Por vez primera, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo realiza una revisión del trabajo del grupo Proceso Pentágono, como una relectura retrospectiva tanto de su producción artística como de la dinámica interna de trabajo del grupo en distintos momentos de su trayectoria.
Activo entre 1976 y 1985, con algunas intervenciones esporádicas hasta 1997, el Grupo Proceso Pentágono fue un colectivo de artistas mexicanos, pionero del movimiento de “Los Grupos”, que surgió a finales de los años setenta y durante los ochenta y que se caracterizó por el trabajo en colectivo de artistas y su énfasis en la experimentación y la crítica social.
Inicialmente formaron parte del grupo Felipe Ehrenberg, Carlos Fink, José Antonio Hernández Amezcua y Víctor Muñoz. El grupo se conforma a raíz de la invitación a la X Bienal de Jóvenes de París, en 1977, que les hace la artista Helen Escobedo, que fungía como curadora en México para la bienal. Ella en ese momento consideró que era más representativo que se presentaran colectivos, y no que participaran artistas solos que no tuvieran una cohesión discursiva.

En esta bienal, Proceso Pentágono exhibió una instalación de corte crítico, presentando un cuarto de cinco paredes que contenían objetos que aludían a procesos políticos y de tortura causados por la guerra sucia en América Latina. Este grupo participó en la bienal junto con algunos otros colectivos de la época como Suma, TAI y Tetraedro.
Posteriormente, a los cinco miembros fundadores se unen Carlos Aguirre, Miguel Ehrenberg, Lourdes Grobet, Rowena Morales y Rafael Doniz. Eventualmente otros colaboradores tanto nacionales como internacionales se unen y fortalecen una red de artistas experimentales que estuvieron en contacto durante una década marcada por fuertes procesos de represión y dictaduras.
Este grupo se dedicó a la investigación y a la experimentación, basándose principalmente en el arte acción y en el no-objetualismo como medio para realizar una crítica al sistema cultural y artístico de país posterior a los sucesos de fines de los sesenta. Así mismo, la crítica se enfocaba en pretender generar una apertura para nuevas manifestaciones artísticas. Así, el grupo elaboró una estrategia de resistencia mediante obras que abordaban temas políticos y sociales tanto de México como de América Latina.
Este carácter subversivo se manifestó principalmente en la utilización de materiales ajenos al medio pictórico tradicional, así como en el uso del espacio público como medio alterno a las sedes institucionales. Por medio de ambientaciones, instalaciones y gráfica, la obra del Grupo Proceso Pentágono resignificó la práctica artística del momento, abriendo la posibilidad a la creación colectiva, a la conformación de un activismo artístico que pretendía ser un instrumento de denuncia y de transformación social.
Así, el Grupo Proceso Pentágono participó en diversos eventos tanto institucionales como independientes como la Sección Anual de Experimentación del Salón Nacional de Artes Plásticas de 1979, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, así como en el Primer Coloquio Latinoamericano de Arte No-objetual y Arte Urbano, celebrado en Medellín (Colombia) en 1981.
La pertinencia de la muestra radica en la valoración de un colectivo cuya labor de investigación y cuyas posturas políticas impulsaron la creación del Frente Mexicano de Grupos Trabajadores de la Cultura, al que se sumaron varios colectivos de artistas de los años setenta. De la misma manera, el grupo representó una ruptura en la noción de generar comentarios a las políticas represivas del Estado y un discurso contestatario.
Esto, de algún modo, no sólo incidió en un ámbito político sino que contribuyó a sentar las bases para el surgimiento del arte conceptual latinoamericano, en el que el proceso y la reflexión que genera la obra son más importantes que la obra misma, siempre ligada a lo político, y que a partir de estas nuevas estrategias comienza a incluir manifestaciones como el performance y la instalación.
La exposición, curada por Pilar García, realiza una mirada retrospectiva a la creación del grupo, además de trazar una cronología de las obras colectivas realizadas, más de 32 entre 1969 y 2015, así como de la participación de sus integrantes. Este registro da cuenta de una prolífica labor en constante búsqueda del sentido artístico y de contribuir a la reflexión en momentos turbulentos de la historia política nacional.
La figura de un cuerpo humano en el suelo, amarrado sobre una bolsa negra y con el contorno delineado en blanco, como en las escenas de crímenes, nos remite al secuestro y a la tortura, y otras de las obras presentadas constituyen una recopilación del trabajo de este colectivo cuyo discurso, cuarenta años después, sigue vigente en este contexto político.
Esta relectura presenta también documentos del Fondo Proceso Pentágono, que forman parte del acervo del Centro de Documentación del Museo y que muestran el discurso estético y el carácter activista del grupo, que hace énfasis en las nuevas formas de presentación de las obras, de la circulación de las mismas y de su comunicación con los públicos.
ISAURA RUIZ
