En la reciente Feria de Arte de Miami, realizada en Miami Beach, una obra se destacaba por sobre todas las obras de la exposición; los espectadores regresaban a ella una y otra vez. Se trataba de la obra La obsesión del isleño de Juan-Si que, con un poder casi hipnótico, creaba su propio círculo de energía. En ella se evocaba cierta espiritualidad, próxima a aquella a la que alude Robert Rosenblum en sus escritos acerca de lo sublime. Lejos de ser una obra «religiosa» en el sentido convencional, impactaba al espectador en lo más profundo de una manera que ni Nam June Paik, por ejemplo, a pesar de su asombrosa brujería, consigue siempre hacerlo.
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Conformada por 36 aparatos de televisión y de video (36 es el número de años que han transcurrido desde la Revolución Cubana), la Obsesión del isleño mide 12 x 37 x 6 pies; los espectadores veían filmaciones de archivo, clandestinas e inventadas acerca de la construcción de balsas en la costa de La Habana y en Miami. Todas las escenas eran frenéticas miradas a una actividad humana intensa. Lo que comunicaba aún mayor resonancia a la obra era la mezcla de música clásica, música moderna y sonidos inocuos.
El arte de las instalaciones que logra conectarse con éxito, que permite que el significado penetre con fuerza, es poco usual; en este caso, sin embargo, tenemos un magnífico ejemplo de él. Juan-Si se niega a predicar. Es fácil pasar por alto en medio de las máquinas unas pequeñas gavetas de marmorita verdosas, semejantes a las de los mausoleos; conmemoran a los miles de muertos que quedaron en el Estrecho de la Florida. En la base de toda la estructura hay un pequeño atril de lectura de aquellos que se utilizan en las mezquitas. Sobre él está colocado un libro antiguo titulado El mundo de los ciegos, del poco conocido escritor del siglo XIX, Pedro Veillez. Este objeto fue una de las pocas cosas que Juan-Si consiguió rescatar en el exilio. ¿Quién es el ciego en este caso?
Rosa náutica, expuesta en el Museo de Arte de Fort Lauderdale en noviembre y enero, servía de introducción a la obra presentada en Miami. Instalada en la galería de entrada del museo, medía 10 x 10 pies y atrapaba al espectador en una mandala gris compuesta por brazos y piernas que giraban simbólicamente en una hélice. El movimiento era generado por los ojos del espectador y adquiría mayor velocidad y movimiento rítmico a cada instante, a pesar de su completa inmovilidad.
La odisea de Juan-Si culminó en la Galería Andrea Meza de Coral Gables, en una exposición titulada Nature as Hostage (La naturaleza como rehén). Se trataba de una exposición más pequeña e íntima. Contrastaba el perplejo mundo del exilado con el de quienes permanecen atrás. Mi gaveta antes, una triste composición, muestra el ojo del Hermano mayor, una silla de tabacalero, una casa de muñecas rota y letras de juego Scrabble referidas al deseo de exilarse. La obra compañera, Mi gaveta después, contenía también letras del juego que deletreaban pensamientos en una mezcla de español e inglés, tales como Welcome to Mayami. Con su alegre interior de art deco y una taza en la que estaban grabadas las palabras I love Florida, representa un objeto verdaderamente alegre, de luz y bienvenida. Un pequeño espejo parece reflejar al artista detrás de su trípode. Exilio. Abierto 24 horas, introduce de nuevo el problema de la partida. Se trata de un mueble blanco que tiene una gaveta abierta; sobre él se encuentra una jarra de vidrio que muestra una bandera cubana doblada. Un foco de luz, con la palabra "salida", ilumina la jarra.
Por último, la obra metafórica titulada Vida, cuyo piso estaba diseñado como un tablero de juego que muestra los senderos que se deben tomar y los que se deben evitar, algunos con pies esqueléticos, otros con trazos de zapatos, poseía un carácter dantesco.
Sería largo referirnos extensamente a los planes futuros de Juan-Si, que incluyen balsas, la idea del regreso y el mar. De nuevo con la colaboración de su amigo de hace tiempo, el famoso disidente y director de cine Marco Antonio Abad, creará algo que sólo podrá ser otro grupo de objetos conceptuales, inesperado lleno de imágenes inusitadas.
GIULIO BLANC