En su última exposición, Mateo López puso el espacio al revés, creando una experiencia cautivante, enigmática y rigurosa a la vez. Obras sobre papel, escultura y animación mantuvieron un hábil diálogo desde el comienzo hasta el final de la muestra, por cuanto cada pieza ampliaba los límites de la obra global del artista.
Herramientas propias del oficio fueron imitadas y transformadas en forma brillante. El estudio mismo y sus implementos adquirieron nuevo significado cuando el papel, los lápices, la cinta métrica, los escritorios, los cajones, una silla y una ventana fueron confrontados y transformados.
López, quien inicialmente se formó como arquitecto en su nativa Colombia, ha incorporado elementos de esa profesión en sus obras de arte. En sus dibujos prefiere las líneas nítidas y el código simbólico del cianotipo. Sus esculturas minan la esencia de las estructuras cotidianas, aunque reinventan sus posibilidades. Lo familiar y útil se reutiliza con un nuevo propósito y se presenta en una forma lírica e inesperada; por ejemplo, un pedestal estaba apoyado sobre una rama de abedul.

Como lo indicaba el título de la exposición, el artista creó Un cuarto dentro de un cuarto. Transformó con fluidez elementos del área de trabajo y los objetos que allí se encontraban. La realidad paralela que presentó estaba ejemplificada por una escultura de dos butacas coincidentes que clavó una con otra. Por un lado, en The Meeting (Bogotá-New York) (La reunión Bogotá-Nueva York), la madera estaba desgastada y manchada, lo que comunicaba una historia personal. La otra butaca estaba hecha de madera nueva, su enchapado estaba inmaculado.
Los dos estados coexistentes sugerían el pasado y el futuro, uno mirando hacia atrás, y el otro, hacia adelante. Se podría incluso deducir que los dos centímetros y medio que había entre las butacas era la delgada línea que representaba la brecha del presente. Esta manipulación de la dualidad era evidente a lo largo de la muestra e incrementaba la coherencia de las obras como colección unificada.
Este tema de la dualidad (en tándem con la interrelación entre artesanía y arte) también se exploró en un grupo de trece libros al parecer en blanco que fueron cortados en diferentes formas y tamaños y presentados en diversas posiciones. Como elementos arquitectónicos o como soportes de objetos, estos libros bellamente armados y cortados en forma extraña hacían alusión a propósitos alternativos, si bien conservaban decididamente las características por las que se les reconocía como “libros”.
Toda la pieza se llamaba R/e/a/d/i/n/g Positions (After Bruno Munari) (Posiciones de lectura [En honor de Bruno Munari]). El diseñador gráfico Munari escribió el influyente clásico Design as Art (El diseño como arte); defendía la democratización del arte y la reunión del romanticismo y la utilidad, inquietudes que también son evidentes en la obra de López.
El título de la obra y la disposición de los libros sugerían las posiciones de los lectores, como si los libros estuvieran leyendo. Irónicamente, las reconfiguraciones proponían múltiples narrativas, mientras que los libros parecían estar en blanco.
En un grupo, cuatro libros estaban colocados en posición vertical, con sus bordes en contacto, formando una torre. Un libro de color mostaza estaba extendido sobre otros dos, semejando un refugio. Libros triangulares sugerían plazas, escaleras o espacios públicos. Un mango estaba sobre un libro, y sobre el mango había otro libro. Todos estos arreglos recontextualizaban con humor la idea de un libro como medio para transmitir información o entretenimiento.
Los cajones también son metáforas de la transmisión de información, y son un símbolo recurrente para el artista. En Poeta Writing Desk (Escritorio de poeta), a un atractivo cajón que permanecía cerrado le faltaba la perilla. Un agujero redondo en el que ésta debería haber estado intensificaba el misterio, explorando los conceptos de almacenamiento y memoria. A un lado del escritorio reposaba una caja, tal vez para la papelería del poeta. Sin embargo, dentro de la caja había una camisa hecha de papel.
Ladder for a Corner (Escalera para un rincón) confundía nuestras expectativas en otra forma. Los peldaños de una escalera habían sido separados hacia diferentes lados con exuberancia antropomórfica.
Time as Activity (El tiempo como actividad) era una proyección basada en un texto. El loop de tres minutos alternaba imágenes (incluida la de un insistente reloj despertador) con líneas de texto de un poema de Yanina Valdivieso, la esposa del artista. Ubicado en una galería lateral, este ameno interludio estaba lleno de citas que se referían a la muestra más grande. Hand shapes thought (La mano le da forma al pensamiento) destellaba sobre la pantalla con ligeros parpadeos de inscripciones manuscritas. Resurgieron motivos arquitectónicos como The floor is addressed (El suelo es abordado) y Form resumes composition (La forma resume la composición). El acto de dibujar también se invocó como A Series of Acts are Traced (Se traza una serie de actos) y The line encloses a momento (La línea encierra un momento).
En un salón construido especialmente con pantallas de exhibición móviles, una serie de elegantes dibujos le hacía eco a M.C. Escher en la forma en que presentaba la suspensión dimensional. Otras obras eran como vistas despiezadas de pensamientos o de diagramas mecánicos. Esta galería dentro de una galería alternó su configuración durante la exposición, y los dibujos también se reorganizaron, sugiriendo el ambiente evolutivo de la creatividad.
López, más que la mayoría de los exponentes cumple uno de los dictados primordiales del crítico de arte Donald Kuspit, quien afirmó: “El artista mantiene un pie en lo cotidiano a través de su tema, pero lo trasciende al recrearlo en términos estéticos”.
Lopéz es un artista que amplía nuestro análisis de la dimensionalidad, la función y el propósito. A pesar de toda su picardía y su irónico humor, estas obras eran innovadoras.
JEFFREY CYPHERS WRIGHT
