Exposición Individualjun 2016 - ago 2016· Por Elvis Fuentes

Roberto Diago

Magnan Metz

Ciudad en ascenso es una instalación de casitas de madera quemada que Roberto Diago presentó en Mattress Factory, de Pittsburgh, en 2010. Distribuidas por el piso y la pared, ocupando el espacio posterior de la galería Magnan Metz en ocasión de su exposición personal Marca en la memoria, las casitas ennegecidras muestran el brillo de la superficie carbonizada. El fuego ha hecho de ellas un dibujo infantil un tanto dramático, que ahora se expande teatralmente dejando apenas pequeñas brechas para que el espectador sortee las acumulaciones. A medida que uno se adentra en la obra se perciben zonas en las que emerge aleatoriamente el color natural de la madera donde el fuego no alcanzó a llegar.

Exposición Individual: Roberto Diago — imagen 1
Roberto Diago: Sin título, de la serie Variaciones de Oggún, 2010. Medios mixtos. 5 piezas: 198 x 149 cm (78 3/4 x 59 1/16 pulgadas) cada una.

Interesado en zonas de la marginalidad, en particular vinculadas al racismo en la sociedad cubana, Diago ha empleado los materiales pobres reciclados para muchas de sus obras desde que comenzó a despuntar en la década de los noventa en Cuba. Entonces la profunda crisis económica lo obligó a adoptar una estética de la pobreza, que si bien representa un riesgo de estereotipo, aún persiste en esta ciudadela desperdigada, como los barrios que rodean las capitales en los países tercermundistas, y en el resto de las piezas en la muestra, donde coexisten materiales duros y blandos, metales y telas.

Destacan por su fuerza cinco obras de gran formato de la serie Variaciones de Oggún (2010). Oggún es una de las deidades (orisha) del panteón afrocubano de la santería, que se conoce por ser un guerrero y padre protector, dueño del hierro y de las herramientas y armas. Realizadas con planchas de metal soldadas rudimentariamente, estas piezas han sido colocadas codo con codo en la pared que enfrenta el espectador al entrar en la galería. De este modo, se perciben como un enorme muro protector. Las planchas pintadas de colores planos y bruñidos por el roce del tiempo producen un efecto agradable. Pareciera que el muro se convierte en una enorme cortina de retacería, otra técnica asociada con la carencia.

Sin embargo, el elemento formal más relevante en la realización de las Variaciones de Oggún es la soldadura que une las planchas. Lejos de querer disimular la juntura, Diago la pone de relieve. Esta elección estética tiene una razón simbólica. La soldadura viene a representar el queloide, una protuberancia epidérmica que se genera al cicratizar una herida. En Cuba dicha marca se entiende como una huella de la sangre mestiza en el portador. En 1997, una exposición pionera en abordar el tema del racismo en la Isla adoptó ese término como título. Diago participó en dicha muestra.

La protuberancia en la superficie del metal mediante la soldadura tiene un correlato interesante en una de tres obras en blanco, realizadas en tela, también de gran formato. Son estas producciones las más recientes del artista, fechadas en 2015. Sobre un fondo realizado a partir de rectángulos y cuadrados que muestran las hilachas en sus bordes, Diago colocó especies de trenzas, también con hilos. El queloide blanco no sirve para unir las partes del cuadro, sino que se superpone al fondo como un añadido fuera de lugar. Es también blando, aunque también de apariencia rudimentaria. Probablemente de esta forma Diago alegoriza el privilegio racial blanco. Las otras dos piezas combinan los retazos rectangulares con franjas finas verticales, que dinamizan la superficie del cuadro sin dejar de tener un efecto decorativo.

Roberto Diago forma parte de una generación de artistas cubanos que ha colocado temas de índole social como el racismo en el centro de sus búsquedas temáticas. Graduado de la Academia de San Alejandro en 1990, desarrolló pronto un lenguaje afincado en el expresionismo neofigurativo, en deuda con Antonia Eiriz, quien quemaba y sometía a grandes rigores las superficies de sus obras. Diago entendió que dicho lenguaje era el apropiado para abordar una sociedad en la que rápidamente salían a flote las desigualdades tras el espejismo de la bonanza soviética.

A diferencia de muchos contemporáneos, interesados en una vuelta al oficio de la pintura, Diago se dedicó a producir obras diáfanamente brutalistas, enfocado en la carga simbólica de los materiales. Después de adoptar este lenguaje áspero comenzó a explorar los temas de la raza, pero cada vez más desde una perspectiva centrada en su dimensión formal. Es por ello que su obra reciente se ha ido desprendiendo de alusiones directas como el empleo de textos y figuras humanas negras, que caracterizó su trabajo por más de una década. Diago ha enfatizado en la simbiosis de los materiales empleados y en ciertas formas significativas. En este contexto, la soldadura del metal y la sutura de la tela son metáforas de la cicatrización, como las marcas del dolor en la memoria de los afrocubanos.

ELVIS FUENTES

Roberto Diago, por Elvis Fuentes | artnexus