Prohibido Olvidar

Fernando Arias. Humanos Derechos, 2011. Esculturas en bronce. Dimensiones variables. *

Colectivajun 2016 - ago 2016· Por Ricardo Arcos Palma

Prohibido Olvidar

Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá

“PROHIBIERON IR A LA ESCUELA, E IR A LA UNIVERSIDAD;
prohibieron las garantías y el fin constitucional,prohibieron todas las ciencias excepto la militar,prohibiendo el derecho a queja, prohibieron el preguntar,hoy te sugiero mi hermano para que no vuelva a pasar,prohibido olvidar”.Rubén Blades, “Prohibido olvidar”

En estos momentos históricos donde nos disponemos a adentrarnos en momentos de paz, donde se habla de perdón, es importante no olvidar. Y no olvidar es sin duda enfrentar la memoria de este país, de este continente que ha sufrido de una amnesia crónica, en el cual el olvido ha sido justamente una constante, como si esa famosa peste del olvido ocasionada por la enfermedad del insomnio, enunciada magistralmente por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, aún siguiera generando estragos en la memoria de estos pueblos. Prohibido olvidar es el título de la muestra colectiva que se exhibió en el MAC (que, a propósito, cumple 50 años de creación) durante febrero y marzo del 2016, y es, en palabras de su curador, Juan David Quintero, “una invitación a despertar, a mantener nuestra historia viva y vigente, a no cometer los mismos errores, a encontrar la igualdad de una sociedad que de alguna forma se ha perdido, y lo más importante, a luchar por la dignidad y el derecho a vivir libremente”1. Esta exposición plantea desde su título mismo una prohibición, que hace frente a una serie de prohibiciones, las cuales paradójicamente, apuntan a propiciar el olvido. La muestra traza un breve pero contundente recorrido por algunas obras de artistas de Chile, México y Colombia, países que de una u otra manera se han visto emparentados por la violación sistemática de los derechos humanos dentro de una ambiente de dictadura (Chile) y violencia exacerbada por el narcotráfico (México) y el conflicto político de una guerra civil que dura más de cincuenta años (Colombia). Los artistas, seleccionados por una juiciosa mirada curatorial, propician una reflexión actual sobre lo que significa rememorar.

Colectiva: Prohibido Olvidar — imagen 1
Fernando Pertuz. Responsabilidad social, 2016. Instalación: pintura, velón y textos en chocolate. Dimensiones variables. *

Comencemos por la obra de Fernando Arias, Humanos derechos (2011); una serie de figurillas en bronce (cuatro) de dimensiones variables muestran una secuencia donde en la izquierda vemos un personaje vestido de militar con su uniforme y armamento. Poco a poco este personaje se va desvistiendo en las otras figuras hasta quedar completamente desnudo. Y erguido, con sus dos manos en su espalda. En esta obra se genera una extraña relación especular donde quien está armado en efecto se desnuda mostrando en sí su fragilidad. Sin embargo hay otra lectura que se desprende de esta obra, y es la confrontación de quien está desnudo y no tiene armas y además cruza sus manos detrás de sí, como poniendo el pecho a quien sí mantiene su arma y su uniforme. Esta obra insiste en la violación de los derechos humanos por parte de los militares que de una u otra forma se han visto implicados en esta serie de lamentables y condenables circunstancias. Arias logra mostrarnos una obra realizada con una técnica tradicional como la escultura en bronce, señalando un asunto complejo de la actualidad política.

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Fernando Pertuz. Responsabilidad social, 2016. Instalación: pintura, velón y textos en chocolate. Dimensiones variables. *

Responsabilidad social (2016) es el título de la obra de Fernando Pertuz, uno de los artistas, a mi juicio, más importantes en Colombia por su compromiso político desde hace poco más de veinticinco años. Su obra es un cuestionamiento al perverso altruismo que enarbolan las multinacionales, que encubren una explotación colonial milenaria de los recursos naturales de nuestra región. El artista nos dice al respecto: “La Responsabilidad Social es una estrategia publicitaria que han utilizado muchas multinacionales para ocultar desastres naturales, explotación laboral, abuso con la extracción de recursos, mal uso del suelo, control territorial y por consiguiente control sobre la vida”. La obra toma todo un muro, y con chocolate se reproduce el logotipo de las cuatro grandes empresas de chocolates. Un velón de chocolate como símbolo de la muerte espera prenderse, mientras en la parte baja se reproducen unos dibujos realizados con chocolate de niños trabajadores en plantaciones de cacao. En la parte superior, con una letra de molde, el artista escribió igualmente con chocolate “Gracias a estas CorpORACIONES…” generando una fusión entre la plegaria religiosa acentuada por el velón y la corporación multinacional. Esta obra se enmarca dentro de un proyecto del artista denominado Oro de las colonias, donde “lingotes” realizados con materiales como cacao, café, tierra, entre otros, acentúan el problema de lo que Mariategui llamó en la primera mitad del siglo XX el colonialaje, que aún padecemos.

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Catalina Mena. Trilogía, 2014. 3 diferentes cuchillos de cocina usados y bordados con hilo de poliéster dorado. 46 x 46 x 5 cm (18 7/64 x 18 7/64 x 1 31/32 pulgadas). *

Edison Quiñones es otro de los artistas convocados, y con sus obras Proyecto Falso O+ Relatos en hechos violentos (2015) y Zapato hecho con fémur humano y otras cositas (2015-2016) logra reflexionar críticamente sobre un periodo que azotó y aún sigue azotando nuestra realidad nacional: las acciones paramilitares que atentan contra la población civil. En la primera, un testimonio pegado en la pared de un paramilitar desmovilizado que pretendía acogerse a la ley de Justicia y Paz propuesta por el Gobierno realiza una cronología de su prontuario criminal frente a la Fiscalía. Lo que nos aterra es ver cómo este personaje, que era un vendedor de frutas en un pueblo del departamento de Antioquia, es reclutado por las Autodefensas siendo muy joven, bajo la amenaza de muerte, y antes de los 13 años de edad ya había iniciado un curso de comandante. Luego realiza un viaje por todo el país, allí donde la presencia guerrillera es fuerte. La narración de los hechos nos deja helados: definitivamente la guerra es terrible. Y como para contrastar esto, la segunda obra muestra restos humanos óseos que son usados para realizar una flauta, un collar con sonajero y unos zapatitos. Una lección fuerte, sobre todo ahora que los paramilitares han vuelto a tomar fuerza frente a una posible negociación pacífica del conflicto armado y político entre las guerrerillas y el Estado. Sin duda una de las obras más impactantes por su crudeza.

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Edison Quiñonez. Zapato hecho de fémur humano y otras cositas, 2015 – 2016. Escultura. Dimensiones variables. *

Trilogía (2014) es el título de la artista chilena Catalina Mena. Tres cuchillos empleados generalmente por carniceros son dispuestos aquí sobre la pared a manera de triángulo. Sobre cada lama, la artista ha perforado con puntitos unas letras que forman las palabras búsqueda, destino, vida. La fuerte alusión a las muertes violentas y a los desaparecidos es aquí contundente. Un hilo amarillo une los tres cuchillos y deja entrever cómo se filtra entre los agujeros que forman las letras v e i de la palabra vida. Este trabajo se desprende de su obra Léxico doméstico, donde cuchillos con palabras grabadas en sus lamas son dispuestos sobre la pared como un adorno o directamente colgados del techo a manera de lámpara generando una extraña sensación de belleza y horror. Las palabras, en este caso, cobran otro significado y devienen literalmente hirientes y casi mortales.

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Francisco Peró. Está escrito que..., 2015. Silueta acrílica, siluetas en papel y punta seca. Dimensiones variables. *

Luz María Sánchez, de México, reflexiona plásticamente sobre el problema del crimen organizado que azota este país. Su obra V.F(i)n* (2015-2016) es un dispositivo visual y sonoro que a manera de armas reproduce una serie de balaceras registradas por civiles con sus teléfonos móviles. Estas grabaciones sin editar, según la artista, se suben a la red y escapan a los sensores que pueden ser los medios de información o de propaganda de las bandas criminales. Veinte registros acústicos se reproducen en veinte pistolas, y los espectadores “empuñan” el arma para escuchar las grabaciones. Una extraña relación se crea cuando los espectadores se llevan a su oído el arma empuñada. Esta escultura sonora logra abrir una puerta frente a la sensibilidad, dado que los sonidos de metrallas y otras armas de fuego dominan la vida cotidiana de buena parte de los habitantes de este país, inmerso en una cruda violencia donde las mafias siguen haciendo la ley. La artista nos dice que estas “balaceras grabadas por ciudadanos atrapados en combates entre fuerzas del orden y crimen organizado en territorio mexicano” son una manera de manifestar su voz, acallada incluso por los medios de comunicación, pues en realidad son ellos las verdaderas víctimas que se encuentran entre dos fuegos.

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Luz María Sánchez. V.F(i)n*, 2015-2016. Instalación/escultura sonora multicanal. Dimensiones variables. *

Está escrito que… (2015) es la obra con la cual Francisco Peró, de Chile, nos pone a reflexionar sobre el asunto de la violencia policial y represiva del Estado. Una gran silueta en negro nos hace vislumbrar algunos cuerpos: podemos reconocer sin dificultad los cuerpos policiales que golpean con sus escudos y matracas a personas indefensas. Esta imagen tanta veces vista es reconocible por cualquiera. Como si fueran mariposas, otras siluetas de papel, pero esta vez blancas y mucho más pequeñas que la anterior, reproducen la misma escena. La idea es que el espectador encuentre las siluetas en una mesita y/o repisa sobre la pared roja que soporta todo el dispositivo visual, y escriba en ellas relatos violentos relacionados con la imagen. En esta obra participativa vemos cómo la pieza se va elaborando poco a poco, instaurando un relato de denuncia. Esta es una obra sencilla pero contundente por darle la voz al público.

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Chócolo. Árbol genealógico de la Violencia, 2016. Intervención in situ en los muros del museo. Dimensiones variables. *

Finalmente, Chócolo y su dibujo en la pared Árbol genealógico de la Violencia (2016), nos muestra una columna vertebral y su región lumbar como soporte de un follaje rojo del cual se desprenden unos cráneos a manera de frutos. Dentro de la iconografía propia de la caricatura, el artista logra con humor e ironía señalar el asunto de la violencia que padece nuestro contexto como algo trágicamente genealógico. Nada que hacer, parece insistir el artista pues el árbol de la sabiduría ha sido reemplazado por el árbol de la muerte.

En definitiva esta muestra logró su cometido al insistir en el no olvido, pues olvidar es absolutamente peligroso.

NOTA

1. Juan David Quintero, propósitos extraídos del plegable de la exposición.

* Cortesía Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá. Fotografías: Alejandro Triana.

RICARDO ARCOS-PALMA

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