Exposición Individualjun 2016 - ago 2016· Por Mercedes Casanegra

Graciela Hasper y Mariela Scafati

Del Infinito

Un diálogo entre “dos grandes damas de la abstracción pictórica argentina” y dos obras históricas de Raúl Lozza y de Manuel Espinosa como guardianes transgeneracionales de la escena fue la propuesta de Philippe Cyroulnik, curador francés, y más que un comprometido visitante esporádico de la escena contemporánea local. Esta exposición, inaugurada en el verano porteño, absorbió la atención de gran público e inspiró lecturas adecuadas y poéticas por parte de la crítica especializada, lo que da a entender que hay momentos y lugares que esperan de manera tácita un acontecimiento hasta que éste sucede y concentra las miradas de interesados y expectantes. Se trató de una muestra necesaria.

Exposición Individual: Graciela Hasper y Mariela Scafati — imagen 1
Mariela Scafati. Bondaje, 2015. Instalación. Dimensiones variables.

La singularidad de las obras de Graciela Hasper y Mariela Scafati, tan bien asumida por ellas mismas, hace que la aceptación de participar en una experiencia que no desdeña un tinte lúdico potenciara el ímpetu de sus propuestas artísticas individuales/personales. De considerables trayectorias, ambas trabajan el tema del color a través de un medio clásico como la pintura, dialogando con la disciplina misma, con la historia del arte local e internacional y con elementos de la realidad cotidiana. Sin embargo, sus caminos han sido muy diversos, casi contrastantes. Colores vívidos y saturados, los de Hasper; colores más atípicos, los que se obtienen a través de la mezcla, los de Scafati. No todas las obras son recientes, sino que ambos conjuntos funcionaron como concentradas antologías de cada artista. El curador forjó una presentación contundente, que podría considerarse como una tesis sobre la continuidad de la pintura como disciplina a través de los siglos y el consiguiente estado dinámico de la misma, y donde la ortodoxia abrió los caminos a partir de setenta años atrás de manera aproximada, cuando se inauguraba la contemporaneidad. Las dos artistas recogen el guante con soltura y osadía.

Las obras de Scafati remiten a múltiples referencias de épocas diversas, por ejemplo, la famosa Cama, de 1955, una de las primeras combine paintings de Robert Rauschenberg y una de las más emblemáticas. Se trata de un caso muy genuino y antiguo que se relaciona con el origen de un nuevo género, a cuya estirpe podrían pertenecer las pinturas de la artista argentina. Cuando Barbara Rose le preguntó al célebre artista americano sobre la relación especial que tenía con sus materiales, él respondió que todo material tiene su historia, incluso “fundada” dentro de sí, y que no existe nada como un material más óptimo a la hora de realizar una obra. A esto agregó que cada artista concibe su material a partir de su propia existencia, su familiaridad o su confianza. O, entre nosotros, Kenneth Kemble, uno de los primeros históricos que tuvo la necesidad de integrar otros objetos y materiales a su pintura.

Hasper ha trabajado siempre dentro del campo de la abstracción geométrica con pericia y conocimiento extremos. En sus obras los colores vibran en su saturación recorriendo líneas que se entrecruzan, o círculos, cuadrados, rectángulos, u otras formas geométricas. Casi todo está siempre en movimiento en la obra de Hasper: el color, la forma o ambos. Hay un dinamismo permanente. Y, desde la abstracción, no olvida que esas formas casi arquetípicas están también en la naturaleza. Su estrategia artística lleva consigo de manera sutil un tipo de sublimación de la realidad que incluye toda la energía vital.

Y, de vuelta al diálogo entre las damas, Hasper se despliega en presencia instantánea, en los destellos de la ciudad moderna y también los suburbios. Hay que recordar que a ella no le ha faltado su reflexión sobre la identidad geográfica de su abstracción. Ha mirado mucho a Hélio Oiticica, Lygia Clark y Lygia Pape. Scafati permite la morosidad, la evocación, la reminiscencia. Los objetos de la realidad que combina con sus pinturas son razonable y afectivamente elegidos. Las prendas de uso que se funden con sus cuadros, sweaters, una falda con volados, un pequeño mueble modernista que sostiene un cuadro absolutamente abstracto. Son combinaciones perfectas que expresan lo que la pintura oculta. El calor de la lana, el movimiento de la falda en una danza. Hasper barroca, Scafati esencial, despojada, y un contrapunto dual que podría continuar, y la celebración, prolongarse.

MERCEDES CASANEGRA

Graciela Hasper y Mariela Scafati: Del Infinito | artnexus