MIGUEL GONZALEZ
En 1955, el pintor Diego Rivera, constituyó el fideicomiso irrevocable con el Banco de México, cediendo en beneficio su herencia, uno de cuyos rubros es la casa de Coyoacán, actual museo Frida Kahlo, inaugurado el 12 de Julio de 1958. En esta residencia nació, vivió y murió la artista, y fue también escenario de significativos asuntos, entre los que se destacan el albergue a León Trotsky, quien llegó al puerto de Tampico en Enero de 1937 y fue huésped de los Rivera hasta Mayo de 1939. En 1938 André Bretón visitó México, conoció las pinturas de Frida y estuvo en la Casa Azul; en ese año escribió su conocido texto Frida Kahlo de Rivera1, época en que la artista mostró su trabajo individualmente en Nueva York2. Al año siguiente Bretón y Marcel Duchamp3 se apersonaron para exhibir sus cuadros en París4. Pero la casa de Coyoacán es también una referencia del lugar más permanente donde la artista produjo y en el que es preciso hallar los elementos que la alimentaron: esculturas y cerámicas pre-hispánicas, diversas manifestaciones de la artesanía popular, algunos vestidos y joyas, el valioso y revelador diario ilustrado con viñetas, parte importante de sus retratos y autorretratos, la colección de pinturas anónimas centroamericanas de los siglos XVIII y XIX, su lecho de enferma y el estudio con el último cuadro: un retrato inconcluso de Stalin, además de la colección de otros artistas: cuadros cubistas de Rivera, paisajes de José María Velasco, dos gráficas de José Clemente Orozco y trabajos de Tanguy, Klee y Duchamp.

El arte de Frida Kahlo es inseparable de ese entorno en el que reconstruyó pedazos sentimentales de un México selecto, al tiempo que es fácil advertir su condición intelectual burguesa. Elementos que le permitieron una introspección que se vio animada por las ideas libertarias del comunismo, surrealismo y psicoanálisis, pensamientos internacionales que ella supo domesticar bajo su égira de nacionalismo y sofisticación, no exenta de una dosis deliberada de ingredientes naif.
Frida Kahlo (1907-1954) contrajo matrimonio con Diego Rivera en 19295, a quien había conocido cuando los dos eran miembros del partido comunista, mexicano, a través de la actriz, fotógrafa y modelo italo-mexicana Tina Modotti.
Frida ya pintaba y había elegido este oficio como la actividad más importante de su vida. Rivera era la figura más prestigiosa del Muralismo Mexicano, rival de José Clemente Orozco y amigo de David Alfaro Siqueiros. A su llegada de Europa pasó a formar parte del programa de gobierno que el intelectual y ministro de educación José Vasconcelos se había trazado, inspirado en la política cultural línea Lunacharsky, dispuesto no sólo a proporcionar una alfabetización masiva, sino el debido patrocinio oficial a las artes. Vasconcelos aspiraba a un arte con características de grandiosidad, al tiempo que épico y con los ingredientes nacionalistas exaltados. Rivera estaba dispuesto a ilustrar esas ambiciones, o, como lo describen Laura Mulvey y Peter Wollen: “El objetivo de Rivera fue revertir la corriente de la historia del arte, de manera que en vez de que lo exótico o lo primitivo alimentara el arte europeo, sucediera lo contrario: que las lecciones del arte europeo que él había traído consigo alimentaran la tradición nativa mexicana6. La actitud de Vasconcelos era la afirmación del pensamiento postrevolución mexicana, que aspiraba a consolidarse con base en un rotundo sentimiento de lo nacional, punto de partida para la nueva filosofía. El Porfiriato se había apoyado en valores feudales y permitido la intervención imperialista y neo- colonial. "La propuesta nueva del gobierno de Obregón se oponía a esos postulados, entre otras consideraciones luchó por arraigarse en lo prehispánico y en las culturas populares, antes desconsideradas o rechazadas.
El Muralismo Mexicano fue moderno, monumental y americano. Rivera se remontó hasta los frescos del Giotto y se dejó seducir por diversos aspectos de las obras de Gauguin y Cézanne; aprovechó, asimismo, su conocimiento directo del Cubismo. Lo interesante del trabajo opuesto de Frida Kahlo, es su marcada diferencia. Cuando se acude a este último término no se puede dejar de aludir a la condición sexual y a la dicotomía hombre-mujer, cuyas virtuales oposiciones encontramos en los ejemplos tan cercanos como distantes de Rivera y Kahlo. La respuesta en áreas inmensas, épicas, públicas, historicistas y demás caracteres de un arte cívico, se puede tomar como un signo de la masculinidad, que se diferencia del íntimo, existencial, doméstico y suspicaz, que correspondería a un operativo femenino.
Las primeras experiencias visuales Frida Kahlo las consiguió en su propio hogar. Guillermo Kahlo7, su padre, de origen judío-húngaro-alemán, fue un destacado fotógrafo en México. En 1925 recibe clases de dibujo del grabador Fernando Fernández. Se conservaron trabajos manuales suyos fechados desde 19158 y dibujos realizados a los 15 años9. Pero su producción artística continuada, parte de 1926, cuando se decide por la pintura como su actividad mayor, la cual desarrolla durante 28 años consecutivos.
La vida física de Frida Kahlo va a servir de soporte argumental para sus cuadros. Ella se encargará de narrarla y espiar esos sucesos en pinturas realistas y narrativas, que no dejan de ser símbolo y alegoría. En 1916 sufre un ataque de poliomielitis10 y a los 15 años se produce el accidente que la hará consecutivamente una enferma intermitente11. Estos dos hechos colaboran a estimular su fantasía; a los seis años "tuvo una amiga imaginaria que acabó por convertir en su confidente y compañera predilecta. La amiga danzaba y se movía con agilidad asombrosa y Frida aprendió a imitar todos sus movimientos’’12 Continuando con esas casualidades mágicas, el accidente de 1925, entrega otra vez a Frida la imagen de bailarina impedida, "entre los restos del vehículo agonizaba, cubierta de sangre y polvo de oro que alguien llevaba y, roto el envase, se extendió sobre su cuerpo. ¡La bailarina! decía la gente.” El grito vuelve a través de los años, a su memoria, a sus cartas: "Anoche soñé que bailaba en un gran teatro desierto...”; "sólo me gusta la música del pueblo, los corridos, o esa que yo quisiera bailar...”, "en ese hospital la muerte baila en las noches alrededor de mi cama”13. Al morir Frida Kahlo había soportado cerca de treinta operaciones, abortos naturales y otros incitados por orden médica, y varios intentos de suicidio, que la hicieron exclamar “asesinada por la vida”. En 1954, cuatro meses antes de morir, anota en su diario: "Me amputaron la pierna hace seis meses, se me han hecho siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón". "Sigo sintiendo ganas de suicidarme. Diego es el que me detiene por mi vanidad de creer que le puedo hacer falta”. Lo importante de ese itinerario macabro, tortuoso y desafiante, es la reconstrucción minuciosa que va ocurriendo en los grandes argumentos de su pintura, apoyada tanto en el fortalecimiento de su narcisismo como en los violentos disturbios ocurridos por una cura sin reposo y el “yo soy la desesperación”, que consignó en su diario.

El fuerte de su propuesta lo estableció narrándose ella, en distintos períodos, lo cual reconstruye una larga expedición por un mundo interior, que si bien está confiado en una autobiografía conmovedora, morbosamente incorpora diversos intereses culturales. Entre los pintores que la fascinaron se contaba el Bosco, Bruegel y el aduanero Rousseau, de quienes recibiría influencia conceptual y formal. Al tiempo su vivo interés por el arte popular mexicano, desde las gráficas de José Guadalupe Posada, hasta los Judas y cerámicas de la artesanía autóctona, pasando por exvotos y retablos coloniales y republicanos, adjudican a su producción ese aire hierático y culto, punto de partida para la especulación sobre sí misma, mezcla de concentrado realismo y arte fantástico.
Frida Kahlo resolvió sus propias descripciones acudiendo al plano medio y general. Aunque existen otras cuyo acercamiento al rostro parecen adentrarse aún más en el empeño de contar emociones íntimas. Su rostro masculino y femenino al tiempo no es fácil de pasar desapercibido, aunque a menudo va trazándose objetivos trascendentes al amarrar, trenzar, soltar su cabello, hasta llegar a podarlo, como en el Autorretrato con el pelo cortado (Cortándome el pelo con unas tijeritas), de 194015, o enjoyándose ese pelo y rostro, hasta volver tensas las comisuras, o penetrante la mirada que se abre definitivamente en gaviota16, o se vuelve tercer ojo en Calavera7 o con el retrato de Diego18. Lágrimas, clavos, flores, atravesaron su faz para querer comunicar estados psicológicos y revelar el drama interior. Ampliando el fervor descriptivo están los autorretratos de cuerpo entero que relacionan su enfermedad —a manera de suplicios cristianos— al tiempo que otros la remiten a las fuerzas vitales, su propio origen y los dualismos Eros-Thanatos, belleza-horror, martirio-redención.
De allí que cuadros como Las dos Fridas (1939), La Columna Rota (1944), La Venadita (1946), sean zonas abiertas para la especulación de múltiples lecturas. Su elección también incluyó retratos de sus amigos, naturalezas muertas y alegorías de la vida y la muerte, redondeando una producción pictórica motivada por el deseo, tanto de aquellas cosas sucedidas (y exaltadas) como por los imposibles.
Frida Kahlo logró pintar y compaginar este oficio con todas las otras actividades de su vida. Pudo irradiar a su alrededor el poder personal con un gusto al parecer insobornable. La ornamentación de la casa se prolongó en el decorado de ella misma, como una escultura viviente, que hace recordar a los santos de vestir, presentes en la imaginería colonial. Esta actividad excéntrica y poética, en parte se debió al ocultamiento necesario de su cuerpo y al fervor con que se iba introduciendo en vida y obra todo el legado del arte popular. Ese icono humano impactó a los que la conocieron y pudieron advertirla como un ente original. Vanity Fair, Harper’s Bazaar y Vogue14 celebraron su aparición, tanto de alternativa en la concepción de un mundo para la moda como en el oficio de pintores. Bretón la estimuló para la celebración de sus muestras individuales al tiempo que le abrió la posibilidad de vender sus cuadros. A pesar de que en muchos de los más importantes museos y galerías norteamericanos habían exhibido sus trabajos en exposiciones colectivas20 el arte y la personalidad de Frida Kahlo parecían estar injustamente relegadas al olvido internacional, ya que solamente en México las biografías, artículos y testimonios parecían producirse22.
En 1976 apareció un célebre escrito de Hayden Herrera en la revista Art-Forum23 premonitorio de su muy completa, apasionante y reveladora biografía editada en 1983 Frida, una biografía de Frida Kahlo, que ha contribuido a un entusiasmo intercontinental provocado igualmente por todo el clima a favor del realismo fantástico, el mirar al pasado, los movimientos feministas, y su misma condición de artista tan cautivante para cualquier disciplina profesional, tanto como potencial estético, como humano e inequívocamente morboso. Frida Kahlo fue probablemente genio. Igualmente mujer, artista, bisexual24, activista política y coprotagonista de un movimiento plástico como el muralismo mexicano, de inusitada importancia en el desarrollo del arte en nuestro siglo. El director mexicano Paul Leduc acaba de llevar al cine su vida25; esperamos que el fervor por un arte de espejo contagie definitivamente múltiples audiencias.

NOTAS:
1. Después reproducido en el libro Le Surréalisme et la Peinture (1945).
2. Galería Julien Levy.
3. En el Museo Frida Kahlo se conserva el cuadro Mujer desnuda bajando por una escalera, reproducción hecha por Duchamp de su obra homónima (32 x 20 cm).
4. Galería Renau y Colle.
5. En 1939 se divorcia y el 8 de Diciembre de 1940 vuelve a casarse. Rivera tenía 54 años y Frida 30

6. Frida Kahlo y Tina Modotti, Museo Nacional de Arte Catálogo, página 98, México, 1983.
7. Frida Kahlo pintó un retrato de su padre y colocó en él una leyenda que informa su epilepsia Retrato de Don Guillermo Kahlo, 1952. Oleo sobre lienzo, 62 x 48 cm. Museo Frida Kahlo.
8. Casita, bordado en petit point, y Charola de rosas, óleo sobre tela, 40.5 cm de diámetro, sin fecha, exhibidos en la Exposición Nacional de Homenaje, 1977, ciudad de México, Palacio de Bellas Artes.
9. Teresa del Conde, La Pintora Frida Kahlo, revista Artes Visuales, Museo de Arte Moderno, México, Octubre - Diciembre 1974.
10. "A los seis años tuve poliomielitis. Desde entonces recuerdo todo claramente. Pasé nueve meses en cama. Todo comenzó con un dolor terrible en la pierna derecha, desde el muslo hacia abajo. Me lavaban la pierna en una tinita con agua de nogal y pañitos calientes. La patita quedó muy delgada A los siete años usaba botitas. Al principio supuse que las burlas no me harían mella, pero después sí me la hicieron, y cada vez más intensamente ". Citado en el libro de Raquel Tibol, Frida Kahlo, Crónica, Testimonios y Aproximaciones, pág. 26, ediciones de Cultura Popular, México, 1977.
11. "...el choque nos brincó hacia adelante y a mí el pasamano me atravesó como la espada a un toro. Un hombre me vio con una tremenda hemorragia, me cargó y me

puso en una mesa de billar hasta que me recogió la Cruz Roja. Perdí la virginidad, se me reblandeció el riñón, no podía orinar, y de lo que yo más me quejaba era de la columna vertebral. Nadie me hizo caso. Además, no se hacían radiografías". Raquel Tibol, libro citado, págs. 2 y 32.
12. Frida Kahlo Pintora, Teresa del Conde, Catálogo Frida Kahlo Exposición Nacional de Homenaje, Instituto Nacional de Bellas Artes, México. 1977.
13. Un testimonio sobre Frida Kahlo. Alejandro Gómez Arias, Catálogo Frida Kahlo y Tina Modotti, pág. 80. Museo Nacional de Arte, México, 1983.
14. Como es sabido, Frida Kahlo perteneció en varias ocasiones al Partido Comunista Mexicano. Acogió a Trotsky en el exilio y tenía en su dormitorio fotografías de Marx, Lenin, Stalin y Mao. Incluso fue perseguida política, no solamente por su actividad socialista sino por su rechazo al nazismo. Según testimonio de Diego Rivera, en el libro de Luis Suárez, Confesiones de Diego Rivera, Biblioteca Era. México 1962: "Dos agentes nazis prepararon un atentado contra mi mujer. Frida Kahlo, activa antinazi, trabajando en las organizaciones para ayudar a escapar a personalidades alemanas de las garras de Hitler, e hija de un alemán honrado y anti-hitlerista" pág. 144.
15. El cuadro tiene la siguiente inscripción “Mira que si te quise, fue por el pelo, ahora que estás pelona, ya no te quiero", pertenece a la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York, óleo sobre tela, 40x28 cm.

16. Dibujo, Autorretrato, dedicado a Marta R. Gómez, lápiz sobre papel, 38.5 x 32.5 cm, 1946. Colección particular. México.
17. Pensando en la muerte, 1943, óleo sobre masonita, 63 x 61 cm Colección particular México. Diego y yo, 1949, óleo sobre tela pegada sobre masonita, 28 x 22 cm
19. Schiaperelli se inspiró en sus trajes folclóricos mexicanos, especialmente en el de Tehuana. Bertrán Wolfe, escribió un artículo con motivo de su exposición en la Galería Julien Savy: "Rise of Another Rivera” Vogue, No. 1, 1938
20. Golden Gate International Exhibition, San Francisco, (1940), Boston Institute of Contemporary Arts “Modern Mexican Painters” (1941), “20th Century Portraits”, organizada por Monroe Wheeler Museum of Modern Art (1942), “Mexican Art Today”, Philadelphia Museum of Art (1943). Un autorretrato se incluyó en 1940 en la muestra “Women Artists” en el espacio de Peggy Guggenheim Art of this Century Gallery (citado en su libro Confesiones de Una Adicta al Arte)
21. En 1953 se celebró una exposición importante de sus trabajos en la Galería de Arte Contemporáneo; en 1977, la Exposición Nacional de Homenaje ya citada; en 1983 la célebre muestra Kahlo-Modotti. Raquel Tibol ha escrito dos biografías, recopilación de una serie de artículos. Teresa del Conde, Laure Mulvey y Peter Wollen, tienen estudios sobre la artista.
22. Frida Kahlo: Her Life, Her Art. págs. 38-44. New York, Mayo 1976.

23. Hayden Herrera. Frida. A Biography of Frida Kahlo, Harper Colophon Books, New York, 1983. Sobre su experiencia homosexual en las páginas 43, 198-199, 370, 400
24. Frida, protagonista Ofelia Medina, largo- metraje, 16 mm, producción mexicana, independiente, 1985.
