Exposición Individualmar 2016 - may 2016· Por Fernando Castro R.

Miguel Ángel Ríos

Sicardi Gallery

Algunas de las obras más convincentes de Miguel Ángel Ríos tienen una gran participación humana. Al ejecutarlas, el propio Ríos asume un papel parecido al de un conductor de muchos músicos. El producto final, sin embargo, no sólo satisface al artista que la tramó, sino también a muchos otros que la hicieron posible en un sentido material. Para la producción del video Piedras blancas (recientemente en Sicardi Gallery, Houston), Miguel Ángel Ríos y veinte de sus asistentes fabricaron 3.200 pelotas con una estructura de alambre y una corteza de cemento pintada de blanco.

Exposición Individual: Miguel Ángel Ríos — imagen 1
Miguel Ángel Ríos. Piedras blancas, 2014. Video con sonido, pared con proyección de un canal, 4:52 min. Edición de 6 +2PA. Cortesía Sicardi Gallery.

La mayoría de las 3.200 pelotas de Piedras blancas fueron diseñadas para resistir los impactos de la precipitosa caída, mientras que otras fueron diseñadas para que se desintegren al chocar. La siguiente etapa de la producción fue transportar las pelotas blancas a la cima de una montaña. Luego, en un flujo continuo, se dejó caer las pelotas cuesta abajo, y su espontánea avalancha fue registrada por siete cámaras de video. Las cámaras fueron colocadas a lo largo de la ruta que se calculó iban a recorrer, para registrar tanto su migración como el paisaje natural en su camino. Muchas se perdieron en el trayecto, dispersándose en el paisaje que acariciaron; otras se hicieron añicos al impactar una roca u otra pelota. No obstante, un grupo de ellas continuó en la ruta que las llevaría a su lugar de reposo al pie de la montaña.

Esta descripción de lo que pasa en el video no está exenta de metáfora, más la avalancha de pelotas rodando cuesta abajo sugiere muchas otras interpretaciones. La gravedad impulsa su caída como si fuera una de esas fuerzas imparables que causan guerras, tsunamis, hambre, incendios forestales, epidemias, migraciones masivas, terremotos, pobreza, huracanes, codicia, inundación, enfermedad, etcétera.

En 2007, Miguel Ángel Ríos tuvo una exposición en la Blaffer Gallery de la Universidad de Houston. Su video On the Edge (“al borde”) se mostró en una instalación de video de doble-pantalla sincronizada; y Aquí (“here”), en cinco pantallas. Éstos son sólo algunos de los muchos videos que Ríos hizo sobre trompos que giran. En el video On the Edge, trompos blancos giran en un fondo negro, y trompos negros en un fondo blanco, dirigidos por una coreografía que no hubiera podido ser más perfecta si los “danzantes” fueran entidades con voluntad propia. El sonido del video era el de las propias púas del trompo al marcar la superficie del escenario. Vale aclarar que en este caso, la propulsión no era fuerza natural alguna, sino la destreza de 80 “tromperos” mexicanos que Ríos reclutó yendo con megáfono de pueblo en pueblo. Gracias a su habilidad y sensibilidad estética, los trompos giran con una precisión hipnótica, pareciendo a veces estar inmóviles, mientras que otras veces se disparan a través del escenario y desaparecen en la oscuridad o claridad, según sea el caso.

Aunque el espectador tiende a ver los trompos en giro como si fueran dos, tres, hasta doce danzantes simultáneos, su movimiento es aún más enigmático que una danza porque sólo sigue las leyes de la inercia y el momento angular. Esa vislumbre hace su actuación aún más asombrosa y sublime. La decisión artística de usar sólo trompos blancos y negros –colores antagónicos y elegantes– propone su interacción como cualquiera de muchos conflictos humanos: negro versus blanco, oscuridad versus claridad. On the Edge alude también a la muerte como una condición inevitable del decreciente giro del trompo, mas no es el punto principal de esa obra. Un trompo puede ser recordelado e impulsado de nuevo. Aunque parezca tautológico decirlo, la muerte sí es el tema de A morir. En este video sólo trompos negros giran sobre lo que parece ser una matriz de 3 x 3 dibujada con tiza sobre el piso, la cual recuerda un juego bélico de trompos. Los trompos van perdiendo momento y poco a poco cesan de girar, dejándose caer torpemente. “Mueren” también al ser golpeados contundentemente por un nuevo “danzante”. En los juegos de trompos, un jugador “mata” al trompo del rival clavándole la púa de su trompo. El impacto con frecuencia parte en dos al trompo prostrado. Pero los trompos de A morir mueren una muerte natural, y al final yacen en un suelo que es más matemático que bélico.

Quizá otros videos de Ríos merecen tanta o más atención. Nos hemos enfocado en estos tres –On the Edge (2005), Piedras blancas (2015) y A morir (2005) – porque convenían a nuestra causa. Comparten movimiento y conflicto, un impulso inicial con intervención humana, un final con pérdida de momento y maximización de caos, y una manera sutil de aludir a la vida y la pugna.

FERNANDO CASTRO R.

Miguel Ángel Ríos, por Fernando Castro R. | artnexus