Exposición Individualjun 2016 - ago 2016· Por Ricardo Arcos Palma

Leonel Castañeda

Espacio El Dorado

Desde de los estudios de anatomía de Berengario da Carpi (1521), Andreas Vesalius (1543), Jan Steven Calcar (1543), Jean Valverde de Amusco (1586), Gasparo Becerra (1556), Peter Hille (1576), Lucas Kilian (1639), Guido Guidi (1626) y Gérdard de Lairesse (1685) hasta la historia del arte, como The development of the study of antomy from the Renaissance to Cartesianism de Raphael Cuir, los textos filosóficos, como Ouvrir-Vénus. Le temps des images de George Didi-Huberman, pasando por supuesto por las obras de Leonardo Da Vinci (Estudios de anatomía), Rembrandt (La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp), ORLAN (Omnipresencia), entre otros tantos que sería largo citar aquí, El cuerpo de adentro es absolutamente fascinante, y Leonel Castañeda, en su exposición individual con la que se inauguró el nuevo espacio El Dorado, da cuenta de esta fascinación. Fascinación que no deja de ser problemática pues nos cuestiona sobre el gusto, ver lo que nunca vemos, es decir más allá de la belleza, que ya es una ideología como tal, como lo enunciaba ya Karl Rosenkranz en su famosa Estética de la feo (1850): “es en ese infierno de lo bello que queremos descender”. La exposición de Castañeda es un descendimiento al infierno de la belleza, donde lo siniestro (ese extrañamente familiar freudiano) nos invita a reconocernos en aquello que generalmente queremos negar: el cuerpo cadáver, el cuerpo vestigio.

Exposición Individual: Leonel Castañeda — imagen 1
Leonel Castañeda. Sin título, 2014 – 2016. Instalación y collage: fajas recolectadas en mercados del centro de Bogotá. Dimensiones variables. Fotografía: Oscar Monsalve. Cortesía Espacio El Dorado.

La exposición, repartida en tres niveles, plantea un recorrido por el cuerpo como hábito-fajas, el cuerpo como fragmento-archivo y el cuerpo como objeto-animal. En la primera parte, la sala estaba absolutamente en penumbra; tan sólo unos puntos de luz bien dirigidos enfocaban varias hileras de fajas, dispuestas una tras otra a manera de prendas de vestir. Entre cada hilera y sobre la pared, una fotografía que mostraba el cuerpo diseccionado poniendo al descubierto lo que generalmente no vemos. Aquí se genera una tensión entre estas prendas de vestir en su mayoría femeninas que cuelgan de una estructura de metal, que devienen “pieles”, y el despellejamiento de esos cuerpos que nos muestran las fotos en color sobre un fondo negro. La carne y el hábito; cómo no pensar en Hanna Sterbak y su Traje de carne o en Manifiesto carnal de ORLAN. Castañeda logra, con calidad, sumergirnos en ese adentro del cuerpo, donde radica, a mi juicio, la verdadera desnudez.

El segundo momento está conformado por una serie de vitrinas que guardan celosamente una serie de revistas, libros, láminas, fotografías y otros impresos que cohabitan promiscuamente con objetos encontrados y comprados en los mercados populares del centro de Bogotá: los “pulgueros” y los famosos “agáchese” o mercado informal dispuestos en los andenes de la calle. Los objetos todos, recolectados por más de quince años, aluden al cuerpo: prótesis dentales, objetos sexuales, zapatos femeninos, entre otros. Así, Castañeda logra crear un relato perverso del cuerpo, donde los textos, las imágenes y las cosas anudan lo que he llamado un texto-grama1. Cuerpo del lenguaje que devela una mirada particular sobre el cuerpo ausente. Nosotros, espectadores, realizamos la lectura que nos plazca asociando libremente imágenes, textos y objetos. Este tipo de escritura visual configura otra idea del cuerpo, donde su presencia se encuentra enmarcada en el mundo real, el mundo de la medicina, pues las imágenes provienen de libros franceses del siglo XIX sobre anatomía; se mezclan con imágenes de pornografías e imágenes tomadas de la morgue. “Mi intención –nos dice Castañeda– es redescubrir el cuerpo frente a imágenes ya establecidas”. Un verdadero trabajo de arqueología estética y cultural.

Por último, unas vitrinas de aluminio encierran pieles y otros fragmentos de animales disecados e inteligentemente intervenidos: cuernos con clavos, un potro con una trompa llena de dientes, pieles de serpiente, pieles de conejo, caparazones de tortugas, etcétera, nos recuerdan esos Gabinetes de Curiosidades de los siglos XVI y XVII, preludios del museo, donde lo animal se amalgamaba con lo monstruoso y exótico. Aquí, el cuerpo animal es exaltado, las pieles disecadas como testigos perennes ante el tiempo, cuando el cuerpo deja de serlo en su vitalidad para convertirse en una cosa.

En estos tres momentos podemos tener una idea amplia de lo que es el cuerpo, visto y experimentado desde adentro, en su entera desnudez, pues el cuerpo desnudo es aquel que se despoja de su propia piel. La exposición de Leonel Castañeda muestra una obra que apenas comenzamos a conocer, una obra que había permanecido en la penumbra durante muchos años, de la que sólo unos pocos habían podido ver su potencialidad, como Carmen María Jaramillo y Beatriz González, quienes hicieron visible una de sus vitrinas en la colección del Banco de la República. El Espacio El Dorado abrió sus puertas con una excelente exposición que será difícil de olvidar.

NOTA

1. Este concepto se refiere a la unión entre texto e imagen, entre texto y cosa. Ricardo Arcos-Palma, “La corporéité du langage. Le corps comme pre-texte et comme texte en soi même”. Depósito de tesis. Biblioteca de la Sorbonne. París, 2005.

RICARDO ARCOS-PALMA

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