo recibe con los brazos abiertos y lo pone en valor”, señaló en la inauguración Andrés Duprat, flamante director del MNBA.

El viaje entre París y Buenos Aires comienza casi en el ingreso al museo con la instalación Los ascensores, en la planta baja, bien alejada del Pabellón de exposiciones temporales donde estaba albergada la muestra. El observador que no conoce el museo hará cola para subir o pasará de largo frente a las puertas de los presuntos elevadores (que no van a ningún lado), pensando que son un dato de la arquitectura del lugar y no una obra instalada. Cuando se vio por primera vez en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en 1967, suscitó comentarios de todo tipo.
Luego, la pintura se impone y su presencia se multiplica en la gran sala de exhibición, que incluye dos secciones dedicadas a una serie de obras con tinte erótico y a documentos que contextualizan el itinerario del artista y dan cuenta de sus trabajos en Europa y Argentina, con cortos y videos que recopilan entrevistas, registros de exposiciones anteriores, instalaciones, escenografías, su trabajo en el taller.
Pintor distinguido y persistente, como bien se verifica en la generosa pintura exhibida en diversos formatos, Plate pinta sin boceto previo y suele ser autorreferencial. Semblante y figura del artista, fragmentos de su presencia, dominan y pueblan desde distintos e inusitados ángulos las telas, algunas repletas de coloridos gestos, otras habitadas por sutiles formas. “Lo visible que rodea a Roberto Plate en su taller de París: caballete, bastidores, pinturas, tarros y pinceles –ese mundo olfativo y retiniano entrañable para el artista–, materiales que siendo siempre los mismos le han permitido a lo largo de su vida de pintor y escenógrafo evocar las cosas más dispares del mundo, han sido su constante punto de partida para poner en marcha su cuerpo, ese otro gran protagonista que completa el milagro de su pintura”, apunta Santana.
La instalación Reflejos –nueva versión de la presentada originalmente en París en la década del noventa– culmina y resume su amor por el oficio de la pintura. En un recinto cerrado hay veinte pequeñas y vibrantes pinturas –como salidas de los pomos– colgadas que se espejan en lo que aparece como una pileta, con colores oscuros del tono del líquido que queda tras el lavado de pinceles; en el centro, desde el techo, baja un gran pincel. Frente a la obra, el observador termina de zambullirse en la pintura del artista.
Sin embargo, una instalación le cambió a Plate la vida. La pieza (¿se llamaba instalación entonces?) Baños públicos (Instituto Di Tella, 1968) fue clausurada por la Policía de la entonces dictadura, y el artista saltó a la notoriedad. Al igual que en Los ascensores, lo mimético es central aquí. Baños públicos era una construcción con puertas con las siluetas de mujer y hombre, que se abrían a un espacio con paredes blancas y sin sanitarios. Estaba diseñado para que los visitantes circularan y escribieran leyendas en los muros interiores. Escribieron frases de todo tipo, pero fueron las protestas de tono político las que, principalmente, causaron su censura. Unas fajas judiciales, junto a una custodia policial permanente, impedían el ingreso a Baños…; aquí se ven las puertas junto una gigantografía del momento de la clausura policial. En señal de protesta, el resto de los artistas participantes retiraron sus obras y las destruyeron frente al Instituto, en la calle Florida.
Artista multidisciplinario, Plate estaba vinculado como actor al happening y el teatro, a arriesgadas creaciones colectivas en el Di Tella y al director Alfredo (Rodríguez) Arias. Tras su partida a París, Plate se integró al grupo teatral TSE y se convirtió en reconocido escenógrafo. Con catálogo, tapa dura, profusamente ilustrado y textos del curador, también de Marguerite Duras, Carlos Espartaco.
VICTORIA VERLICHAK
