Exposición Individualmar 2016 - may 2016· Por Israel Castellanos

Esterio Segura

Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba

Al cubano reyoyo, de pura cepa, se le empalma con la música y el baile. No importa si tiene el oído cuadrado o es patón. Se trata de un estereotipo sobre la idiosincrasia nacional, una construcción sociológica de alcance ecuménico, una identificación ontológica con el arte de los sonidos (y los silencios) que se puede constatar en títulos y contenidos de documentales como Nosotros la música y Yo soy del son a la salsa. Por ello, el nacido y criado en la mayor de las Antillas que no haya desarrollado el ritmo musical puede sufrir un perdurable complejo o una momentánea crisis de identidad cultural.

Exposición Individual: Esterio Segura — imagen 1
Esterio Segura. Altavoz contra la pared, 1999-2000. Técnica mixta. Dimensiones variables.

En un archipiélago con amplio espectro sonoro y un censo plagado de nombres afines al surrealismo criollo, la primera vez que oí el de Esterio pensé en la música. ¿Cómo si no? Imaginé que se escribía estéreo y que la gente lo deformaba al pronunciarlo. Para colmo, cuando lo vi escrito, creí que tenía faltas de ortografía. Pero me equivoqué. No sólo se escribía tal cual: el interesado lo privilegió, incluso, al eliminar legalmente el José que le precedía en los documentos oficiales. Tal hecho asombró a propios y extraños. Pero, al margen de otras consideraciones, ¿cuál artista se desharía, justamente, del apelativo que lo singulariza desde su nacimiento (1970, en este caso)?

Traigo la anécdota a colación pues casi veinte años después de aquella confusión he vuelto a relacionarlo con la música. Esta vez, con motivo del Festival Les voix humaines (Las voces humanas), para el cual Esterio compuso la muestra inaugural, “Altavoz contra la pared”. Por el título, la exposición pudo asociarse a la gran calidad vocal disfrutable en un evento medularmente musical, del que también formó parte el teatro del museo. Sin embargo, el nombre se debía a una de las obras incluidas, como sucede en muchos discos. El nexo con la música se estableció, presumiblemente, a partir del potencial simbólico, expresivo, de aquel aparato útil para magnificar sonidos y transmitir información.

De cualquier manera, “Altavoz…” no centralizó la muestra homónima, orquestada con una quincena de obras. Aunque sí devino en referencia significativa por razones extramusicales. Realizada en 1999-2000, connotó el inicio de una retrospectiva donde los exponentes no estaban fechados. Sólo un espectador informado sobre la producción simbólica de Esterio sintió el déjà vu y advirtió algunas líneas expresivas desarrolladas por el artista desde los años 1990. En la planta baja del museo, no sólo el conocedor visualizó esculturas e instalaciones que pusieron a contribución los atributos del color y de los símbolos; cuestionaron los fundamentos sociales doctrinarios; indagaron sobre el mestizaje racial, político-ideológico y religioso; se regodearon en escenas erótico-sicalípticas; abordaron las contingencias del viaje; problematizaron el uso de algunas tecnologías de la información y la comunicación. No solamente ocurrió así con el megáfono, esta vez sin el referente humano que parecía utilizarlo. ¿Un radar?, ¿o una antena parabólica? recubiertos con nailon, ¿qué provecho auxiliar tendrían para un avión o un submarino? Sólo producirían ruidos, interferencias, distorsiones en la emisión y recepción de señales. Sólo podrían tener como finalidad, justamente, la parábola de pensamiento.

Sin duda, los cables (¿coaxiales?) utilizados en la configuración de esas obras apuntaron a un discurso desde los propios materiales y refrendaron la consabida teoría sobre el medio y el mensaje. Pero, a su vez describieron líneas visuales que establecían un correlato formal entre las creaciones aludidas, las resueltas con varillas metálicas y un par de dibujos sobre lienzo que el público llenó de grafitis, en un intento de arte relacional. Los relieves delineados sobre superficies planas mostraron, asimismo, otra proyección escultórica de un autor muy reconocido por sus esculturas exentas, antropomorfas y tributarias de la imaginería barroca hecha con estuco. Ellas también estuvieron representadas en la exposición inaugurada el pasado 25 de septiembre, donde Esterio manifestó igualmente su destreza con los materiales al versionar en metal La diestra, una suerte de remake o cover (musicalmente hablando) de su pieza de 1994, expuesta en las salas permanentes del propio museo.

En la muestra temporal todavía abierta en enero de 2016, Esterio evidenció ductilidad expresiva para la composición mínima y la más compleja. Puso de relieve la manipulación formal y conceptual de medios de transporte, como el avión transfigurado en enorme sofá. A través del bricolaje, cambió y multiplicó las funciones de algunos artefactos; allegó arte, diseño y realidad. Mirando su engendro de pez, avión y tanque de guerra emplazado en el patio del museo, recordé su auto-submarino. El mismo que fue detenido en una estación policial cuando se dirigía a un centro de arte cercano al litoral habanero. ¿La causa?: sospecha de abandonar ilegalmente el país. ¡De película!, exclamaron algunos. Performance involuntaria, llamaron otros a esta peripecia que Esterio documentó, y ¿con qué nombre habrá registrado?

ISRAEL CASTELLANOS LEÓN

Esterio Segura, por Israel Castellanos | artnexus