Exposición Individualmar 2016 - may 2016· Por Hans-Michael Herzog

Mario Cravo Neto

Autograph ABP

Un conjunto de tres docenas de imágenes da una idea de la obra del artista fotográfico brasileño Mario Cravo Neto, fallecido en 2009, a la edad de 62 años. Una mitad la componen fotografías en blanco y negro de casi un metro cuadrado (impresión con tóner de selenio sobre papel de base de fibra Ilford) de la serie The Eternal Now, surgida a finales de los años ochenta y que continuó en los noventa, mientras que la otra mitad son fotografías a color (70 x 100 cm cada una, impresiones digitales sobre papel Harman Gloss Baryta 320) de la serie Laroye, que Cravo Neto realizó después del año 2000.

Exposición Individual: Mario Cravo Neto — imagen 1
Mario Cravo Neto. Laróyè, 1980-2000. Impresión digital sobre papel Harman Gloss Baryta 320 gr. 70 x 100 cm (27 9/16 x 39 3/8 pulgadas). © Instituto Mario Cravo Neto / Instituto Moreira Salles.

El lugar de creación y trabajo de Mario Cravo Neto (1947-2009) fue Salvador de Bahía, donde el artista creció y pasó la mayor parte de su vida. Desde su juventud se familiarizó con el culto afrobrasileño del candomblé, una religión sincrética que tiene sus raíces en la cultura Yoruba, del occidente de África. Más de dos millones de africanos convertidos en esclavos fueron llevados en barco a Brasil hasta mediados del siglo XIX. Muchos de ellos llegaron a la ciudad portuaria Salvador de Bahía, situada en el noreste del país. La misma es todavía hoy un centro del candomblé brasileño. Para Mario Cravo Neto fue de gran importancia el contacto con el francés Pierre Verger (1902-1996), un fotógrafo y antropólogo que había viajado por el mundo, hasta que en 1946 se asentó en El Salvador, y más tarde fue iniciado como “Babalawo” (sacerdote Yoruba), con el nombre de Fatumbi.

Mario Cravo Neto buscó en su vida y encontró como ningún otro fotógrafo la cercanía al candomblé, el cual quedó plasmado como arte en su producción fotográfica (en su legado se encuentran varios cientos de miles de fotos). Las imágenes del nigeriano Rotimi Fani-Kayode (1955-1989), así como las de su casi contemporáneo y colega Miguel Rio Branco, se basan en una iconografía similar; sin embargo, no poseen la misma espiritualidad sublime de las fotos en blanco y negro de Cravo Neto, las cuales están muy cercanas en su sensibilidad a las de Robert Mapplethorpe, aunque en Cravo Neto es la sensualidad, y no el erotismo, lo que tiene prioridad. Sus imágenes emanan una increíble tranquilidad y una absoluta intemporalidad. Se convierten en símbolo de la cultura y la herencia religiosa de las que Cravo Neto era parte.

Aunque las imágenes se mantienen iconográficamente abiertas, no son nunca una mera descripción de los procedimientos rituales, eluden por completo lo casual y lo anecdótico. Mario Cravo Neto guía al espectador muy cerca de los sujetos captados, que registra en su estudio a través de escenas fotográficas (staged photography). De la oscuridad nacen cuerpos, caras y objetos. El encuadre correspondiente, la iluminación precisa, y sofisticada, así como su frontalidad, le otorgan al sujeto una increíble e inmediata presencia. Además, el artista tiene el don de reproducir las cualidades hápticas, táctiles, de las superficies y estructuras concernientes a la piel, el cabello, las escamas o plumas de manera tan sensorial que casi podemos sentirlas. Se yerguen desde su bidimensionalidad hacia un plano escultural en el espacio. Sus fotografías en blanco y negro, de gran fuerza poética, se convierten en símbolos de vida y muerte, de fuerza y corporeidad, de iluminación mágica, pero también de inocencia y vulnerabilidad.

Estas poderosas metáforas visuales son naturalezas muertas que sin embargo están animadas por un fundamento espiritual. A Mario Cravo Neto le gustaba hablar en este contexto sobre su fotografía como una búsqueda del objeto encontrado (objet trouvé) y de su fuerza poética interior.

Comisariada por Gabriela Salgado y Mark Sealy, en la sala de exposiciones de Autograph, las fotografías se han colocado de manera tal que las más antiguas, en blanco y negro, se encuentran frente a las más nuevas, realizadas a color. De esta forma se genera un diálogo fascinante y revelador entre el color, en su mayoría tomadas como instantáneas en espacios públicos, que muestran situaciones de máxima exaltación, de fuerza, algunas también difuminadas, y por otro lado, las fotos en blanco y negro, que en su sublime y universal validez hacen trascender la realidad rebosante de color en imágenes tranquilas, concentradas, llenas de grandeza interior. Estas composiciones sutilmente calculadas, grandemente estéticas y sensuales, irradian una sensación de eternidad (The Eternal Now) respecto al mundo de vida bullicioso, dinámico, colorido y pulsante. El mundo de imágenes en blanco y negro se convierte en un sustrato estilizado y estéticamente distanciado y desenfrenado del mundo de imágenes a color, que nos muestra éxtasis, avidez, bienaventuranza y lascivia carnal.

A esta primera exposición individual de Mario Cravo Neto en Gran Bretaña, podría también llamársele La superación estética de la existencia terrenal. Su único defecto radica en que las fotos no están bien iluminadas, y en el reflectar extremo de los cristales.

HANS-MICHAEL HERZOG

Mario Cravo Neto, por Hans-Michael Herzog | artnexus