La exposición inaugural de Adán Vallecillo en El Lobi, un espacio dirigido por los artistas Vanessa Hernández Gracia, Tony Aponte y Melissa Sarthou, llevó a los espectadores a pensar ¿a qué necesidades, aparte de las funcionales, responden los objetos? 32 con 8; los límites de la máquina y el movimiento investigó cómo los artículos prácticos experimentan una mutación y expansión continuas hacia un sistema cultural, partiendo de un sistema tecnológico. El artista rescató artículos obsoletos de la desaparecida Imprenta Nacional de Puerto Rico y re-presentó los objetos industriales como objetos estéticos que significan los índices del tiempo. Desde 1971 hasta 2014, la Imprenta Nacional imprimió periódicos izquierdistas como Claridad y materiales para el Partido Socialista puertorriqueño, que abogaba por la independencia de la Isla. Treinta y dos páginas en blanco y negro y ocho páginas a color era la capacidad máxima de la imprenta. Vallecillo, quien estudió Arte y Sociología, utiliza el término abstracciones implicadas para describir su práctica artística, en la cual la abstracción está asociada con los factores sociales, políticos y económicos relacionados con los objetos, antes de que el artista intervenga en su selección, formación y presentación.

32 con 8 se identificó con la crítica coyuntura de Puerto Rico al hacer visible lo invisible para mejorar la sociedad y al compartir las voces de aquellos que han perdido albedrío. La exposición de Vallecillo se llevó a cabo mientras él participaba en The Harbor, un programa de residencia en Beta-Local, una organización sin ánimo de lucro dedicada a apoyar y promover el pensamiento crítico y las prácticas artísticas contemporáneas de Puerto Rico. Su proyecto se desarrolló de un modo más bien casual, a través de los contactos de Sofía Gallisá Muriente, codirectora de Beta-Local, y los intereses de la poetisa y editora Nicole Delgado, quien participa en el programa de investigación y producción de Beta-Local denominado La Práctica. Gallisá Muriente contactó a Carlos Jiménez, quien durante muchos años trabajó en la Imprenta Nacional, para ver si en las instalaciones abandonadas había materiales que Delgado pudiera utilizar para su centro de experimentación gráfica, en Santurce, llamado La Impresora. Jiménez aceptó reunirse con Gallisá Muriente y Delgado en la antigua planta, y ellas invitaron a Vallecillo, quien, al entrar en el taller, quedó profundamente impresionado por la pérdida de una lucha política de cuarenta y tres años.
Su breve búsqueda de objetos en la Imprenta Nacional con miras a hacer una exposición tuvo sorprendentes y atrayentes resultados: 32 con 8 fue un fascinante ejemplo de cómo él le aporta a su disciplina un sentido de la poesía y la vulnerable belleza de los materiales y un profundo sentimiento por el color, la forma y la textura de objetos industriales comunes. La rotativa presentaba dos filas de siete mantillas para impresión offset en matices de colores grasa, índigo, cerúleo, verde alga, verde oliva y chartreuse. La rotativa sugería una muestra básica tomada de las profundidades del océano y momentos de la historia de la pintura abstracta. Lo difícil de creer era que la gente hubiera sido herida a bala a causa de lo que se imprimía en esas mantillas. En Otro PR, Vallecillo, como los trabajadores de la Imprenta Nacional, tomó un negativo e hizo un positivo. Una retícula de treinta y seis páginas de película negra sobre una matriz de color amarillo vivo para un folleto impreso detallaba las deplorables condiciones de salud y educación en Puerto Rico.
Pueblo trabajador sugería una figura en descanso. El artista curvó dos bandas de caucho negras dentadas y colocó una dentro de la otra para formar un ángulo de noventa grados que atravesaba el piso y subía por la pared de la galería. Vertebral, otra alusión al cuerpo, era una línea quebrada de 1,20 m de pequeños bloques de madera y carbono. Este simple gesto mostró la notable atención estética a lo olvidado, lo inservible y lo común de la vida cotidiana. Flora tropical, una grilla de veinticuatro impresiones en tinta rojo tomate sobre papel color verde apio, se hizo en La Impresora de Delgado. Vallecillo utilizó el risógrafo de la poetisa, un duplicador digital, para imprimir un detalle de la ubicua decoración de la oficina puertorriqueña, una imagen de un flamboyán que quedó colgada en la pared de la Imprenta Nacional.
La piedra angular de 32 con 8 era una grabación de audio de una conversación entre tres antiguos empleados de la Imprenta Nacional –Carlos Jiménez, Jorge Rodríguez Escribano y Víctor Sánchez–, quienes reflexionaron sobre sus experiencias con Diego de la Cruz, un amigo de la familia y antiguo participante de La Práctica, que trabaja junto a La Impresora, y Vallecillo y Delgado. El artista Ómar Obdulio Peña-Forty ayudó con la grabación del sonido, y Gallisá Muriente incluyó cortos pasajes de los recuerdos en su exhaustivo artículo sobre el proyecto de Vallecillo publicado en El Rojo, el periódico en línea de Claridad. La conversación de los compañeros de trabajo fue una esclarecedora remembranza de solidaridad. Juntos, desarrollaron una empresa independiente de carácter político, industrial y comercial que generó la necesidad de adquirir las herramientas para ser libre, y aplicaron sus valores colectivos a sus respectivas vidas personales, familiares y comunitarias. La grabación de audio les recordó a los espectadores aquello de lo que no podemos prescindir, aunque no lo tengamos. Una futura transcripción de la conversación trascendería los límites de 32 con 8.
CHERYL HARTUP
