Jesús Abad Colorado

Jesús Abad Colorado. Desplazamiento por masacre de campesinos. Serranía de Abibe, San José de Apartadó, Antioquia, 2005. Fotografía. *

Monografíajun 2016 - ago 2016· Por Santiago Rueda

Jesús Abad Colorado

Hoy tenemos, mañana no sabemos. La fotografía y la guerra

Colorado, formado como periodista en la Universidad de Antioquia, indignado y cubierto sólo por su cámara fotográfica se sumerge, más que en un abismo, en el ojo de la tormenta, buscando un encuentro directo y auténtico con los actores y protagonistas del conflicto.

Sobre las guerras existen testimonios valientes de quienes las vivieron. Ligeramente fuera de foco, resumen de las arriesgadas aventuras en los diferentes frentes de la Segunda Guerra Mundial de ese gran reportero gráfico que fue Robert Capa, es un ejemplo fundamental de la guerra vivida por un fotógrafo. Es un hecho que no hay conflicto armado, desde hace más de cien años, que no haya sido fotografiado. Las peores noticias, las imágenes de los sufrimientos más agudos, nos llegan, aun hoy, a través de ese medio. Las imágenes de guerra indefectiblemente hablan de pérdida y ausencia. ¿Quién estuvo ahí? ¿Qué desató tanta maldad, tanta furia? ¿Qué diques se rompieron para que se generara tal violenta explosión de energía? ¿Qué oscuridad interior nos lleva generación tras generación a celebrar el ritual sanguinario de la guerra? ¿Cuál es el límite, la delgada línea que separa la razón de la locura? ¿Qué voluntad de destruir opera sobre nosotros? Y finalmente, ¿cómo llegan la materia, la inteligencia y la tecnología a poner las cosas así?

La fotografía de guerra se compone de imágenes inolvidables y fotógrafos olvidados que estuvieron, en la mayoría de los casos, arriesgando sus vidas por el puro y meritorio afán de testificar los hechos. En esta historia se inscribe Jesús Abad Colorado, quien creció en Medellín como hijo de desplazados de la guerra, curiosamente en el mejor momento y florecimiento cultural de esa ciudad. Corrían los años setenta, y Medellín celebraba las diferentes ediciones de su Bienal Internacional, se creaba el Museo de Arte Moderno, se llevaba a cabo el I Encuentro de Arte No-Objetual y circulaba la Re-vista del Arte y la Arquitectura en América Latina. También era el breve instante de la corta luna de miel entre la sociedad antioqueña y las figuras emergentes del negocio del tráfico de cocaína.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 1
Jesús Abad Colorado. Escuela Pedro J. Gómez. Enfrentamiento de milicias urbanas de la guerrilla, grupos paramilitares e integrantes de la fuerza pública. Comuna 13, Medellín. Noviembre de 2002. Fotografía. *

Es el momento también en que se forma el primer grupo de mujeres dedicadas a la fotografía en el periódico El Mundo: Gloria Elena Monsalve, Rosita Coronel, Liliana Estrada y Luz Elena Castro. Y obviamente, es la Medellín de los grandes fotógrafos nacionales: Benjamín de la Calle, Melitón Rodríguez, Gabriel Carvajal, León Ruiz y Rodrigo Moya; este último hizo su carrera en México y es reconocido paradójicamente como un fotógrafo mexicano. Es también la ciudad de los artistas conceptuales que utilizaron la fotografía como medio, Jorge Ortiz y Luis Fernando Valencia.

La década de los ochenta avanzó y la violencia se regó por Antioquia y toda Colombia y Medellín se convirtió en su epicentro, la ciudad del no-futuro. Escuadrones paramilitares asociados a la fuerza pública, milicias urbanas de los diferentes grupos guerrilleros, grupos de limpieza social, niños sicarios y narcos variopintos se disputaron la ciudad convirtiéndola en un aterrador teatro de operaciones, mientras los dirigentes políticos, periodistas, juristas y especialmente defensores de derechos humanos se convertían en presa fácil de estos grupos.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 2
Jesús Abad Colorado. Integrante del Bloque Catatumbo de las AUC. Tibú, Norte de Santander. Diciembre de 2004. Fotografía. *

Colorado, formado como periodista en la Universidad de Antioquia, indignado y cubierto sólo por su cámara fotográfica, se sumerge, más que en un abismo, en el ojo de la tormenta, buscando un encuentro directo y auténtico con los actores y protagonistas del conflicto.

Siendo estudiante, retrató en su universidad a Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro, candidatos de izquierda asesinados en las lúgubres campañas electorales de 1990. Casi inmediatamente, y trabajando para el diario de Medellín El Colombiano, Jesús Abad testificó el escenario de la guerra, a la par de otros grandes reporteros como Zoraida Díaz, Juan Carlos Sierra, León Darío Peláez, Julio Linares, Donaldo Zuluaga, Stephen Ferry y Henry Agudelo.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 3
Jesús Abad Colorado. Entrenamiento de tropas paramilitares de las AUC. Tierralta, Córdoba. 2004. Fotografía. *

Progresivamente Colorado llegó al reconocimiento como artista siendo uno de los pocos fotógrafos “puros” cuyo trabajo ha sido considerado en el medio del arte local, ocupando un lugar que se le ha negado a una larga lista de nombres, y que sólo han podido ocupar Nereo López, Hernán Díaz, Abdu Eljaiek y especialmente Fernell Franco.

Su obra ha merecido varios escritos críticos de autores como Andrés Gaitán, Efrén Giraldo y Jacobo Cardona, entre otros. Sus paisajes de guerra quizá hayan sido la clave para este reconocimiento. Imágenes desoladoras y misteriosas de bosques quemados y enormes e irreales agujeros en la tierra, creados por los bombardeos aéreos del Ejército; columnas de humo negro y petróleo regado en cauces de ríos, consecuencia de los atentados a oleoductos por parte de las guerrillas, son imágenes que bien describen la crudeza sin remedio de esta guerra y se corresponden en temperatura, emoción, densidad y poética con las obras de artistas que se han ocupado del conflicto usando también la fotografía, como Erika Diettes, Libia Posada, Camilo Restrepo y Juan Manuel Echavarría, entre otros.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 4
Jesús Abad Colorado. Huellas del bombardeo de la Operación Génesis. Río Sucio, Chocó. Mayo 1997. Fotografía. *

Otras imágenes de Colorado que han sido resaltadas y celebradas por su profundidad cultural presentan la obsesiva presencia de escapularios, amuletos e imágenes sagradas de los combatientes, de cualquier bando, cuidadas, veneradas y atadas a diferentes partes del cuerpo. En ellas subraya el lugar cuestionable que en tantas ocasiones ha tenido la religión en el terreno de los conflictos armados, tema ampliamente tratado en los estudios de María Victoria Uribe, el cine de Víctor Gaviria, La Virgen de los sicarios de Fernando Vallejo y el Habeas corpus de José Alejandro Restrepo.

En el caso de Jesús Abad, y a diferencia de algunos de estos escritores y artistas, su versión es la de quien estuvo en el escenario de guerra. Colorado no es un fotógrafo del instante decisivo y no cubre los combates ni los enfrentamientos, de hecho, su fotografía sucede después, por decirlo así. Su actitud es meditada y respetuosa frente a sus retratados, se acerca cuando considera que no quiebra la intimidad, intentando que haya un vínculo de reciprocidad y comunicación antes de hacer la toma. Su actitud es directa y está encaminada a acompañar a la gente y ofrecer la posibilidad de construir memoria a través de su lente. La posibilidad de enfrentar la tragedia, la intención de desarticular la innecesaria tendencia a la destrucción que puede ser apagada, al menos con imágenes, para generar nuevas posibilidades de vida, son la razón que el fotógrafo persigue.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 5
Jesús Abad Colorado. Eduardo Salazar asesinado por paramilitares de las AUC junto con trece personas más. San Carlos, Antioquia. Octubre 5 de 1998. Fotografía. *

Pero también en las imágenes de Colorado encontramos escuelas destruidas con sus pizarrones abaleados, funerales en pueblos donde los pobladores evitan participar en el sepelio para no ser señalados como colaboradores, gentes huyendo con sus pocos bienes a sus espaldas, bravíos defensores de derechos humanos y líderes campesinos, policías y militares patrullando o parapetados en poblaciones civiles y adolescentes cargando pesadas armas que casi los superan en tamaño, reclutados por la guerrilla. Hay una imagen en concreto que quisiera destacar: el entrenamiento de un contingente paramilitar en 2004 en Tierralta (Córdoba). Jesús Abad Colorado hace una toma en picado donde podemos ver, además de la precariedad de los uniformes –botas de caucho y zapatillas deportivas–, una extraña mascota, un jaguar, un animal salvaje capturado y sometido al abuso. El símbolo del poder y la guerra en las sociedades mesoamericanas, y a la vez poderosa metáfora de la brutalidad disciplinaria de la guerra, convertido en un arma para amenazar, intimidar y torturar. La imagen, casi increíble ante la dócil y aparentemente mansa presencia del felino, delata la naturaleza de una guerra que se desarrolla en las ciudades y en las selvas de uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, una guerra que acaba con hombres, mujeres, animales y medioambiente.

Monografía: Jesús Abad Colorado — imagen 6
Jesús Abad Colorado. Catorce militares murieron en emboscada de las FARC. Carolina del Príncipe, Antioquia. Septiembre 2 de 1993. Fotografía. *

Otro importante número de imágenes está dedicado a las marchas campesinas, ya sean las protestas espontáneas u organizadas para confrontar a los actores del conflicto, incluido el mismo Estado, o bien al éxodo inmisericorde provocado por los alzados en armas que los expulsan de sus tierras. Y es que, esencialmente, Colorado ha sido un defensor de la vida de los hombres del campo, de las comunidades campesinas, negras e indígenas, y pocos conocen tanto el país en guerra como él, un fotógrafo que es, en resumidas cuentas, un defensor de los derechos humanos.

En 2014 se publicó el libro Jesús Abad Colorado. Mirar de la vida profunda. María Victoria Mahecha y Gloria Samper, directoras de Paralelo 10, lograron con esfuerzo que se publicara este libro retrospectivo, que cuenta con textos de Carolina Ponce de León. Un libro necesario para un país que en sesenta años no ha tenido un solo día de paz. Un libro que resume veinticinco años de trabajo y que cubre la guerra, especialmente en el país rural. Mirar de la vida profunda complementa la exposición y libro de Stephen Ferry Violentología, un manual del conflicto colombiano, este último un valiente esfuerzo por parte de un fotógrafo que ha dedicado buena parte de su vida a Colombia.

En Jesús Abad Colorado. Mirar de la vida profunda, Ponce de León menciona la importancia y los usos que han adquirido las imágenes de Colorado, como testimonio de guerra articulado con su labor activista: “Las fotografías de Colorado tienen diferentes usos sociales: tribunales de justicia, reportajes de prensa, informes investigativos y presentaciones en libros, conferencias y salas de exhibición. Algunas fotografias tienen un carácter forense y son reservadas para la investigación y los archivos de memoria […] El trabajo sistemático de reconstrucción, preservación y expansión de la memoria representa para él ‘un compromiso con la dignidad, el presente y el futuro’. Esta labor se ve desafiada por la continuidad del conflicto mientras concluyan las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC que se llevan actualmente en La Habana, Cuba”.

Sobre su propia obra, el artista reflexiona en la entrevista concedida a Álvaro Sierra Restrepo en el mismo libro, y afirma: “No es tomar distancia sino ver las cosas no desde el punto de vista político-militar, y entender el dolor que se ha causado a las víctimas. Eso ayuda a ganar equilibrio para no enloquecerse o no desfallecer y para poder seguir pensando en la vida, en la esperanza en medio de toda esa barbarie. Apoyando siempre un proceso de paz. Para mí eso es vida. Que no haya más víctimas, soldados muertos, niños en la guerrilla. Que podamos entender esta tragedia que hemos vivido pero que no somos capaces de mirar”.

* Fotos cortesía de Jesús Abad Colorado.

SANTIAGO RUEDA

Jesús Abad Colorado, por Santiago Rueda | artnexus