Superficies tangibles (Surfaces tangibles) es el título de la instalación de Oscar Lloveras (Buenos Aires, 1960), en el Musée des Arts et Métiers (Museo de Artes y oficios) de París. El evento es inusual no sólo por el tamaño de la obra sino también por su ubicación a la entrada de la tradicional institución. La estructura espacial de líneas en expansión planeada con materiales ligeros se despliega a una altura que varía entre los cinco y dieciséis metros y cubre más de ochocientos metros de superficie.

El trabajo remite a las formas más recientes del diseño manteniendo el respeto por las tradiciones. Las tres alas básicas realizadas en tela poliamida de alta resistencia están suspendidas y mantenidas por cuerdas en tensión. Esto constituye un hallazgo importante pues este material se emplea en misiones de oceanografía para búsquedas en profundidad que requieren alta resistencia. A este elemento primordial se ajusta la realización inspirada en formas naturales, raíces, hojas de la vegetación, aerodinámicas u acuáticas. Las partes provocan una visión contemplativa y se adaptan perfectamente a la estructura edilicia sin modificarla. El viento, la luz y los accidentes de la intemperie hacen parte de las modificaciones del conjunto. Continuando con esta dinámica y reglas ecológicas, la coloración ha sido producida con pigmentos naturales fijados con alcohol. Todo ello concuerda con el mensaje de respeto por el medioambiente que Oscar Lloveras quiere lograr.
Inicia su práctica artística a los 14 años, cuando entra a la escuela de Bellas Artes de Buenos Aires. Y luego de Escultura en la Sorbona (París). Realiza también estudios de Antropología en la capital francesa. Su formación se vio complementada posteriormente por la Medicina y la Kinesiología. Su interés por las religiones y la escritura oriental lo lleva a conocer Japón y a investigar sobre los orígenes del sintoísmo y budismo.
Dentro de su línea de trabajo se encuentran las problemáticas sobre la sociedad, la fuerza e implicancia de la energía, la relación del hombre con su entorno y la noción de temporalidad. Él mismo ha realizado tareas y obras monumentales para la comunidad donde ha residido y formado a los jóvenes en la actividad.
Los lugares elegidos para producir las primeras instalaciones del género también se corresponden con la búsqueda de un medioambiente y de este grupo social que convive en armonía con la naturaleza y mantiene valores de respeto por la ecología. Las estructuras son producto de un trabajo social. Entre sus antecedentes más importantes figuran esculturas monumentales realizadas durante sus residencias en Japón –en Kamiyama– en 1999, otras en 2013; y la participación en el Festival de energías renovables de Pensilvania, en 2010.
Luego de haber producido tallas en piedra y madera deja lugar a la imaginación con este nuevo tipo de estructuras que se integran tanto a la naturaleza como al urbanismo. La percepción de vacío y pleno, durabilidad e inestabilidad, sombra y luz es completada por el espectador que interactúa con la obra en su desplazamiento. Este tipo de obra espacial está ligada a la noción de armonía en relación con el espacio que lo alberga. En su ejecución colaboraron estudiantes y la asociación Monotsukuri de la Universidad de Kagawa.
Oscar Lloveras encuentra también en la literatura japonesa innumerables claves estéticas en una suerte de ritual. Lloveras no deja de lado ningún aspecto y trata todos los elementos con particular atención. Se integra así a la lista de artistas que llegaron a la universalidad a través del respeto por la cultura local y que buscaron nuevos destinos filosóficos y explicaciones sobre esencialidad humana. La integración de los elementos está asociada con un contenido humanístico y con una actitud de compromiso. Esto último también puede leerse como un referente latinoamericano.
La obra se corresponde con un espíritu de nomadismo, inteligencia y proyección poética. La técnica colorística es particularmente original pues los pigmentos naturales son fijados con alcohol, y la materia ha sido creada especialmente para esta construcción. El logro es aún mayor si agregamos que los lugares históricos de esta envergadura permanecieron largo tiempo ausentes de estas posibilidades de intervención. Dicho museo, instalado en la abadía de Saint-Martin-des-Champs, conserva el conjunto de máquinas, dibujos y documentos de las principales invenciones de los siglos XIX y XX. Éste es un lugar clave de la historia de Francia, y numerosos estilos arquitectónicos se han superpuesto durante su transformación. La invitación a realizar esta propuesta es también parte de nuevas políticas culturales del museo, mientras que se inserten en la línea ya establecida pues su objeto es salvaguardar el patrimonio científico y técnico contemporáneo.
La obra se prolonga en la ciudad pues es vista desde el exterior. Un espiritualismo y una metafísica se articulan en la visión de una realidad superpuesta a otra: una arquitectura a otra.
SUSANA SULIC
