Exposición Individualmar 2016 - may 2016· Por Amalia Caputo

Marta Chilindrón

Alejandra Von Hartz Gallery

AMALIA CAPUTO

La artista argentina Marta Chilindrón (Buenos Aires, 1951), quien reside en Nueva York desde 1969, exhibió en Alejandra Von Hartz Gallery una decena de piezas movibles de metacrilato/acrílico construidas a partir de formas geométricas que se desdoblan. Estas construcciones escultóricas parten de varios de los preceptos de la amplia teoría de sistemas y modelos de organización, basada quizás en la investigación interdisciplinaria que hiciera el biólogo alemán Ludwig von Bertalanffy entre 1950 y 1968, con el fin de producir formulaciones conceptuales para la aplicación de realidades empíricas. En ella existen, entre muchas otras categorías, los sistemas abstractos y los conceptuales, los cerrados y los abiertos, los catalogados según su naturaleza, etcétera. A su vez, estos pueden representar intercambios con el ambiente (permitiendo movilidad o no), y también se clasifican los sistemas temporales, que implican paso del tiempo, que cambian o desaparecen, siendo opuestos a los sistemas permanentes. Estos sistemas sirven para entender los principios unificadores que atraviesan transversalmente los universos de cada ciencia, filosofía o espacio de pensamiento, con el fin de poder estudiar los campos del conocimiento abstracto. Sus obras, realizadas principalmente en láminas industriales de acrílicos –policarbonatos– ensambladas con bisagras multidimensionales y vinilos, continúan la investigación con esta idea de sistema abierto, cerrado y temporal de los objetos que muestra en ésta, su segunda exposición individual en la galería.

Chilindrón construye ensamblajes movibles a partir de formas geométricas que se pueden manipular y crean relaciones dialógicas entre la bi- y la tridimensionalidad, así como analiza las posibilidades de movimiento en la construcción espacial de planos. La geometría y su estudio y manipulación han sido objeto de su obra desde comienzos de su carrera, cuando construía obras y espacios a partir de encuentros fortuitos, siendo su mayor interés el estudio espacial de las piezas, el espacio que ocupan, así como el espacio vacío que generan, y el movimiento de las mismas.

Chilindrón comenzó este tipo de trabajos modulares a finales de la década de los setenta con objetos de madera, siendo a partir del 2000 cuando vuelca su investigación a su estrategia actual. El problema de lo temporal-espacial en su obra alude igualmente a referencias clave dentro de la historia del arte, inspirada en parte por artistas constructivos como Malevitch, Gabo, Judd, y Torres García, por un lado, y, por otro, se sienten como un referente importante los Bichos de Lygia Clark, una serie de esculturas producidas por la artista brasileña durante los años sesenta con láminas metálicas y formas geométricas ensambladas.

“Sistemas temporales” parece girar en torno a la obra a gran escala 16 Trapezoides, de 2015, realizada en acrílico verde transparente, pieza que se percibe como una posible maqueta de algo monumental, y que es acompañada de otras obras de formato medio o pequeño, algunas en pedestales y otras en la pared. La obra Pyramid 18, de 2007, es ejemplo de esa continua mutación de formas que ofrece la artista, en la que, a partir de un hexágono que se levanta en triángulos, podemos construir una pirámide.

Exposición Individual: Marta Chilindrón  — imagen 1
Marta Chilindrón. 16 Trapezoids (16 Trapezoides), 2015. Acrílico y bisagras. 47 x 120 x 112 cm (18 1/2 x 47 1/4 x 44 3/32 pulgadas). Foto ©Oriol Tarridas Photography. Cortesía de Alejandra Von Hartz Gallery.

Destacan sobre los pedestales los Soft Triangles, de 2013, tres piezas de pequeño formato realizadas con tiras de vinilo blando de colores; son movibles y permiten retrabajar el círculo, la espiral y la torre; rompen la rigidez matérica del resto del conjunto de obras, unas de suelo y otras de pared, que ofrecen una organicidad refrescante a la muestra.

La obra de Chilindrón no permanece intacta, sino que muta, genera otros volúmenes y provoca inestabilidad. Intenta, justamente, mediante la posibilidad de cambio y movimiento, cuestionar lo permanente de la obra de arte y la supuesta rigidez de los volúmenes en el espacio. Hay otros aspectos que merecen mención de la obra de Chilindron a partir de estas ideas inestables, que son sólo pretexto para la exploración del cambio: uno lúdico que exalta la curiosidad y la voluntad de que el espectador sea, en parte, creador. Otro que habla de cambio, movilidad e impermanencia, y, por último, otro que habla de la fragilidad intrínseca de la obra, que viene determinada por su transparencia, así como por el tipo de materiales que utiliza, delicados y fuertes a la vez.

Sus piezas incitan al espectador a manipularlas discriminadamente generando así cambio y flujo de movimiento, partiendo de unas formas hacia otras nuevas con muchas variaciones. El espectador, delicadamente (sin olvidar los guantes de algodón) puede manipular las obras, cambiar su forma y dejarla reposar en una postura distinta hasta nuevo aviso. Las piezas de pared, igualmente, pueden ser colgadas de formas distintas. La manipulación del espectador borra la frontera entre el artista como creador y la noción de espectador pasivo. La obra se reconstruye mediante el espectador, que funge de médium, para dar lugar a otra posibilidad.

Una escultura que es otra y otra, y otra, da lugar a la idea de permeabilidad del objeto. Un objeto que es tridimensional que se convierte en bi-, y viceversa. Cubos, pirámides, acordeones, hexágonos, triángulos y otras construcciones cinéticas se mueven para dar paso a otros volúmenes. Formas geométricas que mutan construyendo otras a partir de la repetición y la unión de geometrías que reflexionan acerca del continuum trasgreden el sentido de ubicación en el espacio mediante la manipulación y apuestan por lo más inestable que conocemos: la vida.

Marta Chilindrón, por Amalia Caputo | artnexus