
Se organizó con base en que cinco artistas de cada una de las dos ciudades citadas crearan identidades anónimas, inventadas, y luego las intercambiaran a través de medios electrónicos. Ya que se habla de dos países, se debe saber que los participantes realizaron presentaciones y acciones. La primera parte se desarrolló en diversos puntos de la ciudad de México, en los cuales los cinco participantes mexicanos realizaron las acciones con base en las identidades inventadas por los neoyorquinos. La segunda etapa reunió en la exposición el trabajo de los diez participantes en Nueva York. Participaron, por México, Artemio, Minerva Cuevas, Taniel Morales, Marge Philips y Héctor Velázquez. Los integrantes por Nueva York fueron Mary Ellen Carroll, Cheryl Kaplan, Sandra Korsak, Alex Ku, Jeannine Diego y Franklin Sirmans, con Jen Budney, de Alberta, Canadá. La letra escrita y el papel tienen una importante presencia, así como los sectores que invitan a la participación del espectador dentro de un estadio no muy excitante. Ciertas poesías riman con las condiciones generales que se manifiestan en esta nota. Este esfuerzo está más cerca de una situación deconstructiva tardía y mal entendida que de un experimento valioso. La reiteración de algunas situaciones es de las pocas circunstancias en que se alcanza a congregar un concepto. El uso de la tecnología, la enjundiosa máscara, el intercambio de roles y fantasías, tienen que poder dar más. No llega a ser un laboratorio en funcionamiento, son los vestigios de un laboratorio que fue, que es en parte el caso de los sueños de la izquierda, tanto como los de la derecha. No llega a ser una experiencia tecnológica ni una sinécdoque. Es un híbrido, y tal como lo dice su subtítulo, Permanecerá anónimo, sin duda, ya que se encuentra en ese estado de indefinición y abulia.
GRACIELA KARTOFEL