Monografíaago 1977 - oct 1977· Por David Nohora Romero

Luis Caballero

Pinto lo que me conmueve

ENTREVISTA POR DAVID NOHORA ROMERO

Luis, estás exponiendo en la Galería Albert Loeb un gran tríptico y una serie de dibujos anatómicos que son estudios para la gran pintura. Quisiera preguntarte ante todo por qué expones esos dibujos siendo que se trata, como tú mismo dices, solo de estudios.

Sí. Se trata de estudios. De dibujos hechos del natural y a partir de los cuales he desarrollado el tríptico. Si los expongo es porque creo que en realidad son la base fundamental de mi trabajo, y aunque muchas veces sean solamente apuntes creo que ya hay en ellos el germen de todas las ideas que desarrollaré después en la pintura. Dibujar es para mí una manera de pensar, y mi pintura es solo la elaboración de ese pensamiento.

Lo comprendería así si se tratara de dibujos de imaginación. Tú, el papel y tus ideas. Pero en este caso tenemos el modelo de por medio y me parece que existe el peligro de la reproducción tonta, del ejercicio de escuela o del estudio de la anatomía. Pero ni la reproducción, ni el ejercicio, ni el estudio son suficientes, para la creación de una obra de arte.

De acuerdo. El arte es mucho más o mucho menos. Puede haber arte sin estudio; pero también puede haberlo dentro del estudio, y esto en una manera que puede ser consciente o inconsciente. Te explico cómo veo yo los dos casos. Puedo estar dibujando tontamente una pierna como tú dices, y casi siempre el dibujo es malo. De acuerdo. Pero a veces esa pierna, para mí que la miro, se vuelve mucho más que una excusa tonta. Puedo ver de repente en esa pierna algo que me emociona profundamente y que trato de reproducir. La pierna más la emoción. Y el dibujo de una pierna que transmite una emoción puede ser ya una obra de arte, ¿no te parece? Eso en cuanto a la creación consciente se refiere. La otra, la creación inconsciente es mucho más difícil de analizar. Pero volvamos a la pierna: puedo dibujar tontamente esa pierna sin que me emocione; pero puede suceder que esa emoción que no viene de la pierna aparezca de pronto en el dibujo. ¿Cómo? No lo sé. Es lo que yo llamaría creación inconsciente. Puede ser el azar, yo no sé. El caso es que de repente me doy cuenta que hay algo en el dibujo que crea una emoción visual y eso es suficiente. Todos esos dibujos son entonces sensaciones buscadas o encontradas, ¿comprendes? Y es a través de esos dibujos y de esas sensaciones que luego hago mis pinturas.

Tú pintas entonces a través de los sentimientos más que de la razón. Pero me parece, al oírte hablar, que razonas demasiado para ser un pintor emocional.

Tienes razón. Tal vez es la influencia francesa. Y con seguridad si analizara menos lo que hago, lo haría mejor. Mis mejores cuadros son siempre los más espontáneos, y el gran problema en mi pintura es guardar esos sentimientos en vez de destruirlos lentamente a medida que los trabajo.

¿Pero al trabajarlos qué pretendes? ¿Y para qué trabajarlos si ya están ahí?

Sí, están ahí, pero en potencia solamente. Si los sigo trabajando es para darles más evidencia, para hacerlos más visibles, para comunicar.

¿El arte es entonces comunicación más que expresión?

Las dos cosas son indispensables. Si la obra no comunica la expresión que contiene, no veo cuál sería su valor, y por otro lado ese valor depende esencialmente de la expresión.

Monografía: Luis Caballero — imagen 1
Luis Caballero en su estudio, París 1977.

La emoción de una pierna por ejemplo...

No te burles, que Miguel Ángel dibujando piernas fue capaz de crear y transmitir toda una visión humanista del mundo.

En el siglo XVI, de acuerdo. Y entonces se trataba precisamente de la creación del humanismo después de la Edad Media. Pero ahora, ¿crees tú sinceramente que vas a decir algo nuevo con tus dibujos de piernas?

No se. Pero no es un problema que me preocupe especialmente. Yo solo trato de recrear y transmitir mis emociones; que sean producidas por una pierna, por una puesta de sol o por un libro de filosofía...

Hablábamos de piernas.

¡De piernas o de teología! Yo hablo de mis sentimientos. Y esos sentimientos están seguramente condicionados por la sociedad en que vivo. Y no creo que sea necesario pintar máquinas o hacer arte cibernético para ser actual. Actual es una pierna lo mismo que una máquina, y yo personalmente me emociono más con la primera que con la segunda. Aún más. Te diría que todas las emociones y los sentimientos que me puede producir esa máquina los quisiera transmitir dibujando una rodilla. Y que además esa rodilla, esa pierna, ese cuerpo, son más directamente emotivos que cualquier cohete alrededor de la luna; y que con un cuerpo y nada más se puede expresar todo y decir todo. De la religiosidad de Bizancio al humanismo de Miguel Ángel; de la burguesía satisfecha de Rubens al espiritualismo enfermizo del Greco; del civismo político de David al erotismo perverso de Klimt o al dolor humano de Grünewald. Todo se puede decir con un cuerpo o con una pierna, o con una rodilla.

Sí. Precisamente todo se ha dicho con un cuerpo humano...

Y algo nuevo se dirá siempre mientras haya hombres que se emocionen ante un cuerpo.

No me interrumpas. Estoy de acuerdo en que el cuerpo humano siempre será motivo de emociones. Lo que no veo claramente es ¿cómo puede seguir siendo capaz de transmitir emociones?

Pues de la misma manera en que un cuerpo bello te dirá siempre mucho más que todo un tratado sobre la belleza, o en que la imagen de un hombre torturado te impresionará mas que toda la literatura al respecto.

La visión de un hombre torturado sí. Yo dudo es de la emoción que pueda transmitir la imagen pintada de ese hombre. Una foto sería con seguridad más conmovedora. Y ahí llego a lo que quería decir: que la pintura tal vez por ser un lenguaje tan usado ha ¡do perdiendo su potencial de expresión y de comunicación.

Al contrario, me parece que una foto nunca será tan expresiva como una pintura. Hablo de la foto como documento y no como obra de arte. La foto es emocionante precisamente por su valor documental, pero la pintura puede agudizar y concentrar ese valor documental. La buena pintura siempre ha sido eso: una concentración o una reflexión sobre el documento, y es esa capacidad de expresión a través de un documento que diferencia a los buenos de los malos pintores. Velázquez, por ejemplo, que es uno de los pintores más documentales que ha habido, podría parecer a primera vista simplemente el fotógrafo de la corte española; pero comparándolo con otros “fotógrafos” de la misma corte (Mazo o Carreño por ejemplo) vemos que en Velázquez hay algo más. La reflexión sobre ese documento. La capacidad de convertirlo en algo mágico y poético y conmovedor. Todo esto para decirte que la pintura es un medio de expresión tan actual como siempre, y que aunque haya perdido en gran parte su valor de documento, el valor emocional y expresivo siempre existirá y eso es lo importante.

Pero lo mismo se puede lograr con una foto, o en el cine, o en el teatro, es decir crear imágenes visuales expresivas. ¿Para qué seguir usando pinceles?

Pues porque el pincel representa en realidad dos instrumentos irremplazables: la mano y el ojo. La mano que puede ser el instrumento imprevisible del inconsciente de que hablábamos al principio; y sobre todo el ojo humano que ve de manera distinta al ojo fotográfico de la cámara. El ojo ve de una manera sentimental y cualitativa. El ojo escoge lo que ve, mientras que la cámara fotográfica ve fríamente todo. Tal vez pintar es simplemente saber escoger. Escoger las líneas y los colores que formarán la pintura. Saber escoger los elementos que producirán el efecto deseado. No se. Todo eso es muy vago; pero de lo que estoy seguro es de que todos esos procesos, que son muy sutiles y en los cuales se mezclan el concierne y el inconsciente, solo se pueden realizar a través del ojo y de la mano.

Hablemos de otra cosa. Todo eso es demasiado técnico. ¿Crees que la vida del artista deba reflejarse en su obra?

No forzosamente. Pero yo creo que la vida del artista siempre influye en la obra, y también que la obra condiciona probablemente la vida del artista. Pero eso no tiene importancia. Tal vez el Greco no creía en Dios; tal vez quería creer en Dios; tal vez era un creyente y un místico, no sé. Lo que si es seguro es que sus obras son eminentemente religiosas.

Pero para transmitir esa religiosidad ¡ha debido ser de una gran sinceridad!

Sincero en el momento de la realización. Pero eso no quiere decir que iba a misa todos los domingos.

¿Y tu crees que tu pintura es religiosa?

Me gustaría que lo fuera. Puedes ver eso más claramente que yo puesto que lo ves desde afuera. Yo veo mis

obras a través de mis intenciones y tú ves solo la obra.

Monografía: Luis Caballero — imagen 2
"Sanguine” 57 x 76 cm, 1977.

¿Dudas del resultado?

Claro que dudo. Dudo siempre y nunca podré saber con certeza porque, como te digo, conozco mis intenciones.

¿Y cuáles son tus intenciones en la pintura?

No te lo digo. Sería una tontería. Sería tratar de influir sobre tu juicio. Como te decía, creo que la pintura es un lenguaje, y si ese lenguaje no comunica, no vale la pena que sigamos hablando.

Pero a lo mejor comunica otra cosa distinta de lo que querías decir. ¿Eso te molestaría?

Sí. Profundamente y por pura vanidad. Aunque tengo dudas prefiero pensar que el artista es consciente de su obra y no simplemente un “médium”. Por eso me desagrada la enorme mayoría del arte abstracto. Porque no pretende decir nada o porque dice cualquier cosa, a gusto del espectador. Arte para soñar; ¡música dulce y sillones confortables!

Pero dices que tienes dudas...

Sí. Decía que tenía dudas sobre el contenido emotivo de la obra, que puede haber sido logrado de manera inconciente por el artista. Pero digamos para simplificar que una obra se puede leer a muchos niveles distintos, y que esa lectura puede ser formal o literaria o sicológica o social o económica. Que la misma obra puede ser interpretada de maneras distintas en distintos momentos. ¡En fin de cuentas lo que me molesta es que después de tantos análisis algo queda por analizar, y ese algo es lo que de verdad es importante!

Pero volvamos a lo de la religiosidad. No te quisiera ofender, pero a mí me parece que tal vez tienes intenciones religiosas, pero el resultado no es religioso sino erótico.

Otra gente me ha dicho exactamente lo contrario, lo cual me confirma en la idea de que la religión y el erotismo están, al menos para mi, ligados de alguna manera. Te habrás dado cuenta por todo lo que hemos dicho que trato de entender el arte, y que me desespera no poderlo entender. Con la religión y el erotismo me sucede lo mismo. Y las tres actividades van para mi completamente unidas. Son tres caminos para llegar a algo que no conozco. Para ir más allá. No se cómo explicarte. Yo sé que el fin es el mismo y que todos tienen el mismo origen; la diferencia está en los caminos. En mi cabeza se mezclan los olores del incienso, de la trementina y del semen. Al pintar hago el amor y al hacer el amor, rezo, y aunque no rezo, mis recuerdos de la iglesia son constantes, aunque puramente estéticos. Pintares confesarme y hacer el amor comulgar. Todo eso parece ridículo y no sé cómo explicártelo, ¿pero tal vez lo veas en mis cuadros?

No importa. Alguna vez se verá. Y sino, como tú dices, que se vea otra cosa ¡que tal vez es mejor!

Yo veo sangre.

¿Y te molesta?

No. Pero no entiendo. Y no entiendo la relación con el erotismo o la religión de que hablábamos.

¡Pero es que yo no le pido al espectador que entienda, sino que sienta! Y en cuanto a la relación placer-dolor, a mí me parece completamente evidente, y si insisto en ella es porque me apasiona la ambigüedad del gesto. Las imágenes visuales del dolor o del placer son muy parecidas hasta el punto de confundirse. Y como yo trabajo con imágenes precisamente.... ¡Y en cuanto a la religión se refiere parece que tu no fueras católico! La adoración de un hombre que sufre, de un hombre sangrante, de un hombre muerto, ¿no te dice nada? ¿Y el dolor transformado en amor? “Y esta es mi sangre” y te la bebes, “Y este es mi cuerpo” y te lo comes; ¡y bienaventurados sean los que sufren y los que lloran y los que sangran! Todo eso con nubes de incienso y casullas doradas. La misa es un sacrificio y un sacrificio sangriento. Y desde el punto de vista puramente visual, a mí me queda la imagen de un hombre muerto y sangrante sostenido por dos mujeres bellas que lloran. Una virgen y una prostituta.

Yo pensé que también había una intención política en tu pintura. ¿Todos esos cuerpos sangrantes no tienen entonces ninguna intención de protesta? ¿Son sólo la imagen de tus pequeños fantasmas erótico-religiosos?

Mira, yo pinto lo que me conmueve: que se trate de la imagen de un hombre sangrando hace dos mil años en Palestina o del palestiniano que asesinaron ayer; que se trate del recuerdo de un amigo muerto o de la muerte y tortura de miles de hombres que no conozco. Si en mi pintura hubiera sólo horror yo mismo te diría que tiene una intención social y política ya que el dolor es generalmente causado por razones sociales y políticas. Pero como te digo desde hace más de una hora, la base de mi pintura no es sólo el dolor sino también el placer; y me daría vergüenza insinuar que mis ‘‘pequeños placeres”, como tu dices, puedan conducir a una obra con intenciones políticas.

¿Pero tú crees qué el artista deba comprometerse políticamente?

Como todo el mundo. Pero eso no quiere decir que su obra tenga un mensaje político. Nadie le ha pedido nunca a un zapatero que haga zapatos políticos ni a un músico que componga sinfonías de izquierda o de derecha. ¿Por qué tendría el pintor que hacer pintura política? Lo que tiene que hacer es buena pintura, que si es buena, y por lo tanto sincera, así reflejará forzosamente los problemas de su época, de su sociedad y de su país. El pintor puede decidir que la política es más importante que el arte, pero en ese caso deja el arte para hacer política. No se puede hacer las dos cosas al tiempo. Yo por mi parte no veo la solución.

Y Guernica de Picasso, ¿no te parece una obra política?

Monografía: Luis Caballero — imagen 3
Tríptico, óleo sobre lienzo, 1977.

No en el sentido en que se habla hoy de arte político, es decir como arte de propaganda.

Y sin embargo fue creado por razones políticas.

Sí. Pero eso no quiere decir que tuviera consecuencias políticas. Y a mi me parece que en política lo que cuenta son las consecuencias. Guernica es una imagen conmovedora que muestra el horror de la guerra, pero sería pretensioso creer que un cuadro pueda impedir una guerra. Lo que puede tener un gran valor político son las opiniones políticas del personaje Picasso.

¿Y por qué no sus obras?

Porque el lenguaje de esas obras es extremadamente sofisticado y de difícil comprensión, y yo creo que la política exige un lenguaje mucho más simple y directo.

¿Entonces el lenguaje de la pintura no podrá ser nunca revolucionario?

Revolucionario sí. Lo que no creo es que tenga eficacia política. La pintura debe ser revolucionaria en el sentido de crear imágenes revolucionarias. Imágenes que nos Hagan Ver; que nos Hagan Sentir; que nos Emocionen profundamente. Esas imágenes pueden crear poco a poco, una nueva visión del mundo, una nueva manera de ver y de sentir. Ese es el valor revolucionario del arte y ese es su valor político.

Y en cuanto a Latinoamérica se refiere te digo lo mismo.

Los artistas latinoamericanos deben crear una nueva visión a base de imágenes nuevas. Si los artistas son sinceros, yo creo que forzosamente harán imágenes latinoamericanas aún inconscientemente. Pero para que esa nueva visión nazca, los artistas deben tratar de buscarla en sí mismos y no fuera de ellos, por apasionante que sea el movimiento artístico que se produce en otros lugares. El deber político del artista latinoamericano me parece a mí que debería ser, simplemente, el de ser sincero ante su condición de latinoamericano. Esa sinceridad producirá imágenes con una sensibilidad distinta que a la larga conducirá a una nueva manera de ver, propia de Latinoamérica.

DAVID NOHORA ROMERO

Luis Caballero, por David Nohora Romero | artnexus