El arte, así como el saber humano, vive la urgencia de un debate ecológico eficaz. Con curaduría de Felipe Chaimovich, la muestra Natureza franciscana (Naturaleza franciscana), en el Museo de Arte moderno de São Paulo, presentó una noción contemporánea de la relación colaborativa entre la naturaleza y el ser humano. La muestra fue organizada a partir de las estrofas del Cántico a las criaturas, canción escrita por Francisco de Asís, entre 1220 y 1226, reconocida como texto precursor de los asuntos referentes a la ecología.
Para contemplar el paradigma arte/ecología, el curador seleccionó de la colección del museo 18 obras directamente relacionadas con la naturaleza, y 19 obras prestadas, totalizando 37 trabajos exhibidos en diferentes soportes: fotografía, dibujo, grabado, video, libro de artista, instalación, obra sonora, objeto, escultura y bordado.

“Las obras se originan de relaciones con los elementos descritos en el Cántico: sol, estrellas, aire, agua, fuego, tierra, enfermedades y tribulaciones, y, finalmente, la muerte”, explica Chaimovich, estudioso de la obra de Francisco de Asís desde hace quince años. El curador ha presentado muestras sobre arte y ecología anteriormente, incluso en el mismo museo, como Ecología y el Festival de Jardines del MAM en el Ibirapuera, en colaboración con Chantal Colleu-Dumond, curadora del Festival Internacional de Jardines de Chaumont-sur-Loire, en 2010. El MAM también exhibió las muestras Morada ecológica y Razón y ambiente, curadas respectivamente por Dominique Gauzin-Muller y Lauro Cavalcanti, ambas en el 2011.
El objetivo de la curaduría no fue simplemente proponer una apología a un “arte ecológico” o un retorno romántico a la naturaleza. Se buscó, sí, reconocer y comprender la producción crítica y creativa que dialoga con los principios éticos y valores de la ecología profunda, como el trabajo del artista Frans Krajcberg, que en la muestra presentó un relieve en papel artesanal (1981) con la imagen de una hoja impresa. Reconocido por la intensa investigación y utilización de elementos de la naturaleza en su obra, y por su compromiso con la defensa del medioambiente, Krajcberg enfocó su recorrido artístico en la imbricada trama entre vida personal y artística, denunciando la deforestación de la selva amazónica y de la mata atlántica en el extremo sur de Bahía (en donde fue a vivir bastante aislado).

La obra de Krajcberg está entre los trabajos organizados en la exposición para representar uno de los elementos citados en el Cántico a las criaturas (en su caso, la “tierra”). También representando la tierra se presentó una instalación, hecha en 1975, de Sergio Porto, compuesta por treinta cajas de cartón llenas de hojas y ramas de árbol empacadas en plástico, cartón y fotografías a color.
La muestra comienza con el tema del “sol”, representado por la fotografía a color Lámpara (2002), de la artista Lucia Koch, al lado de las fotografías en blanco y negro The celebration of light (1991), de Marcelo Zocchio, y de los doce libros de la serie I got up (1968-1979) del japonés On Kawara. Este último escribió, durante doce años, la frase I got up (me desperté) en tarjetas postales reunidas en esta obra.
En la sección dedicada al elemento agua, una mirada profunda hacia los asuntos ambientales pasa por la sutileza del trabajo de la artista Brígida Baltar, que presentó imágenes de la serie Recolección de la neblina (1998-2005), con escenas fantásticas y una atmósfera de sueño, casi sin color e irreal. También había en la muestra cinco dibujos en tinta china sobre papel (2004); la escultura de vidrio La recolección del rocío (2001) y el video Recolecciones (1998-2005), en los que la artista revela una aprehensión del mundo mediante la recolección de lo inaprehensible, como la neblina, el rocío y el olor a mar. Son obras en las que el ser humano no se hace presente, remitiendo al observador a asuntos existenciales y fenomenológicos.

El elemento agua también está señalado por las fotografías A line in the Arctic #1 y A line in the Arctic #8 (2012), del paulista Marcelo Moscheta, quien tiene como hilo conductor de su trabajo la disposición al enfrentamiento con los elementos retirados del paisaje. La experiencia de viajar y convivir en ambientes inhóspitos despertó su interés por retratar la memoria de un lugar, elaborando un procedimiento de clasificación similar al arqueológico y que transita, mediante el arte, en los territorios de la geografía y de la física.
Con materiales y técnicas poco comunes, las obras de Moscheta se enfocan en la noción de lo efímero y en los esfuerzos de la humanidad para comprender y recrear aspectos físicos y geográficos encontrados en ambientes naturales. “Estoy interesado en el paisaje como un sistema de representación donde el hombre puede medir su propio mundo”, afirmó el artista.

Moscheta realizó los trabajos de la serie A Line in the Arctic durante una de sus estadías en el Alto Ártico, en la isla de Spitsbergen. En esta obra, una línea de cinta adhesiva se estira en el suelo, en la tentativa de seguir el paralelo y el meridiano exactos hacia el norte, el sur, el este y el oeste. Pero la señal del GPS que tenía el artista era un tanto traicionera en tan altas latitudes, lo que genera una duda sobre la veracidad de la acción, pese a que lo marcado por el aparato se entendía como muy preciso. “Estas obras nos hablan de las fallas e incoherencias que tenemos en nuestra tentativa de medir y colocar el mundo en una retícula matemática sobre los parámetros que, en la mayoría de los casos, parecen dislocados de la situación real y característica encontrada en el paisaje natural”.
En contrapunto con las características sinuosas del agua, el fuego es simbolizado por el video Homenaje a W. Turner (2002), de Thiago Rocha Pitta. El video muestra la imagen de un pequeño barco que se incendia, remitiendo al trabajo de William Turner, con sus luminosas pinturas atmosféricas y marinas. Captado en 16 mm en una playa de la isla de Fundão, en Río de Janeiro, el trabajo se inspira en el cuadro Sepultura marítima. Además de la referencia directa a la pintura, el trabajo explora la experiencia de oponer fuego y agua directamente.

También dedicada al tema del fuego, la obra de la artista Shirley Paes Leme muestra los vestigios de humo sobre acrílico y sobre papel. Las imágenes abstractas resultantes de la exposición de estas superficies al humo revelan vestigios naturales, sueltos y libres en el mundo, que a partir de la obra devienen una propuesta estética. La sencillez no disminuye el efecto plástico de las imágenes, que, pese a ser abstractas, remiten en forma poética al fuego. Si los residuos son efímeros y pueden desvanecerse, el fuego en la obra de Shirley Paes Leme es capturado para posibilitar la comprobación de su existencia.
El elemento aire queda a cargo de la escultura Venus Bleue, del artista francés Yves Klein. Según el curador Chaimovich, cuando el astronauta ruso Yuri Gagarin declaró que la Tierra vista desde el espacio era azul, Klein vio confirmada su obra. Incluso, la idea de crear un azul único, con patente registrada (el IKB, Klein Blue), no era apenas un intento estético, sino una profunda comunidad con la infinitud azul del cielo, como un “loor al cielo y al aire”, a la manera del cántico franciscano.

Las estrellas están representadas por medio de siete fotografías del alemán Wolfgang Tillmans. En las imágenes, la luz aparece en sus diversas formas, desde escenas nítidas y contrastadas hasta campos monocromáticos. En las paredes, surgen como constelaciones contra un fondo claro, revelando el acto de cartografiar un universo de acaso e incertidumbre. Satélites, planetas y cometas siempre despertaron la atención del artista. Tillmans identifica con facilidad las constelaciones en sus fotos nocturnas, habilidad de quien observa el cielo con telescopios desde la infancia. Esa familiaridad con la astronomía le dio una comprensión geométrica de la luz; la composición de sus imágenes busca la conformidad con las leyes de la luz en sí.
Las enfermedades y tribulaciones son el tema de la instalación Dis-placement (1996-1997), de Paulo Lima Buenoz: en una sala con mobiliario, frascos de remedio, rosas, lona, tiza y tinta, el artista muestra los caminos por él recorridos a fin de conseguir los remedios para combatir los efectos del sida, antes del surgimiento de los cocteles anti-VIH. La artista Nazareth Pacheco exhibe una serie de fotografías en blanco y negro, que muestran la malformación congénita del labio leporino, dientes, rayos X y objetos de yeso. Finalmente, la muerte está representada por la última tela bordada por José Leonilson antes de fallecer, en 1993. Permeando la exposición, la instalación sonora Todo aquí (2015), de la artista Chiara Banfi, alcanza todo el espacio expositivo y comprende todos los elementos representados.

El pensamiento y el hacer sistemático y creativo del proceso de creación artística dirigido a asuntos ambientales surgieron en el conjunto de las transformaciones urbanas en las décadas del sesenta y setenta. En este período, el arte se interesó por una nueva lógica de las relaciones humanas y ambientales de manera crítica, sensible y auténtica, frente a los parámetros de masificación de las grandes ciudades. Algunos artistas del Land Art, Enviroment Art, Earth Art y otros nuevos y diversos lenguajes iniciaron un proceso de sensibilización en relación con el medioambiente y de nuevas posturas en relación con sus elementos, en algunos casos, rescatando o buscando preservar culturas ancestrales.
En la muestra Naturaleza franciscana, la relación entre arte y ecología se hace evidente frente a la postura ecológica fundadora de Francisco de Asís en la cultura occidental. En el pensamiento franciscano, el ser humano debe colaborar con los elementos naturales: la naturaleza no debe estar subordinada a los intereses humanos. En los últimos años de su vida, escribió el Cántico. En él, los diversos elementos naturales y las fases de la vida son acogidos como hermanos. Después de la muerte de Francisco de Asís, en 1226, los franciscanos incentivaron una nueva mirada hacia el universo, enfocando en él trazos de una geometría única que uniría el pensamiento humano a los elementos naturales.
En Brasil, aún son pocos los artistas que se valen de este repertorio en sus poéticas. Entretanto, ante la urgencia frente a la destrucción acelerada del patrimonio natural del país, para dar lugar al monocultivo y a la especulación inmobiliaria rural materializada en la cría extensiva de ganado, tal vez este número aumente significativamente.
ALESSANDRA SIMÕES

