La obra de Ximena Garrido-Lecca es circular: explora temas que convergen al principio y al final, trazando una totalidad entre mundos aparentemente distantes como el de la industria y el sistema de ritos tradicionales.
Garrido-Lecca (Lima, 1980) está adquiriendo cada vez mayor presencia en el mercado latinoamericano. Recientemente participó en la Bienal de Mercosul, el Encuentro Internacional de Arte de Medellín y la exposición United States of Latin America, en el Museum of Contemporary Art de Detroit.

En Madrid, la Galería Casado Santapau presenta su segunda individual: Toma de tierra. La muestra reúne cuatro esculturas que se despliegan sobre los muros y sobre el suelo del espacio expositivo y exploran la tierra como fuente de energía física y espiritual. En casi todas las religiones, la tierra es el elemento fundamental de la creación y de la vida. Además, es uno de los materiales constructivos más antiguos que han perdurado a lo largo de los siglos. Recientemente, incluso, se ha empleado en conductos eléctricos para proteger a los usuarios de posibles descargas. La muestra en Casado Santapau explora esa doble dimensión de la tierra, además de cuestionar el papel de la ciencia, por implicar un alejamiento de la naturaleza y su potencial.
La artista peruana ya había trabajado con la tierra en proyectos anteriores como Paredes de progreso y Arquitectura de humo, donde reflexiona sobre la relación entre tradición, industria y progreso. Es habitual en su obra el análisis sobre la materia y sus modos de producción, así como una mirada muy incisiva sobre el pasado, el presente y el concepto de innovación.
La obra Disecciones I consta de un bloque vertical de tierra compacta y atornillada. La sencillez del material y la presentación del display –con ese marco escenográfico que es, en el fondo y en la superficie, el cubo blanco de la galería– contrastan intensamente. El color rojizo remite a una acción manual, lenta, y la manera de presentarlo evoca irremediablemente la frialdad y la producción en serie del arte minimalista.
Esa serialidad continúa en Disecciones II, esta vez con dos bloques dispuestos en paralelo y vertical sobre el muro. De nuevo se produce un efecto muy interesante entre el blanco intenso del espacio y lo sensorial de la arcilla, que conduce a un tacto, un color y un sabor muy concretos. A partir de ahí continúa la secuencia hacia lo ternario: Disecciones III muestra tres piezas similares jugando con la frecuencia y el intervalo. Una curiosidad más: en medio de este juego de matemática y abstracción vemos restos de paja y pequeñas partículas mezcladas con la arcilla, que nos extraen automáticamente de lo conceptual.
Partiendo de esas “partículas elementales” previas, Morfología de contención presenta diecisiete piezas ancladas al muro. Esta vez tienden al infinito: hay un número concreto, pero podría haber muchas más, porque la idea es expandir la progresión casi con la longitud de un tendido eléctrico. Aquí las piezas son más pequeñas, más compactas. Como muy acertadamente ha señalado Elena Vozmediano1, la escultura combina la fragilidad del adobe y la firmeza del anclaje industrial. Hay una intención clara de configurar una arquitectura espacial, aunque ésta sea resultado del impacto de la industria sobre los recursos naturales.
Entre el pasado y la presente media la escritura: el texto como intervención del sujeto en el exterior. Cualquier código es invención y creación. Diagrama de seguridad I, II & III presenta fragmentos de arcilla –esta vez sin forma geométrica regular– que muestran en su superficie unas incisiones a modo de signos lingüísticos. La tosquedad en la talla de los dos bloques y la sencillez del sistema gráfico hacen pensar en la cultura neolítica y en una relación primaria con la materia.
La tierra en principio permanece. Pero también se desplaza, y esto es lo que parece enfatizar Garrido-Lecca. La energía física de la tierra se transfiere a través de materiales actuales como el hilo de cobre, una de las principales industrias de Perú. La instalación Toma de tierra –que da nombre a la exposición– consta de una vasija de barro y una red de hilo de cobre dispuesta en el suelo. La vasija alude al dios del rayo, Illapa, que, según la mitología inca, era capaz de hacer llover golpeando un recipiente que vertía agua sobre la diosa de la Tierra, Pachamama2. La materia que brota en este caso es la red de hilo de cobre, que, a pesar de tener origen industrial está urdida con la delicadeza de un tejido de artesanía. Un círculo en proceso de crecimiento que conecta el pasado con el presente.
NOTAS
1. Elena Vozmediano: “Ximena Garrido-Lecca, la tierra y el rayo”, El Cultural, 11-17 de diciembre de 2015, p. 36.
2. Elena Vozmediano: Íbidem, p. 36.
ANA FLOGUERA
