La memoria de las producciones artísticas de los años ochenta registra a Silvia Gurfein (Buenos Aires, 1959) participando en las artes escénicas, su interés primordial entonces, junto a la filosofía y la música; preocupaciones a las que añadió el video, el dibujo, la pintura y la escritura, incluso creando un taller de escritura para artistas en 2010. Artista autodidáctica, su hoja de vida señala que su primera muestra fue en 2001, y que realizó a partir de entonces exposiciones dentro y fuera de Argentina.
Casi diez años después obtuvo con una instalación de pintura, Origen y fin, el primer lugar en el XV Premio Klemm a las Artes Visuales, que le otorgó además la posibilidad de exhibir individualmente en 2013, en el espacio de Fundación Klemm. Un mes antes, en octubre, Gurfein anticipó en Galería Praxis el desvelo y espíritu de búsqueda que vincula filosófica y estéticamente a las dos muestras. En ambas trabajó también con lo que queda en el taller, luego de la tarea del día: manipuló restos de materia y pigmentos en paletas y telas. Las piezas incluso reflejan el tiempo del proceso creativo, las horas de esfuerzo físico y de reflexión estética e intelectual.

Hace unos años Gurfein decía que un eje reconocible de su trabajo era “el cruce entre el mirar contemporáneo y la práctica histórica de la pintura”. Al pintar, se ubica en “la intersección de dos tiempos”, el de su “mente digital y el tiempo ancestral del óleo”, y allí acontece su obra. En sus piezas actuales viaja entre el “origen” y el “fin”, transita la historia y la muerte de la pintura.
En la muestra Silvia Gurfein. La celebración de la materia, el color y la forma, en galería Praxis Internacional Art, la curadora Ana Martínez Quijano señala que el acento está puesto en la “memoria de la pintura”, que bien puede ser “analizada con un enfoque arqueológico”. En ese sentido, Gurfein trabajó con los empastes, con la paciente superposición y acumulación de gruesas capas sobre capas de pigmentos mezclados con óleo y creó pinturas con volumen, como Astilla estrella o como las coloridas bolas que sostienen los diminutos muñecos de madera en Dormida- despierta y en Yo como Atlas.
Además, en esa ocasión exhibió algunas telas pintadas al óleo que recuperan los principios de la abstracción, reiterando líneas, formas y ritmos; armónicas variaciones, con diferentes tiempos y recursos, de un mismo esquema en cuyo centro deslumbra la pintura.
Las huellas de anteriores trabajos de la artista con el teatro, la música y la escritura se encuentran por doquier en su producción en el campo de las artes visuales; en Lo intratable, en Fundación Klemm, también. Asimismo, aquí los nombres de las piezas y la palabra tienen gran protagonismo, por ejemplo, Su obstinación en permanecer y en extender allí donde debería rendirse y cesar o La ceguera táctil del cerebro frente al cráneo (o) La psique está extendida, no sabe nada de ello. Textos de Barthes, Benjamin, Capra, Deleuze, Lispector, y de la propia artista, están enmarcados y exhibidos sobre la pared, al igual que las telas sobre bastidores; algunas, por sus veladuras y vibrantes bordes indefinidos, evocan los planos de color de Mark Rothko.
Hay algo escenográfico en los lienzos esparcidos y dispuestos sobre largas tablas, sobre caballetes. Agrupados por colores, los géneros crudos de distinto tamaño están pintados en el centro de forma irregular, casi manchados, y mostrando las orillas deshilachadas. Central y solitario también es ese iris que aparece en La pregunta del que no sabe a una visión que sabe todo. A modo de interpelación, única y azul, ésta es la membrana circular del ojoVemos las cosas con la intermitencia del abrir y cerrar de los párpados”, escribe.los famosos trapos –con los que secaba los pinceles y convertía en “pinturas”, que solía regalar a algunos visitantes a su estudio– del escultor y pintor argentino .
En sus meditaciones acerca del “origen” y el “fin”, Gurfein asocia y encuentra “ecos funerarios” en las voces con Plinio el Viejo, cuando en el Tratado de la pintura y el color, en el primer siglo de la era común, sostuvo que la pintura era ars moriens, arte moribundo.
Las logradas exposiciones –en Praxis y en Klemm– muestran tanto la delicada intimidad como los vericuetos del pensamiento que sostiene la producción de esta sensible artista multidisciplinaria.
En coincidencia, la Academia Nacional de Bellas Artes invitó a Gurfein a presentarse en los Premios adquisición Alberto J. Trabucco de Dibujo 2013, exhibidos en el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires.
VICTORIA VERLICHAK