Exposición Individualjun 2016 - ago 2016· Por Gladys Yunes

Jacobo Borges

Galería Freites

Personalidades de la cultura, artistas plásticos, así como numerosos visitantes se dieron cita en la Galería Freites para asistir a la inauguración de la exposición de Jacobo Borges (1931). La muestra reúne un conjunto de cincuenta obras bidimensionales, de mediano y gran formato, que testimonian los avances logrados por el autor en los últimos treinta años, enmarcados entre 1983 y 2016. La selección presenta 38 piezas de diferentes períodos provenientes de colecciones privadas, lo que convierte el evento en un homenaje al reconocido pintor caraqueño. 

Exposición Individual: Jacobo Borges — imagen 1
Jacobo Borges. Sala con ventana al mar N° 19, 2014. Óleo sobre tela. 137 x 173 cm (53 15/16 x 68 7/64 pulgadas). Fotografía: Egon Koopmans Kuhr. Cortesía Galería Freites.

En el recorrido se pueden apreciar desde las disciplinas más tradicionales, ejecutadas en óleo, acrílico y técnicas mixta sobre tela, hasta las propuestas más sofisticadas trasvasadas en patrones digitales. El espacio, el tiempo, la memoria, el viaje y el agua son los ejes discursivos que orientan su trabajo, enraizado en la idea del cambio como principio transformador que da impulso a la vida. El catálogo ofrece un estudio exhaustivo en el que la curadora, María Luz Cárdenas, analiza los planteamientos temáticos, conceptuales y formales de su legado. El texto incluye referencias críticas, experiencias y anécdotas que describen, de un modo esclarecedor, las distintas etapas de su proceso creador, dividido cronológicamente en doce núcleos o capítulos, titulados según los motivos tratados: 1. Antecedentes y engranajes, 2. Espejo de aguas, 3. La puerta y el umbral. México y Berlín, 4. La materia y el tiempo, 5. Es el alma cosa extraña en la tierra, 6. Aproximación al paraíso perdido, 7. Retratos y autorretratos, 8. Sala con ventana al mar, 9. El color en un observador de hojas aserradas y bulbos, 10. El bosque II y lo que crece, 11. Paisajes de la memoria y 12. Desde el mar.

En el primer piso de la galería destacan los cuadros de los años ochenta que revelan los grandes retratos grupales. En esa misma década se advierten otros aportes estilísticos, plasmados con pinceladas sueltas que intentan imitar las fluctuaciones acuosas, como se observa en Reflexiones de agua II, de 1986, o Clavado, de 1992. Los lienzos de los noventa incluyen puertas, umbrales, elementos que denotan expectativas, desplazamientos o separaciones entre un lugar y otro. En esos años realiza varias series que detallan encuadres de interiores, rincones con objetos encontrados, flores, estatuillas y formas orgánicas imbuidas de atmósferas intimistas y familiares, La máquina de coser de mi madre, de 1994, es un ejemplo de estas remembranzas. En el segundo piso se despliegan los retratos y autorretratos, algunos inspirados en las pinturas de Rembrandt, que luego él reinterpreta de manera libre, como lo reseña Retrato amarillo con libro, de 2000. Hacia 2005 Borges amplía y multiplica los planos, implementa perspectivas que elevan el horizonte hacia instancias más lejanas. Sala con ventana al mar Nº 19, de 2014, señala esa contraposición con el primer plano saturado de fuertes contrastes tonales. “La ventana es una cavidad –apunta la curadora en el texto–, es resquicio e intersticio, espacio para ver el exterior, es un punto de contacto entre la realidad y la ficción, una zona de iluminación, de acceso al afuera, pero también es una herramienta para traer el afuera hacia adentro […]”.

El montaje resume las preocupaciones que lo indujeron a explorar los fenómenos perceptivos, intrínsecos a la relación forma-contenido, pero que sobrepasan lo puramente narrativo o simbólico; de ahí su interés en captar e indagar todo lo concerniente al campo visual en diferentes soportes, ambientaciones y recursos, como lo hizo en otras circunstancias de su vida cuando incursionó en el cine, el teatro, el performance, la instalación, la fotografía, el video y el multimedia. No obstante, su entusiasmo por adquirir nuevos conocimientos no se detiene, ya que a partir de 2008 se adentra en los sistemas informáticos que le abren caminos insospechados. Con un trazado en físico inicia composiciones que posteriormente traslada al computador para convertirlas finalmente en fotografías. Diseña una metodología propia que empieza con el boceto, continúa con la fragmentación, superposición, borradura y repintado hasta reconstruir la imagen definitiva en formato Duborcom, una impresión sorprendente conformada por aglomeraciones compactadas y volúmenes simultáneos, una acumulación de manchas, líneas y colores vibrantes que se cristalizan en traslúcidas superficies. Borges inventa, ensaya, desmonta los esquemas tecnológicos; tal como lo explica en una entrevista: “Decidí agredir su orden [el de la computadora], su programación, […] repitiendo una, dos, tres, miles de veces la misma función o herramienta, sin ningún plan. [… Me] interesó producir una serie de ‘accidentes digitales’ [… para] ir más allá de los límites de los programas, o quizás, transformarlos en nuevas herramientas plásticas […]”. La exposición estuvo acompañada de un ciclo de seis conversatorios con el artista, la curadora y otros invitados, que disertaron sobre su obra y su relación con la música, las artes escénicas y otras manifestaciones del arte.

GLADYS YUNES YUNES

Jacobo Borges, por Gladys Yunes | artnexus