Después de más de dos décadas sin exponer en Cuba, Carlos Alberto García de la Nuez presentó doce pinturas en el Museo Nacional de Bellas Artes bajo el título Cardinales. Ocho de estas eran de gran formato, 285 x 285 cm; el resto, de mediano, 150 x 120 cm. Predominaban en ellas las tonalidades cálidas, de rojos y amarillos, en contraste con el negro. Combinando el empaste, barrido para enfatizar la superficie plana, con inscripciones tipográficas, esgrafiados y dibujos, el pintor mostraba un registro formal impresionante y de tanta soltura como precisión.

García de la Nuez estudió en la Academia de San Alejandro y más tarde en el entonces recién fundado Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, donde recibió clases con profesores académicos soviéticos. En 1984 realizó una residencia artística en Moscú. De estas experiencias aprendió el rigor del oficio pictórico que vino a caracterizarlo pronto, al pasar a la cátedra de pintura en el ISA y formar parte del legendario grupo 4x4. Defensor a ultranza de la pintura en una década en la que se privilegiaron las manifestaciones más novedosas como la instalación y el performance, García de la Nuez se ha mantenido atrincherado en este medio sin que haya perdido su capacidad para experimentar y crecer. De hecho, ha incorporado la conceptualización de su práctica en relación con la historia del arte en Cuba y de la tradición de la pintura abstracta en el arte moderno occidental.
Mapa de La Habana es el imán visual que abre la exposición. Sobre un fondo de azul, el artista pintó una estructura ligeramente cuadrada con gruesas franjas en rojo. Cinco bandas horizontales son flanqueadas en sus extremos por dos verticales. A lo largo de las franjas rojas aparecen los nombres de conocidas calles habaneras: Prado, Factoría, Obrapía, Amargura, Trocadero. Los textos son del mismo azul que el fondo del cuadro, de manera que pareciera un calado tipográfico. La pigmentación de fondo y estructura es intensísima, y la superficie ha sido tratada como un barrido, con huellas del fondo negro de la base pictórica. Estos recursos producen un efecto óptico de profundidad sumamente aguzado.
En algunas pinturas, García de la Nuez remite a los mapas antiguos con la mirada a vuelo de pájaro. Este tipo de representación semiabstracta del urbanismo es uno de los primeros registros visuales del Nuevo Mundo, que documentan el trasplante de la cultura europea. El artista vuelve a ellos como una fuente de referencias formales de singular riqueza para explorar la ambigüedad representacional del espacio pictórico en obras como La colonia. Sobre un fondo negro aparece una serie de 41 formas amarillas irregulares, que el artista denomina “casas”, sobre las cuales éste ha trazado líneas de perspectiva que indican profundidad. Sugieren esquinas, escaleras, barandas, rampas. Por obra de estas líneas, las formas semiabstractas se convierten en ventanas o boquetes hacia los interiores domésticos. Y cada forma pareciera una pintura expandible. En efecto, Escalera, con un fondo amarillo sobre el cual aparece una caprichosa combinación de formas escalonadas en varias direcciones, podría perfectamente entenderse como el zoom-out y ocupar el lugar de una de las 41 casas.
Cuatro casas en fuego, de mediano formato, es un homenaje a igual número de artistas que García de la Nuez explicita como referentes de la tradición modernista hacia la abstracción, al inscribir sus nombres: Turner, Monet, Rothko y Twombly. Sobre un fondo azul raspado, las formas esquemáticas de las casas en un rojo intenso chispeado de amarillos se sitúan en los puntos cardinales del espacio pictórico. El texto es también rojo. Como en el Mapa, el contraste de fondo y figuras aquí se traduce en la creación de un sentido de profundidad sin llegar a representar el espacio en perspectiva.
Otro aspecto notable es la reflexividad sobre las formas, que a veces se manifiesta en la propia superficie de los lienzos. En Dos, el artista escribió: “Con una mano vamos abriendo el círculo que la otra acaba de cerrar” y “Porque la luz es flaca y la sombra es gorda”. Estos textos aparecen encima y debajo, respectivamente, de una gruesa franja horizontal formada por dos rectángulos, negro y rojo, colocados en el centro del cuadro. A su vez, dicha franja está circunscrita en cuatro círculos irregulares trazados con líneas negras delgadas, como alambres, sobre un fondo amarillo. Esta pintura es un signo cuya realización importa tanto como su sentido. Como en el resto de sus obras, Carlos García de la Nuez explora en ella la dicotomía entre semiótica y estética, que tanto ha preocupado a los artistas modernos desde que se hizo manifiesto que sólo a través de la abstracción de la realidad es que se puede crear un lenguaje.
ELVIS FUENTES
