Desde las teorías de Foucault sobre una sociedad regida por las estructuras disciplinarias, pasando por el dicho de que la unanimidad es burra, del escritor Nelson Rodrígues, hasta al existencialismo de Sartre, la idea de confinamiento traspasa muchas poéticas contemporáneas. Entre ellas está la obra de la artista Cinthia Marcelle, que, en su tercera muestra individual, en la galería Silvia Cintra + Box 4, volvió a esta temática.
El título de la exposición, en-entre-para-delante, que contiene una instalación con pinturas y objetos, remite directamente al concepto central de confinamiento, aunque revela paradojas, como cárcel y fuga. La propuesta de la artista fue investigar el espacio simbólico (e histórico) de los presidios brasileros, vistos desde afuera, por quien experimenta los confinamientos económico-sociales y psicológicos de la sociedad, los límites del día a día, proyectando, al mismo tiempo, una línea de fuga desde de su ejercicio estético.

En las paredes permanece colgada bien alta una serie de tejidos a rayas, cuyas líneas negras fueron pintadas de blanco, remitiendo a la imagen de un patio central de un presidio. En el piso, un conjunto de objetos encubiertos por cordones negros, instrumentos que sugieren, en su mayoría, herramientas utilizadas en situaciones de huida. El público camina por un estrecho corredor, en un juego de opuestos entre lo que está encima y lo que está abajo, lo que está descubierto y encubierto, suelto y atado.
Una vez más, Cinthia Marcelle recurre al leitmotiv de su trabajo: las taras de la sociedad capitalista moderna, donde impera la falsa idea de libertad. Muchas veces sus obras se valen de recursos narrativos, siempre con múltiples lenguajes, como la instalación, la fotografía, el video, etcétera. Los procesos operativos también valorizan la multiplicidad. Son tantas las opciones que la artista acaba haciendo de la diversidad la unidad de su poética.
Eso no quiere decir que su trabajo no tenga coherencia; su estructura interna está marcada por una compleja red de referencias en la que se entrecruzan pistas de un mundo real. Sí, la artista es una constructora de imágenes que siempre hablan de un mundo real desgarrador. No en vano, imágenes de su autoría ya se han vuelto antológicas: los pequeños montes de tiza sobre una pizarra escolar vacía, un hombre cargando una larga e improbable fila de ladrillos cuya altura hace desaparecer su rostro, bolsas de basura apiladas rumbo al infinito.
Si existe un recurso común en todo ello, puede hablarse de un clima surrealista. En la obra Fuente 193 (2007), por ejemplo, la artista contrató un carro de bomberos para rodar constantemente en un círculo completo, con la manguera lanzando agua hacia el centro. La escena se filmó desde lo alto, en una mina de hierro en Minas Gerais. Con el tiempo, la tierra roja, que llena todo el cuadro de la imagen, queda enlodada, haciendo que el movimiento circular de la máquina sea cada vez más difícil. El filme se presenta en loop continuo, como un dibujo animado creado por la ecuación hombre-máquina-tierra, cuya acción se localiza en el tiempo por los cambios de la luz.
En otro video, Confrontación (2005), de la serie Unus Mundus, malabaristas se sitúan en una cebra de peatones, provocando a los conductores, ansiosos por cruzar con el semáforo en verde. Otro recurso usual en su obra es la invitación al público para que participe en la obra. En Legendarios (2008) –serie Unus Mundus, en el Centro Cultural São Paulo–, la artista quiso dar visibilidad a las personas que usualmente quedan fuera de la escena artística, pero que son reconocidas en el lugar, entre trabajadores y visitantes. La artista compuso un retrato colectivo con fuerte aspecto expresivo, que tenía como elemento sorpresa, al fondo de la composición, una señora de cuerpo flácido con los senos a la vista.
Cinthia Marcelle nació en Belo Horizonte en 1974, y actualmente vive en São Paulo. Graduada en Bellas Artes en la Universidad Federal de Minas Gerais, su trabajo ha sido expuesto en exposiciones destacadas, incluida la Bienal de La Habana (2006), la de Lyon (2007), Panorama de Arte Brasilero, en São Paulo y Madrid (2007-2008), la Bienal de São Paulo (2010). Tambien ha merecido premios como el International Prize for Performance, Trento, Italy (2006), Anual Train Artist in Residency Award at Gasworks, Londres (2009), y The Future Generation Art Prize, Kiev (2010).
Pese a la expresiva multiplicidad de lenguajes, su trabajo parece converger hacia los híbridos “video-performance” y “foto-performance”, que denotan una organización sintáctica propia, enfatizando nociones de temporalidad, ambigüedad, alusión a lo efímero y a lo insólito. Todo ello aunándose en un denominador poético común: la insensatez humana.
ALESSANDRA SIMÕES
