Exposición Individualmar 2016 - may 2016· Por Andrés Gaitán T.

Johanna Calle

Museo de Arte del Banco de la República

Podríamos encontrar en la retrospectiva de Johanna Calle una serie de obras que sugieren meticulosidad, arraigo, repetición, espera y, de pronto, ansiedad. Podríamos también encontrarnos con una sala limpia y ordenada donde poco a poco se van tejiendo, entre varios proyectos, preguntas dolorosas acerca de nuestro presente. Pero seguramente en cualquier acepción que hagamos, siempre vamos a encontrar algunos de estos calificativos molestando al espectador e hiriéndolo a medida que se va acercando a tan delicados trazos, ora de hilo, ora de lápiz, ora de micropunta, ora de máquina de escribir. Recorremos una muestra con sutiles sorpresas, dado que muchos de los proyectos que allí vemos son desconocidos para quienes hemos seguido su pista desde hace varios años. Y bien sea aquellos realizados hace dos décadas o aquellos que han salido de sus últimas investigaciones, nos sorprende la agresiva belleza que se esconde en sus dibujos.

Exposición Individual: Johanna Calle — imagen 1
Johanna Calle. Progenie, 1999 – 2001. Fotograma sobre MDF. 34.8 x 31.9 cm (13 45/64 x 12 9/16 pulgadas).

Aun así se hace necesario ir despacio y pasar por cada una de las partes anteriormente mencionadas. Sus proyectos nacen unos de otros como quien hace un bordado que no registra ni un principio ni un fin, que juega como si estuviese en un laberinto borgiano. Sus obras se entrelazan de tal manera que la investigación va abriendo caminos insondables que descubren nuevas formas de hacerse visible. Avisos en los periódicos sobre niños que día a día desaparecen en el país van abriendo espacio para generar una serie de retratos que se anclan en telas y que tratan de tejer algo tan cotidiano y tan absurdo al mismo tiempo. Y aun tratándose de una obra, en este preciso caso, de hace casi veinte años, nos vemos abocados a sorprendernos y a lamentarnos por su terrible actualidad. No son situaciones que hayan logrado la calma con el tiempo sino que, por el contrario, han llegado a multiplicarse a medida que el tiempo va pasando. De allí que se haga profética la frase de la artista cuando dice: “[…] las obras no se concluyen, las obras siguen en proceso”. Las historias se repiten, los problemas no cesan, y Calle, como Sísifo, sigue rodando la piedra cuesta arriba tratando de entender las grietas que se abren en la naturaleza humana. Y si este trabajo, Nombre propio, encontraba en la tela cruda y el hilo una manera de materializarse, aquel que le sigue, Adiós a Bogotá, logra su fuerza visual con agujas de acero sobre cartón generando lecturas musicales en pentagramas invisibles. Y más allá, en Perímetros, se dibujan enormes árboles sobre hojas notariales elaborados con máquina de escribir, acaso indicando los vacíos y la lejanía con la realidad en las leyes que se promueven desde el centro de un país que vive de espaldas a las regiones. Si en unos (Progenie) se hace necesario recurrir a la fotografía como evidencia, como negativo, o en otros (Colombianismos) como soporte que permite rasguñar algunas de sus partes para enunciar los vacíos en la imagen, Calle lo hace con la misma insistencia con que crea un abecedario (Preludio) para “jugar con esos signos” y poder “traducir palabras desconocidas a un lenguaje más familiar”.

En todo ello hay un proceso, un cuidado por la selección de materiales, una precisión en la forma como cada material debe hablar, pero ante todo un rigor en la investigación y en el tiempo que toma la obra en hacerse visible. La artista lo deja claro cuando insiste en que un proyecto necesita un proceso que no busca resultados sino que se va haciendo. Sus dibujos “[…] no son golpes de suerte”; por el contrario, son testimonios que nos afectan por su madurez visual. Es claro que cada proyecto que vemos en la exposición es fruto de la construcción de un archivo muy rico en imágenes, en lecturas, en pruebas con materiales. La exposición que vemos en el museo nos recuerda, en un momento en que buscamos la rapidez y la inmediatez en cada aspecto de la vida, que la vida misma es todo un proceso. Que aquello, como sucede con la naturaleza, con el idioma, con el maltrato infantil, que aquello que vemos hoy en los diarios con asombro, no es más que un devenir histórico forjado desde hace años por nosotros mismos. De tal manera que sus obras deben responder a ese tiempo, a esa insistencia, a esa espera de quien sabe que los señalamientos históricos no se construyen de un momento a otro sino que requieren mucho respeto por el proceso y sus avatares.

Desde hace cerca de cuatro años, la curadora Helena Tatay, motivada por lo poco que conocía de la obra de Johanna Calle, inició una serie de contactos con la artista colombiana que fueron construyendo la exposición que vemos en el Museo del Banco de la República. Entre ambas, curadora y artista, han venido madurando en el tiempo este proyecto que es un reconocimiento a un trabajo silencioso, pero terriblemente impactante.

ANDRÉS GAITÁN T.

Johanna Calle, por Andrés Gaitán T. | artnexus