América Latina en París

Ricardo Rodríguez Brey. Sin título, 1999. Instalación con sacos de jute, algodón, lana y cacerolas. Dimensiones variables. Galerie Xippas.

Carta4 de marzo de 2023· Por Christine Frérot

América Latina en París

Esta manifestación, realizada con motivo de los cuarenta años del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, con sede en Washington, fue organizada y financiada por éste, y debía responder al deseo de sus dirigentes de transformar la capital francesa, durante tres meses, en la capital del arte latinoamericano en Europa.

La ofensiva latinoamericana en París, principalmente orientada hacia el arte contemporáneo, no produjo el maremoto que se esperaba en el público en general, y la prensa tampoco se mostró realmente interesada en un proceso en el que la calidad se vio afectada por la cantidad. Tan sólo algunos sobresaltos de interés por exposiciones individuales y ciertos artistas ya conocidos. Esta manifestación, realizada con motivo de los cuarenta años del Banco Interaméricano de Desarrollo, BID, con sede en Washington, fue organizada y financiada por éste, y debía responder al deseo de sus dirigentes de transformar la capital francesa, durante tres meses, en la capital del arte latinoamericano en Europa. El proyecto tenía también como ambición responder a las expectativas de algunos de sus dirigentes: hacer de la cultura la punta de lanza del encuentro y proyectar las necesidades culturales en la esfera política, a fin de suscitar interés por el papel que puede jugar la cultura en la política internacional de los países.

Los diversos coloquios y debates organizados con motivo de la reunión hicieron énfasis en el tema, a fin de iniciar una reflexión por parte de los responsables, tanto privados como institucionales.

Novoa. De la serie Quince variaciones para un cuadrado negro, 1999. Técnica mixta sobre papel. 100 x 120 cm. Maison de L'Amerique Latine.

Novoa. De la serie Quince variaciones para un cuadrado negro, 1999. Técnica mixta sobre papel. 100 x 120 cm. Maison de L'Amerique Latine.

Sin embargo, este evento, además del interés que tal vez lograra despertar aquí y allá respecto a la realidad cultural de los países y el papel y la importancia de la creación, planteó un verdadero interrogante en cuanto a la difusión del arte latinoamericano en Francia, en lo que a recepción y público se refiere. Es de notar que ha sido necesario un pretexto económico-financiero para que surgiera la idea de realzar un aspecto altamente simbólico de la esfera cultural latinoamericana, aquel de la producción artística. La ausencia de instituciones públicas en el proyecto revela la importancia principalmente de objetivos comerciales a corto o largo plazo, en un contexto en el que el mercado del arte internacional incorpora rápidamente el de América Latina. Francia es tan sólo una parte ínfima de ese mercado específico.

Por otra parte, para dar legitimidad a esta afirmación, se puede anotar que la próxima edición de la Feria internacional de arte contemporáneo (FIAC), que tendrá lugar en París del 15 al 20 de septiembre de 1999, tendrá como invitado de honor a América Latina.

Julio Galán. Estrellita, 1998. Oleo y técnica mixta sobre lienzo. 190 x 130 cm. Galerie Thaddaeus Ropac.

Julio Galán. Estrellita, 1998. Oleo y técnica mixta sobre lienzo. 190 x 130 cm. Galerie Thaddaeus Ropac.

No cabe duda, sin embargo, que la cita artística parisiense en esta primavera de 1999 era latinoamericana y que aquí y allá, en exposiciones tanto individuales como colectivas, artistas bien diferentes han mostrado la vitalidad de este arte, su interés por formas de presentación y registros formales diversos, su libertad de inspiración y de expresión unida al deseo de interrogarse acerca de la identidad. Bajo el estímulo del BID, los servicios culturales de París y la Fundación EDF (Electricité et Gaz de France) se pusieron de acuerdo para presentar en la capital francesa dos grandes exposiciones colectivas, una en el Passage de Retz y la otra en el Espace Elektra; por su parte, la Maison de l'Amérique Latine presentó una retrospectiva de Leopoldo Novoa, y quince galerías, bajo la batuta del galerista Marwan Hoss (ex presidente de la FIAC), organizaron diferentes exposiciones colectivas e individuales. 

Otras exposiciones, por los azares del calendario, se unieron a la manifestación. En estas múltiples exposiciones hubo un abanico bastante amplio, tanto de estilos como generacional, de la producción actual del continente.

Carlos Ginzburg. Homo fractalus, 1999. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Carlos Ginzburg. Homo fractalus, 1999. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Antes de abordar en detalle las pocas exposiciones individuales que podían tener un interés para el público parisino, dado el conocimiento del arte latinoamericano actual, podemos destacar dos exposiciones colectivas : una en el Espace Elektra y otra en el Passage de Retz. En el primero se presentó la muestra Vivir en París, del 24 de febrero al 18 de abril; proponía una selección del artista venezolano Elohim Feria y del comisario francés Sylvain Lecombe acerca del tema de la elección de París como lugar de trabajo y de vida. Treinta artistas cuya obra se ve, en su mayor parte, muy casionalmente en París, entre los cuales se encontraban el uruguayo Carmelo Arden Quin, quien llegó a París en 1948, el escultor venezolano Asdrúbal Colmenarez y las argentinas Lea Lublin y Marie Orensanz. La diversidad no afectaba la calidad de la selección, aunque se puede deplorar cierto desorden visual y museográfico, probablemente debido a la configuración irregular y exigua del espacio. Vale la pena señalar, entre las generaciones más recientes, las esculturas de Carmen Perrin (Bolivia) y Frida Baranek (Brasil), los pintores José García Cordero (República Dominicana) y Julio Villani (Brasil) y jóvenes conceptuales prometedores, como las argentinas Alejandra Riera y Elena Ferrer, y el colombiano Horacio Osorio.

Nohra Herman. De la serie Son círculos, son barcos, son vendavales, 1999. Escultura en bronce. Dimensiones variables. Galerie Koralewski.

Nohra Herman. De la serie Son círculos, son barcos, son vendavales, 1999. Escultura en bronce. Dimensiones variables. Galerie Koralewski.

En el Passage de Retz, se hizo énfasis en el arte emergente con 69 artistas de 26 países. La selección de esos jóvenes artistas (de 25 a 40 años), efectuada por los críticos, las instituciones y las galerías latinoamericanas —selección confirmada por un comité francés presidido por el galerista Marwan Hoss, por Antonio Seguí y por el director del Colegio Nacional de Bellas Artes, Alfred Pacquement—, ofreció un panorama desigual que tuvo el mérito de incluir artistas originarios de América Central y del Caribe francés, español, e inglés, países cuya producción artística es más o menos ignorada en Francia. Sin embargo, el concepto geográfico y nacionalista que determinó la presentación constituyó un a que es siempre difícil de aceptar como criterio estético. Además, sería probablemente más interesante para un público que no conoce el arte de esos países escoger solamente uno o dos artistas con una representación individual más consistente que buscar una diversidad incierta en la cantidad.

A pesar de esta vicisitud inicial, tres selecciones se destacaron: Brasil, con cinco artistas, entre ellos Rosana Palazyan, Marco Paulo Rolla y José Damasceno; Argentina, con seis artistas, entre ellos, Marcelo Torretta, Daniel Ontiveros y Carolina Antoniadis; Uruguay, con cuatro artistas, entre ellos, Alejandro Sequeira, Pablo Uribe y Diego Donner. Por Chile, dos artistas solamente, pero una selección aceptable, Víctor Manuel Pavez Miranda y Bruna Tuffa; Guatemala, con tres artistas, entre ellos Michael Benedict. Honduras fue representado por dos buenos artistas, Carlos Corea y Xenia Mejía. En cuanto a la selección de México, ésta fue decepcionante, tal vez más por la escogencia de las obras que por la elección de los artistas. La misma decepción con otros dos países: se hubiera podido esperar lección más impactante en las representaciones de Venezuela (cinco artistas) y de Colombia (cuatro artistas, uno de los cuales fue Jorge Iván Lenis).

José García Cordero. Estética de la guerrilla: la montaña del Che, 1998. Acrílico sobre lienzo. Espacio Elektra.

José García Cordero. Estética de la guerrilla: la montaña del Che, 1998. Acrílico sobre lienzo. Espacio Elektra.

En la Maison de l'Amérique Latine, el espacio mineral, poético y riguroso del uruguayo Leopoldo Novoa (1919) reveló los misterios de sus territorios imaginarios. Novoa, quien vive entre Galicia y París, donde se instaló en 1965, presentó una mini retrospectiva, cuyas obras mostraban el camino de un investigador solitario que se ha identificado con la tierra y el cosmos desde hace más de 30 años. La serie de obras sobre papel, todas de 1999, lucen como tableros de damas depurados, donde el color se reduce a un juego entre el negro y el blanco y lleva la mirada a nuevas asociaciones en las que se acude permanentemente al intelecto y a la emoción.

Las quince galerías asociadas al evento, propusieron una selección a la vez histórica y actual que nos permitía atravesar tiempos y espacios diferentes para convencernos del dinamismo perenne de la creación de ese continente.

Patrice Trigano presentó obras del escultor cubano Agustín Cárdenas; Marwan Hoss escogió a Cicero Días y Joaquín Torres-García, quienes se codearon con Antonio Seguí; Thessa Herold puso frente a frente generaciones diferentes alrededor de Roberto Matta (los mexicanos José Luis Cuevas y Saúl Kaminer y el venezolano Pancho Quilici); Denise René rindió homenaje a sus primeros cineticistas (Martha Boto, Narciso Debourg, Julio le Parc, Luis Tomasello o Gregorio Vardanega, entre otros); Alberto Loeb siguió fiel a José Gamarra, Luis Caballero, Jorge Camacho y Wifredo Lam. Otras galerías prefirieron presentar artistas de un solo país, como la Galería 1900-2000, que mostró obras brasileñas de artistas como Rubens Gerchman, Franz Krajcberg, Flavio Shiro o Antonio Días y las generaciones posteriores, con Fernando Barata y Manfredo de Souzanetto. La Galería Jacques Albaz, enfatizó en el arte colombiano mostrando, entre otras, obras de Beatriz González y Luis Fernando Zapata; algunas galerías presentaron exposiciones individuales que no podían faltar, como la del argentino Pablo Reinoso en la Galería Krief; la del mexicano Julio Galán en la Galería Thaddaeus Ropac; la del argentino Carlos Ginzburg en la Galería Lina Davidov; la del brasileño Arthur Luis Piza en la Galería Jeanne Bucher, y la del cubano Ricardo Rodríguez Brey en la Galería Xippas.

Cristina Martínez. Constelaciones, 1999. Técnica mixta. 100 x 120 cm. Galerie Argentine.

Cristina Martínez. Constelaciones, 1999. Técnica mixta. 100 x 120 cm. Galerie Argentine.

Bajo el título de París Nostalgia, la Galería Thaddaeus Ropac (igualmente presente en Salzburgo) presentó siete grandes lienzos de Julio Galán, fechados en 1999. Galán sigue fiel a sus obsesiones y muestra un virtuosismo brillante en el manejo de herramientas pictóricas y simbólicas. En esos lienzos trabaja con objetos kitsch, haciendo el espacio cada vez más abierto; quitando rigidez a la construcción y al dibujo y creando un juego entre los collages, la pintura y los objetos, hace circular símbolos, que en su mayoría aluden directamente al sexo masculino. En la Galería Xippas, Ricardo Rodríguez Brey presentó una instalación de dos objetos. Su obra está organizada con esmero en la construcción y preocupación por el equilibrio y no deja de recordarnos a Rebecca Horn, aunque los universos metafóricos y fetichistas son diferentes.

Artistas jóvenes como las argentinas Nora Herman y Julieta Hanono se presentaron respectivamente en la Galería Koralewski y en la Galería Marwan Hoss. Julieta Hanono, nacida en 1960, comenzó a pintar desde que se instaló en París en 1989. En su obra se aprecia el legado del arte bruto en la utilización de materiales recuperados y el manejo del color en obras que recurren a soportes variados. La elección de Marwan Hoss fue de lienzos de diferentes formatos donde la artista desarrolla un sistema narrativo fragmentario. Pone en escena personajes dispersos en el espacio que aluden a la infancia, utilizando plásticamente el vacío como contrapeso de sus imágenes inestables. Un espacio vacío frente al espacio lleno de Seguí, con quien ella se codeó en esta ocasión, y entre quienes no se puede negar cierto parentesco. La Galería Koralewski presentó obras sobre papel y bronces en formato reducido de Nora Herman, nacida en 1958 y residente en París desde 1982. Hay todo un juego en su obra a partir del círculo y la línea que resulta en una construcción imaginaria de la naturaleza. Ligereza y transparencia son las estructuras de este equilibrio que busca la artista para sus obras, que son como mediaciones frágiles e inciertas entre el aire y la materia.

La Galería Argentina presentó las últimas obras de Cristina Martínez oriunda del mismo país. Esos "paisajes" que evoca en sus grafismos, sus formas, sus trazos y sus signos, se inspiran en una relación íntima y secreta con los elementos, el agua y la tierra, pero también con el cosmos, en una evocación del aire, de la noche y de las estrellas. El espacio dejado al azar en el nacimiento de formas, el énfasis en los materiales, los grafismos y los signos, relacionan este arte con el legado de los informalistas y los tachistas de los años sesenta. Pero el trabajo paciente e interior y la mirada interna la acercan, de manera contradictoria, a una especie de inmaterialidad. Es una obra que también recuerda otra tradición, la de la dimensión orgánica de los paisajes chinos, donde simultáneamente se diluye y surge de lo informe un bosquejo de representación.

El escultor Sebastián estuvo presente en varios espacios: como invitado de honor en el 51 Salón Violeta de Escultura; en el Centro Cultural de México expuso 30 obras de pequeño formato bajo el título de Geometría del color y cinco piezas monumentales colocadas en diversos lugares del Quartier Latin (frente a la Academia Francesa, en el Carrefour de l'Odéon, en la calle de l'Ecole de Médecine, en la Plaza Saint-Sulpice y en el Carrefour Port-Royal).

 Esta manifestación alrededor del arte latinoamericano, que llegó siete años después de las ceremonias un poco convencionales de la celebración de 1992, confirma, en todo caso, de este lado del Atlántico, que los tiempos de "la tortuga Philipe Dagen, y el camaleón", descritos por el crítico del periódico Le Monde, cedieron el paso, desde hace mucho, a una creación libre de sus empréstitos, de sus fuentes y de sus invenciones. La antropofagia benéfica que practican con placer estos artistas y sus predecesores desde hace casi un siglo, es un modus vivendi asumido y forjado en la dimensión de un arte que reivindica su nomadismo y su mestizaje como la esencia de su identidad.

CHRISTINE FRÉROT

Historiadora, crítica de arte, miembro de la AICA y curadora. Investigadora en la EHESS y encargada de cursos en la Universidad de París. Especialista en el arte latinoamericano.

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