Óscar Muñoz (Cali, 1951) realizó su primera exhibición individual en 19711, titulada Dibujos Morbosos, donde acudiendo a primeros planos del cuerpo femenino deformado pero identificable, y usando aditamentos reales de prendas interiores (encajes, ligueros, resortes), comenzó a edificar su lenguaje realista que hoy lo caracteriza e identifica. Al revisar la producción de estos quince años de transformaciones, evolución, ajustes y reflexiones en torno a lo real como medio, finalidad y forma de cuestionamiento, es verificable su acusada coherencia, al tiempo con los impulsos que han ayudado a producir su trabajo.
Aunque en sus obras han aparecido colores tamizados por la luz y como elementos persuasivos y enfatizadores de soluciones espaciales, su obra es en general elaborada en blanco y negro, acudiendo con intermitencia al sepia y a los ocres como tonos alternos.

Los trabajos de 1971 estaban dibujados sobre madera cubierta por vinilo. El uso del collage como vehículo expresivo y la elección de primeros planos para acercar el ojo del espectador hacia el objeto morbo, sirvieron de punto de partida para una obra que incluyó diversos intereses en el primer lustro de vida profesional.
En 1972 el Primer Salón de Artistas Jóvenes, en el Museode Arte Moderno La Tertulia, incluyó dos obras en igual técnica pero de mayores dimensiones que llevaron la idea del aditamento a un nuevo desarrollo: Club de Bridge, enseñaba damas prestantes sentadas a la mesa con mantel real. Respetables y concentradas en su juego. Al levantar la tela aparecían entrepiernadas en un obvio erotismo. Opera, representaba figuras en un palco, con atavíos que delataban la opulenta categoría social de los personajes, cuya indignidad se podía constatar al correr la cortina que el espectador debía accionar guiado por la curiosidad que este trabajo de participación reclamaba. La propuesta pretendía causar hilaridad en el observador, y lo conseguía. Igualmente trabajaba el conflicto entre dos realidades, la aparente y la otra interna e inconveniente. También oponía los elementos verdaderos, mantel y cortina, a los representados a través del dibujo.

La idea de presentar situaciones contrastadas, o en conflicto, anima su producción de estos años. Dama, de 1972, está resuelta sobre papel craft y dibujada al pastel. La influencia de Enrique Grau en una figuración ornamental y al tiempo nostálgica, y de Fernando Botero, en la marcada ironía de las situaciones y en la abundancia formal, es patente en los trabajos mostrados en la exhibición Nombres Nuevos en el Arte de Colombia, organizada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá, donde se expusieron además trabajos como Última Cena (parcialmente) y otros retratos imaginarios. Luego participa en el XIII Salón de Artes Visuales (1973), con los trabajos Familia 1 y Familia 2, dibujados a lápiz sobre papel, se narra un grupo convencionalmente vestido, como de finales del siglo XIX, y las mismas imágenes, desnudas y deformadas. Al tiempo participó en el Primer Salón Nacional, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, con el trabajo La hora del té, dibujo cuyas acusadas influencias pintorescas y expresionistas, antes anotadas, definían su estilo en ese momento.
En 1974 dos trabajos participan en el Quinto Salón de Arte Joven2, Gritos y Su, y Figüiras, aquí la composición de los dibujos en blanco y negro y a lápiz, se inspiraba en imágenes de tarjetas postales de finales y principios del siglo, al tiempo que en estrellas del cine de los años 20 al 40. Las obras insistían en dos situaciones conflictivas, partiendo de modelos fotografiados y ajustando la figuración a esa referencia. En ese año hace parte de colectivas como Cali a la guardia3, con obras como Pareja, La Hora del Té y El Brindis Jóvenes Colombianos4, donde “figuras solemnes, circunstanciales, tremendamente convencionales, en la parte superior de los cuadros, es decir, de la cintura para arriba, se convierten por contraste en situaciones molestas, inquietantes, decididamente burlescas e intencionalmente satíricas, cuando el sexo y su función son disculpas para la deformación y el expresionismo formalista llevado hasta las puertas de la obscenidad”5.

En 1975 hace tres exposiciones individuales6 donde la idea del foto-realismo dividido en dos estadios se afirma como una constante. La idea del erotismo es ahora más contenida y sutil, al igual el acabado formal que alcanza desde este momento una determinación cuidadosa e imitativa. Pero al año siguiente el interés por los elementos nostálgicos es abandonado y en cambio se sucede el encuentro con la arquitectura popular, dando comienzo a su serie Interiores. En una investigación similar estaban empeñados el fotógrafo Fernell Franco y otro dibujante, Ever Astudillo, quienes se influyeron mutuamente a nivel argumental y técnico. Muñoz pudo ver en el Salón Panamericano de Artes Gráficas, en Cali, los dos desnudos de Darío Morales, que desde su perspectiva foto-realista, sugestionaron a toda una generación de artistas colombianos durante esa década. La serie de Interiores, alcanzó su plenitud en los trípticos horizontales compuestos de 3 pliegos ensamblados; con ellos participa en la III Bienal Americana de Artes Gráficas, y en el XXVI Salón de Artistas Nacionales, en 1976; Álvaro Medina, observa sobre los trabajos de este momento: “Con todo, cabe señalar que sin insertarse de ningún modo en el hiperrealismo pero teniendo en cuenta sus aportes, Muñoz se adentró en un dibujo más y más realista, aplicándose en el detalle aparentemente incidental pero en verdad definitivo para conseguir las densidades atmosféricas tan particulares de sus más recientes dibujos. Muñoz trabajaba a partir de fotografías de las que seleccionaba aquellos elementos que le interesaban, un trabajo de taller que consideraba pero también transformaba las posibilidades del collage. Si no olvidamos que lo esencial en Muñoz es la atmósfera, la exigencia que surgía era la que dentro de esa atmósfera cada objeto o figura encaja perfectamente para que resultara creíble el conjunto”7.

En los cinco años siguientes, de 1977 a 1981, Muñoz consigue proyectar su trabajo internacionalmente, y aportar al realismo que, como una de las tendencias de la década, se manifiesta. En 1977, Marta Traba organiza para el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Novísimos Colombianos, la crítica se refiere a su trabajo describiéndolo en estos términos: “Los cuartos, zaguanes y corredores en tinieblas dibujados por Óscar Muñoz, interpolados por llamados eróticos y también por un oscuro, inevitable golpe de desesperanza”. Ese año participa en La Plástica Colombiana de Este Siglo, para Casa de las Américas, en la Habana. Es en esta fecha cuando Muñoz hace su notable exhibición Inquilinatos8, donde el artista se concentra en argumentos regionales, registrando la arquitectura media y baja, al tiempo que buscando mediante los juegos de la penumbra un ambiente poético dentro de la sordidez del tema. “Fue por la vía de la fotografía, a la caza de los ambientes adecuados que utilizaría como modelos, como Muñoz descubrió el submundo de los inquilinatos con sus hacinamientos y caprichos espaciales, pero también con sus miserias... En la veintena de cuadros que realizó entre 1976 y mediados del 77 bajo el título de Inquilinatos, hallamos un vasto registro de hechos y situaciones cotidianas que sólo el ojo atento y ágil de un talento imaginativo y fantasioso podía recrear. Con esos dibujos Muñoz ha realizado un gran fresco que despliega la irracionalidad de un mundo que es tan patético como cálidamente humano. En el manejo del tema se mostró tan ambicioso, que rebasó las medidas del pliego y, en la mayoría de ellos, trabajó con dos y tres cartulinas sin ocultarles las juntas. Todo lo contrario: las estudió cuidadosamente para integrarlas a la imagen y formar paneles en los que inteligentemente se plantea la existencia de espacios independientes.

En cierta manera Muñoz volvía a la división del cuadro que practicaba antes, pero buscando y consiguiendo planamente una unidad espacial que "resultaba un inventario de ese laberinto de corredores, cuartuchos y espacios misceláneos en los que se hacinan de un modo inverosímil tantos habitantes”9. En 1978 sus obras se exhibirán en la Décima Bienal de París. Angel Kalemberg, en el texto introductorio habla de “los dibujos eróticos de Óscar Muñoz tienen una escala onírica, plantean una realidad cruda preocupada prioritariamente por los temas nocturnos: temas que desencadenan pánico, cuya iluminación es arbitraria: temas que también se nutren de la pintura manierista". Afirmando la argumentación de los Inquilinatos e Interiores, Muñoz hace su primera exhibición individual en París, en la Galería Albert Loeb, en este año.
En 1979 el Museo de Arte Moderno La Tertulia presentó una muestra conjunta de Ever Astudillo, Fernell Franco y Óscar Muñoz, artistas que tenían rasgos comunes. Los tres junto con María de la Paz Jaramillo se habían adentrado en la investigación de la cultura popular como motivo argumental. Para Muñoz la luz se había convertido en un elemento contrapuntístico que cada vez más incidía en la transformación de los modelos propuestos, hasta volverse el tema central.

En 1980 Lawrence Alloway organizó para el Centro Interamericano de Relaciones, en Nueva York, la importante muestra Realismo y Pintura Latinoamericana en los Setentas10, en el significativo texto, el crítico alude a la obra de Muñoz afirmando: “tiene un especial sentido del uso que se otorga a los espacios de tal manera que la arquitectura de sus cuadros es expresiva. Una mesa de tres tablas entre una mujer sentada y el observador, un niño centrado e inmovilizado sobre una cama, conllevan un significado social y psicológico. En su dibujo de una mujer sentada en una cama, los objetos aledaños manifiestan pobreza y poco espacio en términos de forma geométrica... usa el claroscuro, pero no de una manera tenebrista: su sentido de corporeidad es dominante... presenta la iconografía originada en el siglo XIX de la pobreza de la clase obrera... Las imágenes de Muñoz y Ramírez, recobran el impulso político del naturalismo del siglo XIX, no como un movimiento que revive, sino en términos de hechos y estilos contemporáneos". De una panorámica, en los vastos corredores narrados en los trípticos, Muñoz pasó a contar primeros planos de espacios cerrados, cada vez más dándole importancia a personajes anónimos o a objetos como maletas, atados de ropa o instrumentos caseros. Las exposiciones individuales de 198111 y las obras exhibidas en la IV Bienal Americana de Artes en Cali, Habitaciones No. 1 y No. 2, de ese mismo año, marcan su reiterativo entusiasmo por escenarios quietos y distantes donde las obras rescatan la huella del paso del tiempo en los accidentes que produce la luz.
En los últimos años hay tres aspectos que Muñoz nos entrega como una novedad en su obra: el uso del color, la racionalización del soporte evidenciado en las Cortinas de Baño, y los dibujos accidentados, como forma ultimada de realismo. La primera propuesta se produjo en muestras individuales12 y colectivas13 entre 1982 y 1983. Para una ocasión escribí: “Ahora esos dibujos siempre en blanco y negro están revelando unos colores apagados y líricamente dramáticos que corresponden a su más reciente investigación. Por supuesto no se trata de dotar a los objetos y su espacio de una simple veracidad sino de practicar la iluminación para acusar el temperamento enigmático, recursivo e imprevisto de la imaginación al servicio de los sentidos”14.

Las Cortinas de Baño, presentadas como serie de pinturas de agua, son parte de la posición reflexiva en que ha entrado el trabajo de Muñoz a partir de 198515. En esta nueva experiencia con el realismo consigue una suplantación verosímil entre cortina y cortina ficción, al tiempo que convierte la pintura en un informante eficaz y oportuno. La luz artificial y natural se hace necesaria para ayudar a ese inusitado despliege técnico que parece alcanzar aquí una destreza desacostumbrada. “Aunque el argumento central de Muñoz en los últimos años estaba dependiendo de la arquitectura como referencia, para amortizar o replantear la luz, ese soporte en las actuales cortinas queda abierto y se vuelve también eventual. Las figuras que toman su ducha o proceden a secarse, remiten a una idea de suspenso, tal vez por el reconocimiento inmediato de lo contado, que se convierte casi paralelamente en verdadero espejismo al constatar los frágiles materiales en que parecen evaporarse las imágenes, o las manchas, gotas y de más huellas de jabón y agua que colaboran a describir un espacio vacío, como en otras de estas piezas, donde las figuras han abandonado el escenario”16.
Los últimos dibujos de Muñoz para la Galería Siete Siete, en Caracas, y para la V Bienal Americana de Artes Gráficas, en Cali, continúan acusando el espíritu reflexivo de sus cortinas, cuestionando el papel como soporte y medio, y trasladando el concepto de realidad e ilusión al terreno del conflicto. Las arrugas provocadas por el papel accidentado y el diseño de pisos cuadriculados de la arquitectura, reclaman una mirada más atenta e inteligente del espectador, al cual se lo está invitando a diligenciar nuevas definiciones con respecto al objeto-arte y a la representación y lo representado. Su trabajo parece tener la conciencia de un constante replanteamiento y es en este punto de la estrategia
NOTAS
1. Galería de Arte Ciudad Solar, Cali.
2. Museo de Zea. Medellin. Allí se hicieron acreedores al Primer Premio y al Premio del Público.
3. Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali.
4. Galería de Arte. Club de Ejecutivos, Cali. Junto con María de la Paz Jaramillo y Miguel Castillo.
5. Miguel González. Catálogo Cali a la Vanguardia.
6. Galería Belarca, Bogotá. Galería Barrios, Barranquea. Centro de Arte Actual, Pereira.
7. Álvaro Medina, Procesos de Arte en Colombia. Biblioteca Básica Colombiana, Colcuitura, página 599,1978, Bogotá.
8. Galería Belarca, Bogotá.
9. Álvaro Medina, Obra citada, páginas 599 y 560.
10. Después fue al Museo de Monterrey, México; incluía a los siguientes artistas: Carlos Arraiz (Argentina), Ever Astudillo (Colombia), Claudio Bravo (Chile), Santiago Cárdenas (Colombia), Bill Caro (Perú), Julio Larraz (Cuba), Darío Morales (Colombia), Óscar Muñoz (Colombia), Saturnino Ramírez (Colombia), Emilio Sánchez (Cuba) y Antonio Seguí (Argentina).
11. Galería Garcés Velásquez, Bogotá; Galería 9, Lima; Museo de Arte Contemporáneo, Panamá (con Astudillo y Muñoz).
12. Centro de Arte Actual, Pereira, 1982; Cámara de Comercio, Cali, 1983.
13. Cinco Artistas Colombianos, Museo de Arte Moderno, Buenos Aires; Galería Albert Loeb, París; Realistas Colombianos, Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali; todas en 1983.
14. Catálogo Centro de Arte Actual, Pereira, 1982.
15. Sala Alterna, Museo de Arte Moderno La Tertulia; Galería Quintero, Barranquea; ARCO 86, Madrid; Galería Arte Autopista, Medellin, XXX Salón Anual de Artistas Colombianos, Galería Garcés Velásquez.
16. Miguel González. Catálogo Galería Quintero, ARCO 86, Madrid.

