En 1965 el arquitecto suizo Charles Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier, murió en Francia, y su universalismo arquitectónico –una concepción global para la habitación humana– ya se había desperdigado por el mundo, incluso hasta sus bordes. En 1947 se firmó en Bogotá (Colombia) el plan urbanístico para Tumaco, un puerto en el Pacífico, y son los arquitectos José Luis Sert y Paul Lester Wiener quienes trabajaron en el proyecto: “Entre 1942 y 1959 los arquitectos José Luis Sert y Paul Lester Wiener, como socios de la firma Town Planning Associates con sede en Nueva York, realizaron planes urbanísticos para ciudades latinoamericanas en Brasil, Perú, Colombia, Venezuela y Cuba. El proceso de crecimiento al que se enfrentaban las ciudades o su creación ex novo hacía necesario ordenar y regular su desarrollo; algunos de estos planes no se realizaron y otros solo de manera fragmentaria. Estos planes representaron la aplicación de principios urbanísticos propuestos desde los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna”1 (Schnitter, 2003)1.

Estos principios urbanísticos que se proponían desde un centro, un lugar cuyos enunciados globales dan cuenta de cierto poder, llegaron a Latinoamérica creando un descase producto de las múltiples diferencias geográficas y culturales entre lugares. Oficina de Proyectos Contingentes de Henry Salazar, que actualmente se exhibe en lugar a dudas, es el devenir de un macro-proyecto llamado LCNEA o Le Corbusier No Estuvo Aquí, con el que el artista genera una respuesta al avance modernista de mediados del siglo pasado. Salazar investigó en torno a los planes de reconstrucción de Tumaco, un puerto remoto ubicado en el suroccidente colombiano, y a la incidencia de la arquitectura moderna en pleno corazón de una selva costera con marcada inequidad social y pobreza. En los años cuarenta Tumaco se había incendiado y parecía una muy buena idea importar modelos de vivienda que controlaran el crecimiento de la ciudad, a modo de un entablillado u ortodoncia social, bajo dinámicas del progreso y del desarrollo.
Esta pretensión de modernizar territorios para transportarlos al presente manifiesta una serie de vibraciones entre la idea global y la situación particular, entre la diferencia de origen y destino; Henry Salazar empieza su proyecto con la realización de maquetas de los modelos que Le Corbusier diseñó, pero las realiza con tablas extraídas de casas del puerto, unas casas creadas con una arquitectura local, lejos de lo proyectado. Las maquetas las construye sobre los palafitos característicos de las casas costeras. En estos objetos se manifiestan las contradicciones que no se habían puesto en evidencia históricamente y por ende se tornan en una respuesta y una reacción política que se hace desde el arte. Esta respuesta anacrónica posee precisamente el desajuste que se vivenciaba durante la negociación de los planes de urbanización hacia América; de este modo, tema y proyecto están involucrados en pensar la diferencia y la no correspondencia.
El proyecto hace hincapié en la distancia que separa idealización de realidad, en cuyo espacio se abren múltiples posibilidades del devenir relacionadas también con la discrepancia entre control y caos. El acontecer no se planifica y la contingencia responde a necesidades específicas de cada territorio, en donde la visión del mundo está ligada a cada detalle. Todo en el proyecto de Salazar rescata lo contingente y el azar propios del borde del mundo, un borde en el que las estrategias de control mutan y se llenan de ruido, modulan otras variaciones imposibles de anticipar. Sin embargo se puede abrir la pregunta sobre la posibilidad de ser borde y centro al mismo tiempo, ya que ambas condiciones son producto de la distancia y la diferencia.
En La Oficina de Proyectos Contingentes –propuesta seleccionada por las Becas Locales de Creación 2015 de lugar a dudas, La Tertulia y La Sucursal.clo en Cali–, Henry Salazar realiza unos muebles diseñados originalmente por Le Corbusier llamados LC2, aunque en vez de usar cuero y acero usa madera proveniente de las casas que sobrevivieron al proyecto urbanístico del siglo pasado. Estos muebles hicieron parte del mobiliario de lugar a dudas y existía la posibilidad de que las personas se sentaran en ellos usándolos y otorgando otra dimensión al concepto de LCNEA, relacionada con el cuerpo y la habitabilidad de la obra. Otra de las piezas de la instalación es un video que muestra una cuadra del pueblo de Tumaco que tiene la particularidad de poseer tres casas vecinas que corresponden al avance del tiempo, ya que se trata de una casa reformada totalmente, una casa reformada a medias y una casa que es la única que se conserva del plan urbanístico, pero que será demolida prontamente.
El proyecto deja de ser expositivo y se torna habitable, se torna también una serie de talleres que precisamente hacen un señalamiento a la contingencia y a la posibilidad de acontecer, mover, pensar y manipular los materiales que el artista llevó a la sala. Con ello, se piensa también en la posibilidad de accionar la diferencia, activar el debate y la experimentación, trascendiendo la noción de exposición.
NOTA
1. Sert y Wiener en Colombia. La vivienda social en la aplicación del urbanismo moderno. Patricia Schnitter Castellanos. Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 2003.
BREYNER HUERTAS
